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CURSO DE HERMENÉUTICA
Por Ruby Zapata de Villarreal
- Lección 8 -
EL PROCESO DE
INTERPRETACIÓN
El primer paso en el proceso es asegurarse de poseer la mejor o las
mejores versiones de la Biblia, aquellas que toman en cuenta los
manuscritos antiguos. La Reina Valera Revisión 1960 es excelente; la
Biblia de las Américas es un poco más amplia. En inglés la King James
Version es de las más fieles. Es bueno, para un estudioso serio, contar
con al menos cinco diferentes versiones, incluyendo la mejor que ha
producido la Iglesia Católica, que es la de Jerusalén. La Nácar-Colunga y
la Torres-Amat (católicas) no son tan apegadas a los originales, pues son
traducciones del latín, y no directas. Es conveniente incluir una
paráfrasis, como la Dios Habla Hoy. Sin embargo, si sólo se puede adquirir
una Biblia, sugerimos la Reina Valera Revisión 60.
Si uno maneja el griego y hebreo, es recomendable contar con textos en
estos idiomas y realizar una exégesis con el idioma original. Ayuda,
obviamente, tener una concordancia griega. Esto contribuye a tener una
crítica textual, pues por ejemplo, el griego es un idioma muy exacto
mientras que el español tiende a ser más ambiguo.
El segundo paso es acercarse al texto con humildad y un espíritu de
oración. Una actitud de devoción y un genuino deseo de saber más de Dios
son indispensables.
Si uno va a hacer un estudio de la Biblia con un espíritu sabiondo y
soberbio, el Espíritu Santo no va a poder enseñarnos nada nuevo. El Señor
nos va a facultar para captar si nuestra actitud es correcta, sin importar
cuántas veces antes hayamos leído el pasaje.
Reconozcamos que lo que vamos a leer es palabra viva, y dependamos de la
iluminación del Espíritu y no sólo de nuestra capacidad de raciocinio. El
Espíritu puede traer una inusitada lucidez sin que la adquiramos por medio
de nuestros sentidos. Estamos tratando con algo divino, vivo, que nos
conducirá a la profundización de nuestra relación con Dios.
El tercer paso es tener un propósito definido. Es acercarnos al
material esperando obtener algo de provecho de nuestro encuentro con la
Palabra. Debemos pedirle al Señor que nos muestre lo que Él quiere
enseñarnos, y dedicarle el tiempo suficiente para poder recibir aquello
que Dios nos quiere decir.
El cuarto paso es tener a la mano las herramientas necesarias. Todo
oficio requiere de herramientas adecuadas para desempeñarlo bien. El
teólogo debe contar con el Espíritu Santo y la Biblia; pero también los
léxicos que ayudan a determinar el significado de determinada palabra.
Claro que esto conlleva conocer de gramática, para no cometer errores
básicos en español. Debemos expresarnos correctamente, aprender bien el
español para poder transmitir acertadamente lo que queremos decir. El
diccionario bíblico también ayuda; y es bueno tener dos, pues se
complementan. El diccionario de vocabulario teológico comprende palabras
que no necesariamente aparecen en el bíblico, y también sirve para
determinar las figuras de lenguaje. Hay otros diccionarios mucho más
especializados, como el de tipos y símbolos, usos y costumbres, entre
otros. Unos cinco diccionarios es un buen número, y afortunadamente ya hay
mucho material en español, además de lo que se encuentra disponible por
medio de Internet y discos compactos.
También sirven los comentarios bíblicos, aunque son alimento previamente
digerido. Deben ser comentarios profundos, analíticos y exegéticos los que
se usen. Estos ilustran mucho.
Sin embargo, los comentarios deben usarse hasta el final, más bien como
una confirmación de que nuestra exégesis fue acertada, pues de otra manera
influyen la visión del hermeneuta y eso no es recomendable.
El quinto paso es entrar en el estudio histórico y cultural. Se
estudia el contexto histórico del pasaje, y se llega a comprender la
cultura. Esto permite una apreciación de sutilezas que de otra manera
pasarían inadvertidas.
El sexto paso es situar el pasaje dentro del marco total de las
Escrituras. No debemos tomar un texto aislado y hacer de él una doctrina.
El contexto del texto es el resto del capítulo, el resto del libro, y el
resto de la Biblia.
Como se recalca constantemente referente a la predicación, y mucho más a
la interpretación: “ Un texto fuera de contexto es puro pretexto ”, pues
aislar versículos ha sido fuente de muchísimas falsas doctrinas y
herejías.
La Biblia es su propio intérprete, debemos tomar en cuenta la totalidad de
su revelación.
El séptimo paso es entrar en la exégesis del pasaje. Para esto hay
cuatro acciones sencillas:
• Exégesis del léxico: ver el significado de cada palabra individual.
• Exégesis gramatical: ver la relación que guardan entre sí las palabras
en la oración o en el texto, es decir, el sentido de las palabras.
• Exégesis retórica: ver el uso de las palabras en el tiempo del escritor
bíblico y las figuras retóricas que se emplearon, advertir el estilo
personal del escritor.
• Exégesis comparativa: ver los pasajes paralelos y relacionarlos,
compararlos, o bien, complementarlos. Para esto se usa la concordancia y
se analizan los textos de referencia.
Cuando uno lleva a cabo el proceso correctamente, llega al punto donde se
da cuenta de que podría escribir su propio comentario. Normalmente no lo
hacemos porque padecemos de pereza mental y nos falta disciplina, orden y
ser sistemáticos. Si nos aplicáramos con tantas ganas a la tarea de
estudiar la Biblia como lo hacemos con los pasatiempos o los deportes,
otra sería nuestra vida espiritual y nuestra dependencia y comprensión de
la Palabra.
La hermenéutica evangélica conservadora es la que los cristianos
evangélicos han usado desde los tiempos de los apóstoles.
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