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Un comparativo del liderazgo de Saúl, David
y Absalón.
Por: RV Marker
Introducción
Cuando escuchamos la palabra líder, inmediatamente nos imaginamos al
caudillo que lleva el estandarte al frente de la batalla, al gran guerrero
que tiene esa voluntad férrea de seguir aún más allá de sus fuerzas, al
hombre con un poder y una atracción especial al que todos tratan de
alcanzar, al hombre que toma decisiones sabias y que nunca se equivoca.
Cuando hablamos de liderazgo, una de las cosas que nos preguntamos es si
nosotros podemos ser ese gran caudillo al frente de la batalla, o si somos
ese guerrero con fuerza y voluntad inquebrantables y si hay gente que
quiera seguirnos, o si tomamos decisiones acertadas en todo tiempo.
Casi siempre la respuesta es un: No, yo no puedo ser como ellos, ellos son
especiales, ellos nacieron así, ellos tienen un poder sobrenatural, ellos
nunca se equivocan, ellos saben lo que hacen, ellos son...¡ellos! Y yo no
soy así.
Bueno, vamos a analizar el liderazgo de los 3 primeros reyes de Israel y
trataremos de aprender sobre sus virtudes, sobre sus fuerzas y también,
por qué no, sobre sus debilidades, y entonces podremos decidir qué tipo de
líderes somos o a qué tipo de líderes queremos seguir.
Antecedentes
Haciendo un resumen rápido de la formación y la historia del pueblo
hebreo, podemos decir que este pueblo nació con la promesa que Dios le
hizo a Abraham en Génesis 12:2 y que se repite más adelante en Génesis
22:17 "de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las
estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu
descendencia poseerá las puertas de sus enemigos."
Abraham, después de desesperarse un poco por el tiempo que tardaba la
promesa en hacerse realidad (aprox. 12 años), cometió un error al tratar
de "ayudar" a Dios a cumplir la promesa, y tuvo 2 hijos, Ismael (que fue
el hijo del error) e Isaac (que fue el hijo de la promesa).
Isaac se casó y fue padre de un par de mellizos: Esaú (el mayor) y Jacob
(el menor de ellos). Esaú cometió varios errores, al vender su
primogenitura a su hermano y casarse con varias mujeres, entre otras
cosas.
Jacob, cuyo nombre después fue cambiado por el de Israel, huyó de su
hermano, se casó con 2 mujeres y a través de ellas y de sus 2 concubinas
tuvo 12 hijos, que no fueron muy bien educados durante su juventud, pues
vendieron a José, uno de sus propios hermanos a unos mercaderes que a su
vez lo vendieron en Egipto.
José batalló por varios años, pues de estar en un buen trabajo fue
encerrado injustamente en la cárcel, mas terminó siendo gobernador de todo
Egipto: el segundo al mando. Al mismo tiempo, en tierra de Israel,
empezaron a sufrir del hambre y los hermanos de José fueron enviados a
Egipto para conseguir alimento.
José, después de confirmar con algunas pruebas el cambio en el corazón de
sus hermanos, los invitó a vivir en Egipto, y todos se fueron con José. En
ese momento eran solamente 75 personas.
Durante 400 años vivieron en Egipto, o mejor dicho, sobrevivieron bajo la
esclavitud de un malvado faraón que no conoció de José y de las cosas que
había hecho por Egipto. Entonces, gracias a Moisés y sobre todo a la mano
poderosa de Dios, el pueblo salió de Egipto rumbo a la tierra prometida.
Pero este era un pueblo con mente de esclavos, siempre se quejaban de
todo, nunca veían el poder de Dios que los acompañaba, y tampoco creyeron
la promesa de poseer una tierra que destilaba leche y miel. Lo único que
podían ver eran gigantes y los israelitas se comparaban como pequeñas
langostas junto a ellos.
Dios los mantuvo 40 años dando vueltas por el desierto para esperar el
surgimiento de una nueva generación, la cual nunca hubiera estado en
cautiverio, cuya mentalidad estuviera en la promesa. Y fue hasta entonces
que con la guía de Josué, entraron y conquistaron la tierra prometida.
Se dividieron la tierra y habitaron en ella de acuerdo a la tribu de la
que descendían. Nombraron jueces que los gobernaron, y principalmente los
liberaron de los ataques de sus enemigos. Hasta que se cansaron de los
jueces y pidieron un rey.
El ultimo juez fue Samuel, y cuando Samuel envejeció, el pueblo le pidió
un rey (1 S 8:4-6 "Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y
vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has
envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos
ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no
agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y
Samuel oró a Jehová")
Dios, a través de Samuel le informó al pueblo como sería el rey (1 S
8:11-18 "Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará
vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo,
para que corran delante de su carro; y nombrará para sí jefes de miles y
jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen
sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus
carros. Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras,
cocineras y amasadoras. Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de
vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. Diezmará
vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos.
Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y
vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestros
rebaños, y seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro
rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día."),
pero al pueblo no le importó, ellos querían un rey.
El nombramiento del primer rey
Para escoger a nuestros gobernantes, lo primero que vemos es su capacidad,
sus planes, y todas las características que tiene una persona para que nos
pueda gobernar sabiamente. Sin embargo para escoger al primer rey de
Israel las cualidades buscadas fueron otras. 1 S 9:2 nos dice como era ese
futuro rey "Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre
los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba
sobrepasaba a cualquiera del pueblo"
Las principales cualidades que tenia Saúl eran su juventud, hermosura y
estatura. Esas parecían ser todas sus cualidades, pues ni siquiera pudo
encontrar a unas asnas perdidas (1 S 9:3-5). Aunque parezca extraño, como
quiera el que escogió al rey fue Dios.
Parecería que Saúl no sería un buen rey, pero eso lo analizaremos mas
adelante.
El segundo rey
Normalmente al hijo menor se le considera una persona informal y
consentida. Se espera poco de él, y revela pocas características de
liderazgo, porque nunca guía. No hay quien lo siga; por el contrario, a él
siempre le toca seguir.
Cuando Samuel llegó a ungir a David, su familia nunca se imaginó que
podría ser elegido, así que lo dejaron cuidando a las ovejas (1 S 16:11
"Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió:
Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía
por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.").
David llegó y Samuel, el mismo que ungió al primer rey, lo ungió, y desde
aquel día el Espíritu de Dios vivió sobre David.
David y Saúl se conocen
Saúl cometió algunos errores que hicieron que el Espíritu de Jehová se
apartara de él, de tal forma que vivía atormentado. Sus criados le
sugirieron que mandara traer a un músico que le ayudara en su angustia, y
de esta manera fue traído David.
David tocaba su arpa y Saúl se aliviaba (1 S 16:23 "Y cuando el espíritu
malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con
su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se
apartaba de él.").
David y Goliat
Los filisteos, comandados por un enorme gigante de casi 3 metros llamado
Goliat atormentaban al pueblo, pues pedían que la guerra se decidiera en
una batalla entre él y un hombre de Saúl. David fue al campo de batalla
para llevar de comer a sus hermanos, y se molestó por las provocaciones de
este filisteo. Sin importarle que ni siquiera era un soldado, se enfrentó
contra ese enorme guerrero sólo con su honda, su cayado y 5 piedras, y con
lo mas importante: la confianza de que Dios lo libraría de ese filisteo.
Con un tiro de su honda, David hirió al filisteo y lo mató, y yendo sobre
él, con la propia espada de Goliat le cortó la cabeza. Al ver esto, todo
el ejercito filisteo salió huyendo, pues su paladín y gran guerrero había
sido derrotado.
El triunfo o los problemas
1 S 18: 6-9 "Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de
matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel
cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos
de alegría y con instrumentos de música. Y cantaban las mujeres que
danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles. Y se
enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David
dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. Y desde
aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David."
El rey Saúl era la estrella de su época, el primer potentado de su hora,
el hombre más respetado en el reino. Era el elegido de Dios y la bendición
para Israel. Saúl se sintió amenazado por David. Sin embargo, David lo
admiró tanto que aun cuando el pecado de Saúl socavó su propósito, David
continuó respetándolo por lo que había sido. Saúl era el rey y el joven
David había dado muerte al gigante para él. Sin embargo, no importa cuánto
admiró y respetó David a Saúl, nada pudo alterar el gran propósito de
Dios.
Saúl no era del todo malo; simplemente no pudo aceptar cambios. Su gran
tragedia es compartida por millones de hombres hoy día: ¡la incapacidad de
decir adiós a la fuerza que se despide! No debemos permitir que el orgullo
nos robe vida y fortaleza sobre todo cuando por debajo de nosotros hay un
joven popular y que promete. Saúl no sabía si David subiría al trono por
medios fraudulentos o por medios legítimos, y eso enloquecía a Saúl. Es
por eso que hay que gozar cada etapa de la vida y cuando Dios dice:
"Libéralo!" ¡entonces dárselo todo a él!
Saúl luchaba con los antojos de la gente. Estaba acostumbrado a sus
alabanzas, pero la multitud que una vez rugió por él ahora aplaudía a
otro. El enemigo con frecuencia usa nuestro yo en contra nuestra cuando
pasamos por la puerta de una etapa a la otra.
Tan grandes fueron los celos de Saúl por David que un día Saúl trato de
matar a David con una lanza. Sí, el rey podía arrojarle lanzas a David
porque era el rey.
Mientras más crecía la locura de Saúl, más crecía David en conocimiento, y
¿qué se hace cuando alguien nos arroja una lanza? Podemos regresarla y
entonces probaremos que: somos intrépidos, defendemos lo recto, nos
oponemos valientemente al mal, somos firmes y no se nos puede hacer a un
lado, no soportaremos la injusticia o el trato injusto, somos los
defensores de la fe y no seremos injuriados injustamente.
Pero David esquivó la lanza, y no la regresó. Simuló que no veía las
lanzas, aprendió a evitar rápidamente el golpe y aparentar que nada había
sucedido.
¿Quién tenía la razón?¿Era este hombre el ungido del Señor? Sólo Dios
podía saberlo. Saúl se resistió a lo inevitable, y derrochó sus últimos
años tratando de matar al joven que más había admirado porque tuvo celos
que Dios hubiese escogido a David para que lo sucediera en el reino.
David fue atacado por Saúl, pero lo único que Saúl consiguió fue matar al
Saúl que David llevaba dentro. David tenía que ser humillado para no pasar
por lo mismo. Todo su ser interior fue mutilado. Su personalidad fue
transformada y cuando la prueba terminó, David era apenas reconocible.
¿Cuándo apartarse de alguien como Saúl? Saúl mismo lo propició cuando dijo
"Captúrenlo y mátenlo como a un perro". Sin embargo David no dividió al
reino cuando salió. No se llevo parte de la población con él, salió solo.
Los hombres se obstinaban en acompañar a David. Estaban dispuestos a
ayudarlo a fundar el reino de "Saúl II". Pero David había aprendido que
tales hombres "nunca" se atreven a salir solos. Por tanto, David se fue
solo.
De la caída al levantamiento
David huyó a las cuevas, que no son el mejor lugar para levantar el animo
de uno. Pero al alabar en esos momentos, las paredes de la cueva repetían
su canto y entonces sin saberlo David, no solo se consolaba a sí mismo,
sino que se convirtió en el consolador de todos los que en algún momento
hemos sufrido o nos hemos sentido perseguidos, pues al leer los salmos que
David cantaba, nuestras fuerzas regresan y nuestro espíritu entra en
armonía con el Espíritu de nuestro gran Dios.
David estaba en el peor momento de su vida, tenía menos de cuando empezó
como pastor. David fue a un país extranjero con un grado mínimo de
seguridad pues él había derrotado a su gran guerrero llamado Goliat y
siempre habría alguien que hubiera querido vengarse.
También ahí fue temido y odiado, se inventaron mentiras y hubo
confabulaciones contra de él. Se enfrentó a la muerte en varias ocasiones
y tuvo que hacerse pasar por loco en algunas ocasiones para poder salir
vivo.
El sufrimiento generaba la humildad. Sin embargo, de acuerdo con las
normas terrenales, era un hombre frustrado; de acuerdo con la norma del
cielo era un hombre quebrantado de corazón.
Otros tuvieron que huir a medida que aumentaba la locura del rey Saúl. Y
al encontrarse con David lo quisieron seguir, pero él no les pidió que lo
siguieran. No compartía la actitud de esos hombres. Sin embargo, sin
pedírselo, ellos comenzaron a seguirlo, y al estar con este nuevo David,
empezaron a cambiar paulatinamente sin que se los ordenaran y así nació la
verdadera monarquía.
David pudo matar a Saúl en varias ocasiones, tuvo la oportunidad, pero no
quiso caer en las mismas actitudes que Saúl tenía, para no ser como él: no
permitió el odio en su corazón.
Lo único constante, es el cambio
Con lo que hemos leído, podría parecer que Saúl era de lo peor, sin
embargo Saúl fue de los más grandes personajes de la historia:
* Fue bautizado en el Espíritu Santo
* Venía del linaje de Abraham
* Integró un reino dividido
* Formó un ejercito y derrotó al enemigo
* Fue profeta
* El Espíritu de Dios vino sobre él con poder y autoridad.
A Saúl se le dio la autoridad de Dios, era el ungido de Dios y Dios lo
trataba como tal.
Pero a Saúl lo consumía la envidia, fue capaz de asesinar y estuvo
dispuesto a vivir en las tinieblas espirituales. Algo que Saúl olvidó es
que las fuerzas se acaban, y que no viviría para siempre. Saúl actuaba
como si fuera a ser rey para siempre.
Si a nosotros nos duele escuchar a la multitud cada vez que aclama a otro
que no sea uno mismo, entonces no estamos preparados ante las señales de
cambio. ¡Si no hemos aprendido a estar orgulloso de contribuir con nuestra
fuerza al éxito de algún otro como lo hace un buen entrenador, entonces
estamos sufriendo el "síndrome de Saúl"! Al final, Saúl lo perdió todo
porque no quiso moverse cuando Dios dijo que el tiempo había llegado. ¡Es
una pena que se arruinen éxitos previos por no entender de quién es el
turno en el escenario!
David no cayó en este error, si vemos 2 S 21:16-17 ("E Isbi-benob, uno de
los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de
bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a
David; mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y
lo mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de
aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la
lámpara de Israel."). La fuerza de David se estaba acabando.
La juvenil energía de David aterrorizaba e intimidaba a sus enemigos en
los primeros años, pero el tiempo cambia las cosas. David descubrió que su
fortaleza original y su llamado habían cambiado. Ya no era necesario ni
estaba equipado para luchar como un guerrero. Él seguía siendo necesario,
pero ahora como rey. Sus armas eran la sabiduría y la unción de Dios, no
la espada y el escudo.
¿Quién quiere emplear a alguien al que le falta flexibilidad? ¿Quién
necesita un empleado que no quiere reentrenarse o adaptarse a los tiempos
y necesidades? ¿Quién espera algo de un general de huesos quebradizos que
transporta pesadas cajas de municiones en el fragor de la batalla cuando
puede lograr mucho más en un puesto de mando, dirigiendo hábilmente a los
jóvenes y a los fuertes con su sabiduría de cabellos blancos?
Debemos tener cuidado en amar al Dador de nuestras tareas más que a las
tareas. ¡Deberemos amar a Dios más que cualquier cosa que nos haya
encomendado hacer! A la larga, llegará el día en que él no nos pedirá más
que lo sirvamos de esta manera. No permitamos que nuestro trabajo, nuestro
matrimonio o nuestro ministerio nos roben nuestro caminar con Dios, porque
todo está sujeto a cambio.
Aprendamos de los errores de David. En el ardor de la batalla, él trató de
matar un gigante igual como lo había hecho siempre en el pasado. Se
impresionó cuando se dio cuenta que estaba comenzando a sufrir del
"síndrome de Saúl". Su carácter y moral estaban intactas, pero había
fallado en admitir las diferentes etapas en su vida, y eso casi fue fatal
para él. Solamente la rápida intervención de un joven guerrero le salvó la
vida.
David reconoció que ya no hacía falta que matase gigantes, había hombres
jóvenes que podían hacerlo por él. ¡Un liderazgo excelente siempre llega a
ser por sí mismo una tarea! Deberíamos estar entrenando y enseñando todo
el tiempo hasta el día en que demos el paso de la labor a la recompensa.
El estancamiento es el enemigo del progreso. Sigamos avanzando. Cuando
aprendamos el arte de delegar, empezaremos a experimentar grandes cosas.
La gente se aferra a algo cuando no espera nada más.
El tercer rey
David, aunque hasta el momento parecía ser un magnifico rey, también
cometió sus equivocaciones y pecados, pues se metió con la mujer de otro y
llegó a matar para ocultar su pecado.
Uno de los hijos de David era Absalón, el cual mató a uno de sus hermanos
para limpiar la deshonra de su hermana, por lo que tuvo que huir. Pero
gracias a Joab y a un ardid que le preparó a David, consiguió el perdón
para Absalón y éste regresó a su casa, aunque no vio el rostro del rey
David por más de 2 años.
Absalón hacía sentir bien a la gente que lo rodeaba, era de hermoso
semblante y no había ningún defecto en él. Absalón era perspicaz. Podía
adentrarse en lo profundo de cualquier problema. Cuanto más conversaba el
pueblo con Absalón, tanto más comprendían que había cosas fuera de lugar
en el reino, cosas incorrectas en las que nunca antes habían pensado.
Absalón era sincero y ambicioso. Era probable que se propusiera hacer las
cosas buenas que decía, pero su ambición perduraría mucho tiempo después
que descubriera su ineptitud para cumplir lo que prometía. Absalón no
vaciló en dividir el reino de Dios, y buscó servidores. Mientras el tiempo
pasa la conducta del líder revela mucho acerca del líder.
La historia se repite
Absalón fue en contra del reinado de David: quería ser rey y se proclamó
rey. David no trató de defenderse, pues en cierto sentido amaba a su hijo
y no quería levantar su mano contra él. Además de que había aprendido lo
que Saúl no aprendió: que algún día él dejaría de ser rey.
La autoridad de Dios no teme a quienes la desafían, ni se defiende
(humanamente) ni le importa un ápice si ha de ser destronada. David pidió,
al igual que Moisés con Coré, que Dios dijese cuál era su voluntad. Y Dios
contestó.
Empezó la guerra, el pueblo contra el pueblo, Absalón contra David, pero
Dios es fiel e hizo su justicia. Absalón enredó su cabello en una rama de
encina, y Joab, el hombre que en un momento pidió por el perdón de Absalón
ante David, fue el hombre que le clavó 3 dardos en el corazón a Absalón y
lo mató. El reinado de David permaneció hasta que el rey envejeció y
entregó su reino en manos de un sucesor digno de continuarlo.
Conclusión
Hemos visto como empezaron y algunos episodios de la vida de los 3
primeros reyes de Israel; algunos de sus logros, y también algunos de sus
errores.
La grandeza de David
consistió en que:
* Nunca amenazó
* Tenía una vida de sumisión, enseñó la sumisión, no la autoridad
* Los hombres que insisten en la autoridad sólo prueban que no tienen
ninguna
* No tenía ninguna rebelión porque no le importaba si lo destituían
* Enseñó a dar, no a quitar
David confiaba en Dios, y no quería ser como Saúl.
Dios quiere que su pueblo adquiera su riqueza y pase su sabiduría de
generación en generación. Que el padre prepare a su hijo. Que el pastor
prepare a su sucesor. Cuando nosotros nos atrevamos a relacionarnos con la
generación futura, ¡entonces siempre seremos una parte de su éxito en vez
de estar impresionados por él o temerosos de él! Y podremos dirigir en
cierta manera a la generación que ocupará nuestro puesto para que lo haga
de una manera digna y continuando con las metas y propósitos que se
establecieron originalmente.
Todos estamos actuando sobre un escenario y estamos parados bajo la luz de
los reflectores, pero a la larga oiremos los aplausos dados a otro. La
multitud se reduce y el aplauso se desvanece, ¡pero debemos comprender que
el alejamiento de la multitud no significa el alejamiento de Dios! Los
papeles cambian y los trajes se modifican porque el escenario está siempre
sobre ruedas. El mundo sigue avanzando, y los papeles principales cambian
de vez en vez, pero algunas cosas siempre siguen siendo las mismas: La
debilidad de los hombres, el poder de Dios y el continuo cambio de
escenario. Si comprendemos la etapa en la que estamos, el cambio se hace
fácilmente e inclusive es deseable.
Cualquier joven rebelde que alza su mano contra uno a quien considerara un
Saúl, o cualquier rey anciano que trate de defenderse de un ataque de un
posible sucesor pudiera, en realidad, estar alzando su mano contra la
voluntad de Dios.
Bibliografía utilizada:
* ¡Desatad a ese hombre y . . . Dejadle ir!, T.D. Jakes, Editorial Unilit
* Perfil de tres monarcas. Gene
* Biblia Reina Valera 1960, Sociedades Bíblicas en América Latina.
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