Visión anticipada de acontecimientos finales de la historia de la humanidad. La marca de la bestia, la Gran Tribulación, el reino eterno de Dios. Estudio de Apocalipsis
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Visión anticipada de acontecimientos finales de la historia de la humanidad. La marca de la bestia, la Gran Tribulación, el reino eterno de Dios. Estudio sobre Apocalipsis |
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Si bien es cierto que Jesús no dejó un mensaje escrito directamente por Él, y que el mismo Espíritu Santo nunca compuso directamente una epístola; sin embargo, tanto Cristo como el Espíritu Santo inspiraron a los profetas y a los apóstoles para que presentaran las verdades que ellos querían que la Iglesia y el mundo conocieran. Así fue cómo unas mentes humanas recibieron y unas manos humanas pusieron por escrito la voluntad y la Palabra divina. Como sabemos, el Espíritu Santo es preeminente como inspirador de la verdad: "El Espíritu habló por mí" (2 Samuel 23:1-3); "El Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos" (1 Pedro 1:11); "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21).
El apóstol Pablo, más que cualquier otro escritor del Nuevo Testamento entendió, experimentó y declaró el multiforme ministerio del Espíritu Santo. Pablo se refirió a Él como: "el Espíritu de sabiduría y de revelación" (Efesios 1:17). Es el Espíritu Santo quien descorre la cortina para manifestar el conocimiento de Cristo. En el cumplimiento de esta función, Él obró en el corazón y en la mente del apóstol Juan, capacitándolo para darnos la "revelación de Jesucristo." Juan fue el escritor de este libro, pero el Espíritu Santo fue su verdadero autor. De ahí que la Trinidad divina esté involucrada en varias partes del libro. El Apocalipsis procede del Trino Dios: Dios (Padre) (1:1) Cristo (1:5) el Espíritu (1:4)
Juan recibió una orden: "Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia" (1:11). Como hombre santo, escribió mientras era dirigido por el Espíritu Santo. Es imperativo tomar nota de los verbos de experiencia usados aquí y en varias partes del libro:
Lo que ves
Escribe lo que ves
Escribe lo que ves y envíalo.
A. ¡Lo que ves!
Frases como "yo oí," "yo vi," "yo miré" y "yo presencié" abundan en las páginas de Apocalipsis y a la vez indican las verdaderas experiencias de Juan. Las visiones que él puso por escrito no fueron producto de su propia imaginación, sino revelaciones de personas y de sucesos que el Espíritu Santo le dio. El secreto de las revelaciones simbólicas que recibió Juan se halla en una repetida frase: en el Espíritu (1:10; 4:2; 17:3; 21:10). Como creyente de mucha experiencia, Juan ya estaba "en el Espíritu" en contraste con su previo estado no regenerado, cuando estaba "en la carne". (El ya no estaba "en Adán", sino "en Cristo" — Romanos 8.)
Pero en el sentido en que Juan usa esta frase en cuatro ocasiones distintas, "en el Espíritu" o "yo estaba en el Espíritu" implica un control sobrenatural de todas sus facultades humanas por el Espíritu Santo. Se encontraba fuera de toda conciencia de espacio, sentidos y tiempo y transportado a otro estado de la existencia que no era visible para los demás. Durante los momentos mencionados por Juan, él sentía que todo su ser interno estaba absorto por las visiones celestiales. Se sentía abstraído de la conciencia inmediata de las formas de la vida externas y terrenas.
Se dice que Sócrates tenía la facultad de desligarse de la influencia de su vida exterior y concentrarse en pensamientos profundos por horas y hasta por días, inconsciente del calor del día o de las burlas de sus asombrados amigos. Otros hombres de alma noble, preocupados por el bienestar espiritual de la humanidad, han sido capaces de practicar este tipo de separación; pero en el caso de Juan, fue el Espíritu Santo quien le dio el poder para lograr esa abstracción espiritual.
Ciertamente, Juan era un hombre santo y estaba habituado a largos períodos de comunión con Dios y meditación, y fue en uno de esos períodos de reflexión espiritual, un día del Señor, cuando se halló transportado por el Espíritu a lugares celestiales. Así fue como su naturaleza meditativa y los dulces y preciosos recuerdos de Cristo lo prepararon para aquellas visiones extraordinarias. Esta trasposición del ser interno a otro mundo también fue experimentada por otros santos de la Biblia, los cuales también recibieron visiones y revelaciones procedentes de un poder sobrenatural, distinto de sus propias facultades mentales. Sus poderes naturales eran suspendidos mientras se encontraban controlados por el Espíritu Santo. Vea 1 Reyes 18:12; Isaías 6; Ezequiel 3:12, 14; 37:1; Hechos 8:39; 2 Corintios capítulo 12.
La combinación de las dos frases "en la isla de Patmos" y "en el Espíritu" (1:9, 10) prueba que las limitaciones geográficas no son un estorbo para las visiones espirituales. Patmos era la esfera, pero el Espíritu era la atmósfera. La extremadamente triste e inhóspita isla de Patmos en el mar Egeo, no constituyó una barrera para que Juan recibiera la revelación de Cristo.
Todo lo que Juan vio mientras se encontraba en aquel estado extático, tenía autoridad divina. De ahí el frecuente uso de la expresión "Estas palabras son fíeles y verdaderas" (19:9; 22:6-10).
B. ¡Escribe lo que ves!
Juan tenía que escribir lo que estaba experimentando. Dirigido por el Espíritu, puso por escrito aquella revelación sublime. Doce veces se le dijo que escribiera. Es probable que nosotros no seamos capaces de escribir volúmenes, pero lo que escribimos puede decir tanto como esos volúmenes si somos fieles en escribir lo que recibimos del Espíritu Santo. Ezequiel tuvo que escribir para decir todo lo que había visto en visión (Ezequiel 12:21-25). Fue diferente el caso de las revelaciones celestiales de Pablo: cuando él fue arrebatado al paraíso, escuchó palabras inefables, pero sus labios fueron sellados para que no dijera lo que había visto y oído (2 Corintios 12:1-7). El aguijón que tenía en su carne le evitaba exaltarse sobremanera en cuanto a la abundancia de sus revelaciones. Pero en el caso de Juan, una y otra vez se nos amonesta guardar esas cosas que él recibió y escribió (Apocalipsis 1:3, etc.).
C. ¡Escribe y envía lo que ves!
¡Cuan desafortunada hubiera sido la Iglesia si Juan no hubiera aceptado la misión de registrar la Revelación otorgada a él por el Espíritu Santo! Pero el apóstol obedeció la voz divina y les dio a las iglesias de su tiempo esta preciosa revelación, con la exhortación de que hay que leerla y con la promesa de que una bendición divina vendrá sobre todo aquel que lea el libro sagrado y obedezca sus instrucciones.
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Fuente: " Apocalipsis : El Drama
De Los Siglos" de Herbert
Lockyer - © 1982
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