|
Creavit: Inicio Acerca de Nosotros Lo que creemos Artículos y Estudios Sus Comentarios
Otros Temas
Creacionismo
Clonación
Oración
Matrimonio
La Biblia
Cristo
Hermenéutica
Liderazgo
Articulos
generales
Reflexiones
|
. |
Cristo revelado en la pascua
Por: RV Marker
INTRODUCCION
La Pascua (del término hebreo para designar "pasar por encima" o "pasar de
largo") fue instituida por Dios para el pueblo hebreo en la víspera de su
salida de Egipto, donde habían estado en esclavitud y opresión durante más
de cuatro siglos. Fue una noche memorable, en la que el destructor
aniquiló a todos los primogénitos de la tierra de Egipto que no estaban
protegidos por la sangre del cordero pascual.
Este incidente dio origen a la celebración anual de la Pascua, en la que
los hebreos deberían recordar la manera en que habían sido salvados no
solamente de la tiranía de los egipcios, sino de morir. Esta fiesta
solemne no era nada más un recordatorio de la mano poderosa y la
misericordia de Dios, sino también una mirada al futuro, cuando vendría el
Cordero de Dios a poner su vida en sustitución de la de todos los
pecadores que estuvieran y estén dispuestos a aceptarlo.
Por ello, dentro de la celebración de la primera pascua, así como en el
rito de las posteriores, encontramos elementos que nos hablan de la
misión, la persona y la obra de Cristo. En este estudio estaremos
analizando los aspectos en que la Pascua se relaciona con el Mesías.
ANTECEDENTES
El éxodo de Israel de Egipto sucedió alrededor del año 1440 a.C.
Cuatrocientos treinta años antes, los antepasados de los israelitas habían
emigrado a Egipto para escapar de una terrible sequía que produjo una
falta básica de alimento en la tierra de Canaán, donde moraban (Gn 41:56).
Encontraron un nuevo hogar como resultado de la misericordiosa provisión
del Señor, que años antes había enviado a José, el hijo amado de Jacob, a
Egipto. José pasó de ser un esclavo comprado por veinte piezas de plata a
ser el segundo bajo el faraón de la tierra. Siguiendo la instrucción de
Dios, proveyó de alimento a Egipto durante los años de escasez, y en ese
tiempo, a la vez que se reconcilió con sus hermanos, también compró todo
Egipto para Faraón a cambio del alimento que los egipcios necesitaban. Por
eso fue honrado con la aceptación de que su familia viniera a vivir en
Egipto, e hizo traer a su padre con toda su familia. Jacob y sus hijos
fueron dotados con sus propias tierras para continuar su oficio de
pastores de ovejas. Se establecieron en Gosén, en el área del delta del
Nilo, y en el transcurso de poco más de cuatro siglos, se multiplicaron de
los setenta individuos que llegaron originalmente a una multitud de varios
millones de personas (Ex 1:7).
Durante este tiempo de alguna manera el tamaño de su nación se convirtió
en un problema. Las dinastías egipcias habían cambiado, y en el intermedio
los hicsos habían venido y luego habían sido expulsados. La nueva dinastía
reinante desconocía del favor que José había prestado al país del Nilo, y
más bien identificó a los hebreos con los hicsos, por ser semitas y
criadores de ganado ovino como aquellos. Desconcertados por la gran
cantidad de hebreos que había, y temerosos de verse nuevamente sojuzgados,
los egipcios decidieron terminar con la amenaza que los hebreos
representaban (Ex 1:8-10).
LA OPRESION
El faraón dio inicio a un programa de tiranía diseñado para explotar a los
hebreos y a la vez evitar que pudieran amenazar su gobierno. Este faraón
muy probablemente fue Tutmosis I. Su hija fue la famosa reina Hatshepsut,
que reinó Egipto con una mano tan segura como la de un varón, e inclusive
en muchas de sus estatuas aparece representada como hombre. De hecho, ella
no fue reina en su propio derecho, sino como regente de su esposo y medio
hermano Tutmosis II, y posteriormente de su otro medio hermano Tutmosis
III. Sin embargo, el reino lo gobernaba ella.
La opresión comenzó, y los hebreos se encontraron convertidos en esclavos
de los egipcios, trabajando de sol a sol en la construcción de monumentos
y palacios, así como tumbas reales cortadas en la roca. Tutmosis I fue el
primer faraón en ser enterrado de esta manera en las afueras de Tebas, que
fue engrandecida en todo su esplendor probablemente por las fuerzas de los
hebreos.
Las ruinas de Tebas son de las más imponentes del mundo. Tebas está
ubicada a ambos lados del Nilo, en un anfiteatro natural plano entre
promontorios el este y oeste. Sus ruinas cubren un área de unos 8 por 4
1/2 kilómetros. Ninguna otra cuidad contaba con tantos templos, palacios y
monumentos de piedra, inscritos en los más brillantes y hermosos colores,
y deslumbrantes por su cobertura de oro.<1>
Hatshepsut extendió el imperio de su padre, y construyó muchos monumentos.
Dos enormes obeliscos de la Reina, en Karnak, de unas 150 toneladas de
peso, llevan una inscripción que dice que fueron remolcados en una barcaza
por 30 galeras, con 960 remeros, desde pedreras a unos 240 kilómetros de
distancia. También construyó el gran templo de Amón en Deir el Bahri,
lleno de estatuas de ella.
Al morir Tutmosis II, su esposo, subió al trono Tutmosis III, siendo
todavía un niño, por lo que Hatshepsut reinó por él durante 20 años.
Cuando ella murió, Tutmosis III, que la odiaba por haber sido totalmente
dominado por ella, se dedicó a destruir las estatuas que la representaban.
Las de Bahri las hizo romper en pedazos, que fueron arrojados a unas
pedreras y paulatinamente cubiertos por las arenas desplazantes.
Tutmosis III reinó por 30 años por fin solo. Fue el más grande
conquistador egipcio. Subyugó a Etiopía, y gobernó hasta el Eufrates. El
suyo fue el primer Gran Imperio de la historia. Saqueó Palestina y Siria
17 veces, tuvo un armada y acumuló grandes riquezas. Se enfrascó en
grandes proyectos de construcción, y dejó registrados en gran detalle sus
logros en paredes y monumentos. Su tumba está en Tebas, y su momia en el
Cairo. Debe de haber oprimido todavía más severamente a Israel que su
padre y su hermana.
Los israelitas fueron obligados a trabajar excesivamente duro,
transportando agua para la irrigación y haciendo y llevando ladrillos para
el ambicioso programa de construcción del faraón. Como esclavos que eran,
los capataces egipcios los golpeaban si se rebelaban o si desfallecían por
debilidad o cansancio. No obstante, Dios hizo que la población hebrea
continuara creciendo.<2> (Ex 1:11-14)
En su frustración, Faraón dio órdenes a las parteras hebreas de que dieran
muerte a todos los bebés varones que nacieran de las mujeres hebreas (Ex
1:16). Pero las parteras, temiendo a Dios, no obedecieron y los israelitas
siguieron multiplicándose (Ex 1:17).
Entonces faraón ordenó que su propio pueblo se encargara de echar al río a
todo varón hebreo recién nacido (Ex 1:22).
UN LIBERTADOR
Dios se encargó de que mientras todos los bebés varones hebreos eran
matados, en la propia casa del faraón se criara a aquel que iba a ser el
libertador de Israel, pues Moisés, a los tres meses de edad, fue puesto en
una cesta calafateada que su madre colocó en la ribera del Nilo. Allí lo
encontró la hija de Faraón (¿Hatshepsut misma?), quien lo adoptó como hijo
propio. Este niño fue criado en el palacio real, como príncipe de Egipto
(Ex 2:1-10).
Años más tarde, sabiendo su procedencia, Moisés se identificó con su
pueblo, haciendo a un lado la posibilidad que tenía de llegar a gobernar
Egipto. Sin embargo, en ese momento quiso libertar a Israel por su propia
mano, y el intento fracasó, tanto ante los egipcios como ante los hebreos,
por lo que se vio obligado a huir autodesterrado al desierto de Madián (Ex
2:11-15).
Cuarenta años tardó en llegar a ser la persona adecuada para que Dios lo
usara para sacar de Egipto a Israel. Cuando volvió tuvo que enfrentarse a
otro faraón, Amenhotep II, que mantuvo el imperio fundado por Tutmosis
III.
Sin embargo, este faraón no tenía ningún respeto por Moisés ni por el Dios
que representaba, pues él mismo se consideraba divino-los faraones de
Egipto se creían dioses, y recibían adoración como tales-y no estaba
dispuesto a dejar ir a sus obreros por obediencia a un Dios que él no
conocía ni le debía lealtad.
Por tanto, Dios determinó ir enviando plagas a Egipto para doblegar el
corazón de Faraón. Pero este hombre estaba tan lleno de orgullo y se
sentía tan superior que en lugar de arrepentirse y liberar a los
israelitas, se endureció todavía más y todo Egipto tuvo que sufrir nueve
plagas severas (Ex 7:14-10:22). Cada una de estas plagas estaba diseñada
para vencer a un importante dios egipcio, pero Faraón estuvo ciego a la
lección. Seguía sintiéndose invencible. Después de la novena, que fueron
tres días de tinieblas, Faraón le dijo a Moisés que nunca más vería su
rostro (Ex 10:28, 29). Y así fue, porque ya con tantas advertencias, Dios
hizo su jugada: puso un castigo de gran magnitud que no dejó en duda el
poder de Dios para juzgar a Faraón y Egipto enteros, y demostrar que
Faraón no podía contender con El.
LA PASCUA en Egipto
Los hebreos no habían tenido que sufrir las consecuencias de las plagas
que habían azotado a Egipto, al menos no de las últimas seis. Esta
distinción debería de haber servido como advertencia a Faraón.
La décima plaga, que iba a ser algo inusitado y tremendo requería de la
participación de los hebreos, al menos en el aspecto de que se protegieran
de acuerdo a las instrucciones de Dios para que no se vieran afectados por
ella. Así que, por medio de Moisés, Dios preparó a los hebreos para lo que
iba a acontecer el 14 del mes de Abib, posteriormente conocido como Nisán.
Anunció que esta plaga sería la última y la definitiva para que Faraón
dejara ir al pueblo, e inclusive dio instrucciones de que los hebreos
pidieran alhajas de oro y plata a sus vecinos egipcios, ante los cuales
Dios les daría gracia (Ex 11:1-3).
Lo que acontecería sería que a la medianoche, saldría Jehová por en medio
de Egipto, y moriría todo primogénito en tierra de Egipto, desde el
primogénito de Faraón hasta el de la sierva más despreciable, y también
todo primogénito de las bestias. Y habría gran clamor por toda la tierra
de Egipto, cual nunca antes hubo ni nunca más habría. Pero contra los
hijos de Israel nada pasaría, para que se notara la diferencia entre los
egipcios y los israelitas (Ex 11:4-7).
La importancia de lo que sucedería sería tal que ese mes sería desde
entonces el primer mes del año judío (Ex 12:2). Las instrucciones
continuaron.
Dios ordenó que un cordero o cabrito fuera escogido el día 10 de Nisán.
Tenía que ser macho del primer año, totalmente sin defecto. Cada familia
debería tomar un cordero, y si esta era demasiado pequeña para poder
comerlo, podían unírsele una o dos familias más. En el día catorce, toda
la levadura debería ser eliminada de la casa, y en la tarde se debía matar
la pascua (la víctima). Su sangre debería ser recogida en un recipiente, y
rociada sobre los postes y el dintel de la puerta de la casa. Tenía que
asarse completa la víctima, y comerse esa misma noche, de pie y de prisa.
No se deberían quebrar los huesos del animal, y cualquier residuo que
sobrara debería ser quemado antes de que llegara la mañana. Se había de
comer con ella pan sin levadura, llamado también pan ácimo, y hierbas
amargas. Era necesario que la familia estuviera completamente vestida y
equipada para salir de viaje (Ex 12:3-11).
Dios dejó especificado que en esa noche ejecutaría sus juicios sobre los
dioses de Egipto (Ex 12:12). De esta señal los egipcios tenían que
entender que Dios estaba determinado a sacar a su pueblo de ese país.
Quedó estipulado que la sangre en el umbral de la puerta sería lo que
marcaría la distinción entre los israelitas y los egipcios (Ex 12:13), y
donde la hubiera, Dios pasaría sin hacer mortandad.
Sería tan importante esta liberación (pues en realidad, la salida de
Egipto fue el suceso que marcó el inicio de la nación de Israel
propiamente dicha), que el pueblo tendría que celebrarla como fiesta
solemne a perpetuidad delante de Jehová, y para ello de una vez se dieron
las instrucciones pertinentes: así de segura era su partida (Ex 12:14-20).
Los israelitas hicieron como Moisés les indicó, y sacrificaron la pascua y
tomaron hisopos, mojándolos en la sangre del cordero, y untando el dintel
y los postes de cada casa. Nadie debería salir de sus casas hasta la
mañana, porque Jehová pasaría hiriendo a los egipcios. Y así lo hizo el
pueblo de Israel (Ex 12:21-28).
LIBERTAD
Y a medianoche, pasó Jehová e hirió a todo primogénito en la tierra de
Egipto, exactamente como lo había advertido con anterioridad. Y se levantó
Faraón, sus siervos y todos los egipcios esa noche, y hubo gran duelo,
porque en cada casa alguien había muerto (Ex 12:29-36).
Moisés y Aarón fueron llamados, y se les dio la orden de salir con todo el
pueblo y todas sus pertenencias. Era tal la angustia e intranquilidad de
Faraón que llegó a pedir que Moisés y Aarón lo bendijeran. Y los egipcios,
temerosos por su vida, apresuraron a los hebreos para que partieran,
regalándoles joyas, vestidos y muchas otras cosas más. Y así salió el
pueblo de Dios de en medio de Egipto, no solamente libre, sino también
cargado de riqueza, tal y como Dios le había prometido a Abraham al
principio, cuando le anticipó que sus descendientes estarían en
servidumbre en otra nación (Gn 15:13-14).
Así fue la primera pascua.
RESULTADOS DE LA PASCUA EN EGIPTO
El juicio que Dios quería efectuar sobre los dioses de Egipto realmente
tuvo resultado, pues Faraón entendió que el Dios al que Moisés
representaba era mayor que él y todos los dioses egipcios. (Entendió
momentáneamente, pues luego saldría en persecución de los hebreos hasta el
Mar Rojo-donde nuevamente sería vergonzosamente derrotado por Jehová).
En la historia egipcia no se menciona este suceso, puesto que Faraón
solamente dejaba inscripciones de sus victorias y grandes hazañas, y este
incidente humillante jamás debería ser recordado, así que no se registró.
Pero sí se sabe que Tutmosis IV, que subió al trono después de Amenhotep
II, no era su primogénito; ni siquiera el siguiente en la línea de
sucesión. Aparte del primogénito que murió durante la pascua, es posible
que varios de los otros que tenían derecho al trono hayan muerto ahogados
en el Mar Rojo, por lo que uno que tal vez ni era hijo de Faraón heredó la
corona.
Aunque no hubo oficialmente ningún reconocimiento de la salida de los
hebreos, ni de la terrible suerte del ejército real, unos cuarenta años
después de el éxodo de los israelitas, Amenhotep IV decidió llevar a
Egipto al monoteísmo, estableciendo la adoración al dios único Atón. Así
este faraón cambió su nombre a Akenatón. Esto muy posiblemente fue
consecuencia de saber que Dios (¿Atón?) era más grande que él y los dioses
de su nación. (Sin embargo, esta revolucionaria idea no fue bien vista, y
el siguiente faraón regresó a Egipto al politeísmo).
LA IMPORTANCIA DE LA PASCUA
PARA EL PUEBLO HEBREO
La pascua se instituyó como una fiesta solemne del culto hebreo con el
objeto de hacer recordar al pueblo su liberación del yugo egipcio. Esta
celebración debería traer a su memoria la fidelidad de Dios, el poder que
estaba dispuesto a usar a favor de los suyos, y la distinción que siempre
debería haber entre Su nación y las paganas.
La primera fiesta del año hebreo sería esta, y cada año se debería relatar
a los hijos la historia de aquella vez que en Egipto, Dios había ejecutado
juicio sobre los opresores y había pasado de largo sobre los israelitas.
Esto serviría para hacerlos conscientes de el favor de Dios con el que
contaban, a la vez que reforzaría su identidad nacional.
La intención de Dios al establecer la pascua era que fuera "una gran
imagen histórica que apuntara hacia el Cordero Pascual que nos liberaría
en un solo sacrificio de un mundo adverso y hostil por Su sangre", como lo
expresa Halley<3>.
LA IMPORTANCIA DE LA PASCUA PARA EL PUEBLO
DE DIOS
La pascua tiene relevancia no solamente para los judíos que fueron
liberados de la muerte y de la esclavitud en esa ocasión, sino para todos
los cristianos nacidos de nuevo y adoptados dentro de la familia de Dios
como hijos suyos, porque señala hacia el sacrificio perfecto de Cristo,
por medio del cual hemos sido librados de la muerte y de la esclavitud al
pecado.
En toda la celebración de la pascua encontramos múltiples elementos que
son figura de Cristo, y nos conviene conocerlos y entenderlos, para poder
captar toda la riqueza que contiene la pascua.
CRISTO EN LA PASCUA
La pascua celebrada en Egipto, y posteriormente las pascuas de
conmemoración, fueron un tipo de la salvación infinitamente mayor-la
salvación eterna-efectuada por medio del sacrificio de "Cristo nuestra
pascua" (1 Co 5:7: "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por
nosotros"; Jn 1:29: "El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y
dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo").
NOSOTROS NECESITABAMOS DE LA PASCUA
Es obvio que primero debe haber una identificación de nosotros mismos con
el pueblo hebreo cautivo en Egipto, y la hay. Antes de nuestra liberación
por la gracia por medio de Cristo, estábamos en opresión, éramos objeto de
la tiranía del príncipe de este mundo, Satanás, así como los hebreos eran
esclavos de Faraón. Estábamos no en esclavitud física, pero sí en
esclavitud al pecado. No teníamos esperanza de liberarnos nosotros mismos.
Necesitábamos de la intervención del brazo poderoso de Dios, que pudiera
vencer al opresor. Y necesitábamos ser liberados de la muerte, del paso
del juez que nos sentenciaría a muerte eterna si no estábamos cubiertos
por la señal de la sangre.
Loa hebreos necesitaban de algo sobrenatural que los rescatara de las
cadenas de Faraón, y nosotros necesitábamos de algo sobrenatural que nos
salvara de las garras de Satanás.
La respuesta a los israelitas en Egipto fue un juicio imponente, y su
liberación de éste por medio del cordero sacrificado. La respuesta a
nosotros es Cristo, el Cordero que dio su vida por nosotros, para
librarnos del juicio que acarrea sobre nosotros nuestro pecado. Por ello,
el estudio de la pascua será un estudio que nos lleve a entender mejor lo
que Cristo hizo por nosotros, al ofrecer su vida a cambio de la nuestra.
EL CORDERO
El cordero debería ser totalmente libre de defectos. Cristo fue totalmente
libre de pecado, sin mancha y sin contaminación de ninguna especie. Era
imprescindible que el ejemplar que se ofreciera como sacrificio por la
humanidad fuera absolutamente puro para que fuera aceptable delante de
Dios.
No solamente era para observarse este animal, sino que terminados los días
de guardarlo apartado, se tenía que matar. Cristo tuvo que derramar su
vida hasta la muerte (Is 53:12). Vivo, no podía pagar por el pecado de
nadie. Era necesario que diera su vida por nosotros.
El cordero era macho-Cristo fue varón. Además, el animal era joven, era
valioso, no un cordero viejo que como quiera ya fuera a morir. Así, Cristo
murió en el apogeo de su vida, y su vida fue lo suficientemente valiosa
para poder pagar por la vida de toda la humanidad entera: un precio más
que satisfactorio para lo que demandaba la justicia divina pues la paga
del pecado es muerte (Ro. 6:23) .
Ningún hueso del cordero debería ser quebrado (Nm 9:12), y tampoco a
Cristo se le rompió ningún hueso durante todo el sufrimiento que soportó
antes y durante su crucifixión (Jn 19:36). Esto era una indicación de que
El verdaderamente había sido el esperado Cordero de Dios.
El cordero era figura de la sustitución. En lugar de que el primogénito de
la casa muriera, se sacrificaba al cordero. Así es también con Cristo.
Nosotros estábamos sentenciados a muerte por nuestro pecado, teníamos que
morir. Pero Cristo murió en nuestro lugar, fue el sustituto por ti y por
mí.
El cordero era inocente, no había hecho nada para ser puesto a muerte, e
igualmente, Cristo no había hecho ningún mal. Toda su vida se mantuvo al
margen del pecado, porque era necesario que un inocente (Cristo) tomara el
lugar del culpable (yo).
IDEA DE DIOS
Otra manera en que el cordero tipifica a Cristo es que el animal no era
producto del esfuerzo del hombre-era un don de Dios. Igualmente, la
salvación que obtenemos de Cristo no es por esfuerzo nuestro, sino que es
un regalo de Dios para nosotros. Y la iniciativa de la pascua, de salvar a
los primogénitos hebreos, fue de Dios. No fue el pueblo que se le acercara
y dijera: "Señor, envía un terrible juicio sobre Egipto y sálvanos a
nosotros del castigo. Te vamos a decir cómo..." Más bien, ellos ni idea
tenían de lo que venía, y menos hubieran sabido cómo librarse. Se necesitó
que Dios elaborara el plan de liberación para los israelitas en Egipto,
así como nosotros necesitamos que Dios elaborara el plan de salvación. Por
medio de sus instrucciones, Dios llevó a los israelitas de la esclavitud y
el peligro de muerte a la libertad y la vida. Por medio de sus
instrucciones, contenidas en la Palabra de Dios, somos llevados de la
esclavitud y el peligro de muerte a la libertad y la vida.
En todo su trato con el hombre, Dios siempre ha tomado la iniciativa.
Desde el momento en que se instituyó el sacrificio con derramamiento de
sangre en el Edén después de la caída (cuando Dios cubrió con pieles la
desnudez-pecado-de Adán y Eva [Gn 3:21]), cada ocasión en que Dios ofrece
una reconciliación al hombre, El es quien da el primer paso.
En el caso de Cristo, no vino porque nosotros clamáramos por un Salvador,
sino que Dios planeó enviarlo desde la fundación del mundo, porque ya
sabía que lo íbamos a necesitar, y desde el principio estuvo dispuesto a
proporcionárnoslo, sin importar el tremendo costo que para El implicaría
el sacrificio de su Unigénito.
Pedro dice en su primera epístola: "Fuisteis rescatados de vuestra vana
manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas
corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo,
como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde
antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos
por amor de vosotros" (1 P 1:18-20).
LA APLICACION DE LA SANGRE
La manera en que se iba a lograr la distinción entre los hebreos y los
egipcios era por medio de la sangre aplicada en las puertas de las casas:
Jehová mataría al primogénito de cada casa en cuya puerta no hubiera
sangre aplicada, y pasaría de largo las casas que sí la tuvieran.
Esto nos habla de varias cosas:
1. No
solamente tenía que morir el animal, sino que su sangre tenía que ser
derramada. La sangre inocente era una expiación (pago satisfactorio) por
la vida del primogénito.
2.
La sangre tenía que ser embarrada en los postes y dintel de la puerta. El
simple hecho de que hubiera sido derramada no evitaría la muerte.
3.
Cada casa (familia) tenía la plena libertad de hacer o no que lo que Dios
mandaba. Es decir, si en una casa pensaron que no iba a pasar nada,
pudieron no hacer la preparación para la pascua (claro que sus
primogénitos murieron). Y si creyeron que verdaderamente Jehová iba a
matar a los primogénitos de las casas desprotegidas, han de haber seguido
las instrucciones al pie de la letra.
4.
Los que no eran del pueblo de Dios (extranjeros y egipcios) que creyeran,
podían participar también de los preparativos para la pascua, y recibirían
la exención de la muerte por obedecer y creer, aunque no fueran hebreos.
Dios los aceptaría como parte de su pueblo si hacían todo lo que El
mandaba.
5.
Que la sangre se aplicara a cada casa y salvara solamente a los que se
encontraban en esa casa nos habla de lo personal que es la liberación
ofrecida por Dios.
Estos aspectos de la
sangre tienen que ver con Cristo y su obra también:
1.
Jesús no solamente tenía que morir, sino que su sangre tenía que ser
vertida.
2.
La sangre de Cristo tiene que ponerse en
cada corazón que quiera librarse de la muerte. No es suficiente saber que
Cristo murió, sino que se tiene que tomar una decisión personal de aplicar
el efecto de su muerte a la vida de uno.
3.
Cada quien es libre de aceptar a Cristo o
no. Los que no creen que habrá un juicio (no creen que ellos están
condenados a muerte), tienden a despreciar a Cristo. Pero los que creen en
Cristo y en la expiación que El hizo por ellos, serán salvados.
4.
No importan los antecedentes de las
personas en cuanto a credo, religión, cultura, raza o lo que sea. Todos
por fe pueden participar de la salvación por medio de Cristo, obedeciendo
las instrucciones que Dios ha dado para esto.
5.
La aplicación de la sangre de Cristo es una decisión totalmente
individual. Nadie puede aceptar a Cristo por otra persona. Los méritos de
Cristo son aplicables solamente de manera personal.
EL PAN SIN LEVADURA
En la pascua no sólo el cordero y su muerte nos hablan de Cristo, sino
también el pan sin levadura. Este pan nos tipifica la vida sin pecado de
Cristo.
Es un doble énfasis en la santidad y pureza de Cristo.
LAS HIERBAS AMARGAS
Este acompañamiento para el cordero y el pan nos habla de los sufrimientos
por los que Cristo tendría que pasar para otorgarnos el paso de largo del
juicio sobre nuestra vida. No sería nada agradable, sino algo amargo,
doloroso y difícil. Pero Cristo soportó todo el padecimiento y humillación
de la cruz para darnos vida, y vida en abundancia.
LA CONSAGRACION DE LOS PRIMOGENITOS
Porque Dios salvó por gracia a los primogénitos hebreos, éstos deberían
ser consagrados al Señor (Ex 13:1). Así también debería suceder en
nuestras vidas una vez que somos salvos: deberíamos consagrarnos al Señor,
para que su voluntad sea la que gobierne nuestras vidas, en amor y
agradecimiento por la salvación que El nos regaló.
EL PARALELO ENTRE LA PASCUA Y
LA CENA DEL SEÑOR
(Mt 26:17-29; Mr. 14.12-25; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26)
Cuando Jesús vivió en esta tierra como buen judío participó en la
celebración de la pascua cada año. Pero hubo una en especial que se gozó
de compartir con sus discípulos: la última antes de morir.
En esa ocasión, sabiendo que su vida iba a terminar en breves horas, dio
instrucciones a sus discípulos para que a partir de entonces celebraran un
tipo nuevo de fiesta solemne de conmemoración: lo que ahora llamamos la
Santa Cena o Cena del Señor.
En esta, el pan es símbolo del cuerpo de Cristo. Era pan sin levadura, es
decir, un cuerpo sin pecado, estaba quebrado como sería quebrantado el
cuerpo de Cristo, y perforado, como lo sería también Cristo con los clavos
que lo sujetaron a la cruz y la lanza del soldado que le perforó el
costado.
El vino es símbolo de la sangre de Cristo, que fue derramada como
sacrificio agradable delante del Señor para que nosotros pudiéramos ser
salvos por medio de la expiación que Cristo realizó.
Actualmente, como pueblo de Dios es en estos dos elementos que recordamos
nuestra pascua.
REDIMIDOS
Así como los primogénitos hebreos fueron comprados por un precio, porque
la muerte del cordero y el derramamiento de su sangre pagó por que el
primogénito no fuera muerto, nosotros hemos sido comprados por un precio
también.
1 Co 6: 20 dice: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de
Dios." Nuestro deber ahora es glorificar a Dios en todo lo que hagamos.
1 Co 7:22-23 dice: "Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo,
liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es
de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los
hombres." Verdaderamente, Cristo nos hace libres de la esclavitud, pero a
la vez, por amor a El nosotros voluntariamente nos convertimos en siervos
suyos, para hacer lo que El desea de nosotros. No pertenecemos más al
mundo, y por tanto, debemos vivir una vida que aunque esté en el mundo, no
sea de él. Debemos vivir en santidad.
Nuestra pascua fue Cristo, ahora somos suyos, comprados por su preciosa
sangre.
Bibliografía
Santa Biblia, Versión Reina Valera 1960, Sociedades Bíblicas Unidas, Gran
Bretaña, 1969
Diccionario de la Santa Biblia: Sociedad Americana de Tratados, Nueva
York, EUA, 1890
Peloubet´s Bible Dictionary: F. N. Peloubet (editor), The John C. Winston
Company, EUA, 1947
Halley´s Bible Handbook: Henry H. Halley, Zondervan Publishing House,
Grand Rapids, Michigan, EUA, 1965
DeHaan, M. R. Portraits of Christ in Genesis (Cuadros de Cristo en
Génesis), Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan EUA, 1966
Egner, David Knowing God Through Exodus (Conociendo a Dios a través de
Exodo), RBC Ministries, Michigan, EUA, 1989 (Versión electrónica bajada de
www.rbc.org el 2/05/00)
Hoff, Pablo El Pentateuco, Editorial Vida, Florida, EUA, 1999
Citas Usadas
1 Halley´s Bible Handbook, 1965, p. 117
2 Knowing God Through Exodus, 1989, s.p.
3 Halley´s Bible Handbook, p. 123.
|
. |
Otros Sitios
.
|