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AMPLIANDO SOBRE EL CREDO...
El
Credo apostólico
es un excelente resumen de nuestra fe:
“Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra;
Y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, quien fue concebido del
Espíritu Santo, nació de la virgen María; padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al
tercer día resucitó de entre los muertos; ascendió al cielo y está sentado
a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, de donde vendrá a juzgar a los
vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Universal, la comunión de los
santos, el perdón de pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida
perdurable”.
El Credo no viene como tal en la Biblia, pero
es un resumen de la fe de la época apostólica, en la que fue necesario
redactar una formula autorizada que marcara claramente en lo que creía la
iglesia cristiana primitiva, basada en las enseñanzas del Nuevo
Testamento, sobre todo para contrastar con las falsas doctrinas y herejías
que comenzaban a confundir y engañar a la gente. El Credo es una
afirmación de la fe cristiana y propone los puntos básicos en los que
creen los cristianos. Ninguna de las partes del Credo se opone a alguna
enseñanza bíblica, sino que hace una condensación de la vida de Cristo y
las ideas mas importantes de lo que creemos como cristianos.
Tradicionalmente, el credo era parte de la liturgia de las iglesias
cristianas en la mayoría de las denominaciones, y sigue siendo un común
denominador, puesto que establece las creencias fundamentales cristianas
que la mayoría de los cristianos comparten. Es una especia de brújula
espiritual, todavía vigente. Lamentablemente, la mayoría de los cristianos
recientes lo desconoce, ya que ha caído en desuso. Sin embargo,
históricamente casi todos los cristianos de generaciones anteriores lo
sabían de memoria, pues era una forma rápida de recordar y verificar los
puntos más sobresalientes de su fe.

HISTORIA INICIAL
La leyenda cuenta que los apóstoles mismos redactaron el Credo a los diez
días de la ascensión del Señor Jesús, pero en realidad, ellos no lo
escribieron. Se le llama “de los apóstoles” o “apostólico” porque está
basado en la sana doctrina que ellos enseñaron.
El credo se hizo necesario desde los tiempos más primitivos del
cristianismo, primero que nada para identificación de aquellos que andaban
en el Camino (como se le llamaba al cristianismo al principio, cf : Hch
9:2), y segundo, como un sumario de la enseñanza doctrinal de la surgente
iglesia.
La presencia más antigua confirmable de un credo (aparte de las
confesiones contenidas en el Nuevo Testamento—ver el siguiente apartado)
se remonta al segundo siglo, alrededor de 140 dC.
El Antiguo Símbolo o Signo Romano, precursor del Credo Apostólico, y
probablemente la Forma más antigua, decía así: “ Creo en Dios el Padre
Todopoderoso y en Jesucristo Su hijo, nuestro Señor, y en el Espíritu
Santo, la santa iglesia y la resurrección del cuerpo .”
Es bastante lógico que el Antiguo Símbolo Romano (o Forma) sea una
ampliación de la fórmula bautismal (Mt 28:19). De hecho, de acuerdo a
Hipólito, al describir los bautismos que se realizaban en Roma alrededor
del año 200, la fórmula apostólica completa (o credo apostólico), afirmada
en tres secciones, se usaba como confesión de fe durante el acto.
Muy probablemente Timoteo pronunciara algo similar en esencia al ser
bautizado, a lo que Pablo hace referencia en 1 Timoteo 6:12: “Pelea la
buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo
fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos
testigos” .

CONFESIONES EN LAS ESCRITURAS
Hallamos en los Evangelios varias confesiones sencillas pero correctas,
como en Juan 1:49: “ Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo
de Dios; tú eres el Rey de Israel” . La de Pedro en Mateo 16:15-17 tiene
el beneplácito del mismísimo Jesucristo: “ 15 El les dijo: Y vosotros,
¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17 Entonces le respondió Jesús:
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni
sangre, sino mi Padre que está en los cielos” . Aún la sucinta exclamación
de Tomás ante Cristo resucitado contiene el alma de un credo: “¡Señor mío,
y Dios mío!” (Jn 20:28).
El primer modelo de una Regla de Fe, es decir, un criterio para determinar
qué es doctrina correcta y reconocer y rechazar la falsa, es aquella
proporcionada por Jesucristo en Mateo 28:19, en la que se confiesa un Dios
trino: “ Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo ” .
Encontramos un condensadísimo credo en Filipenses 2:11: “Jesucristo es el
Señor” . Otra confesión que asienta quién es Jesucristo es la hallada en
Colosenses 1:15-20: “ El es la imagen del Dios invisible, el primogénito
de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que
hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean
tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado
por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas
las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la
iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para
que en todo tenga la preeminencia; 19 por cuanto agradó al Padre que en él
habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las
cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos,
haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” . Al aseverar que Cristo es
Dios, se está afirmando una importantísima base doctrinal, que es la
prueba de la ortodoxia. Cuando uno tiene una postura Cristológica errada,
no puede establecer como correctos otros elementos cruciales de teología
al mismo tiempo. Uno de los primeros pasos fuera de la doctrina sana es
negar la divinidad de Cristo.
Otros pasajes que dan cuerpo al Credo son:
Romanos 10:8b-10: “ Esta es la palabra de fe que predicamos: que si
confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree
para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Inclusive
aquí se nos muestra la importancia de una confesión de fe audible.
1 Corintios 15: 3 y 4: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo
recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las
Escrituras”.
1 Timoteo 3:16: “...grande es el misterio de la piedad: Dios fue
manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles,
predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria”.
Filipenses 2:11 : “...t oda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre” .
Cuando en el Credo se menciona la “Santa Iglesia Universal” se refiere al
cuerpo de Cristo, la Iglesia, formada por todos aquellos que creen en El y
lo confiesan como su Señor y Salvador. Obviamente, no se trata de la
Iglesia Católica (Apostólica y Romana), sino de todos los cristianos del
mundo unidos en una sola fe en Cristo.
Cada una de las declaraciones del Credo Apostólico está firmemente basada
en una enseñanza contenida en la Biblia o en un suceso histórico, como la
exposición breve de la vida de Cristo, yendo en un par de frases de su
nacimiento a su muerte, resurrección y ascensión.

UN CREDO DE GRAN ALCANCE
Algunas personas creen que dentro de las Escrituras no hay nada que
asemeje un credo, es decir, una declaración de fe y exposición de la
doctrina cristiana. Sin embargo, basta leer Tito para recibir una
enseñanza completa y enfática de la sana doctrina, condensada en los
pasajes siguientes:
2:10b-14: “... la doctrina de Dios nuestro Salvador. 11 Porque la gracia
de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12
enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos,
vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13 aguardando la
esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios
y Salvador Jesucristo, 14 quien se dio a sí mismo por nosotros para
redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso
de buenas obras”.
3:4-7: “ Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su
amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que
nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de
la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual
derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para
que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la
esperanza de la vida eterna”.
Dentro de estos versículos hallamos declaraciones directas que nos
puntualizan: la personalidad de Dios (2:11; 3:6); el amor y la gracia de
Dios (2:11; 3:4); Su calidad de Salvador (2:10; 3:4); la misma respecto a
Cristo (2:13; 3:6); la función y sustancia del Espíritu Santo (3:5);
implicación de la esencia trina de Dios (3:5,6); la sustancia divina de
Cristo (2:13); la expiación vicaria de Cristo (2:14); la universalidad de
la salvación (2:11); la salvación por gracia, no por obras (3:5); la
presencia del Espíritu Santo en el interior del creyente (3:5); la
justificación por fe (3:7); la santificación de un pueblo que le pertenece
(2:14); el requisito de la santificación (2:12); la herencia de vida
eterna (3:7); el regreso de Cristo (2:13).
Aquí encontramos un resumen de la teología del Nuevo Testamento, escrita
por uno de sus protagonistas—una teología verdaderamente apostólica , que
se estaba proporcionando en ese marco histórico como modelo para
determinar y seguir las enseñanzas correctas.

HISTORIA POSTERIOR
El Antiguo Símbolo o Signo Romano fue seguido por el Credo Apostólico (el
que se encuentra al principio de este documento) que tomó su forma
definitiva alrededor del año 341 en Calcedonia y se cimentó
documentadamente antes del 700. Apareció también el Credo de Nicea,
determinado en 325 y refrendado en 381, que dice así:
“Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
Tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles.
Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, engendrado del
Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios
de verdadero Dios, engendrado, no hecho, siendo de una sustancia con el
Padre, por quien todas las cosas fueron hechas; quien por nosotros los
seres humanos y para nuestra salvación descendió del cielo, y fue
encarnado por el Espíritu Santo de la Virgen María, y se hizo hombre, y
fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato. Padeció y fue sepultado y
al tercer día resucitó conforme a las Escrituras, ascendió al cielo y está
sentado a la diestra del Padre. Y vendrá otra vez en gloria para juzgar a
los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin.
Creemos en el Espíritu Santo, el Señor y Dador de la vida, quien procede
del Padre y del Hijo, quien con el Padre y el Hijo debe ser adorado y
juntamente glorificado, quien habló por medio de los profetas.
Creemos en una sola Iglesia, santa, universal y apostólica. Reconocemos un
solo bautismo para la remisión de los pecados y esperamos la resurrección
de los muertos y la vida del mundo venidero. Amén”.
Cada expansión del Credo se realizó para refutar las herejías que
comenzaban a surgir en el momento y que atentaban en contra de la sana
doctrina, en un esfuerzo por dejar como legado una recta regla de fe que
perdurara y sirviera como patrón para examinar la integridad de las
declaraciones de fe posteriores.
El Credo se originó separado de las Escrituras, pero basado firmemente en
ellas, como una enseñanza y predicación de los apóstoles, por lo que tenía
un enorme valor como elemento determinante de la fe común. Pero nunca
supersede a las Escrituras; más bien, las corrobora y se fundamenta en
ellas.
Debido a que contiene todos los elementos imprescindibles de una teología
netamente bíblica, es la afirmación universal de la Iglesia cristocéntrica
y bíblica, y por tanto, expresa fielmente aquello en lo que en CREAVIT
creemos.

ES PERSONAL
Sin embargo, si consideramos el Credo simplemente como un excelente
trabajo erudito, un modelo impresionante, pero no tiene nada qué ver con
nosotros en un plano personal, entonces es meramente palabras . El Credo
tiene que expresar algo que dinámicamente creemos , algo que está impreso
más allá de nuestras mentes: grabado en nuestros corazones. Por ello en
Hebreos 11:6 se nos dice : “ Pero sin fe es imposible agradar a Dios;
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay , y que es
galardonador de los que le buscan” . Lo más importante para establecer una
relación con Dios, es creer . Probablemente por eso el Credo comienza así:
“Creo”.
Te invitamos a que tú también creas y le busques con diligencia, para que
puedas experimentar todas las maravillosas recompensas que vienen de
conocerlo, amarlo y obedecerlo.
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