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LA BIBLIA ES VERDAD
Por:
Historia de la Biblia |
Profecías cumplidas |
Evidencias históricas y
arqueológicas | Principios científicos
ESTANDO
PREPARADOS
1 Pedro 3:15
"…y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y
reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en
vosotros"
La Biblia es
verdad, porque es la Palabra de Dios, y Dios es verdad. Como cristianos es
fácil estar de acuerdo con esto. Pero, ¿tenemos algún fundamento concreto
que dé evidencia de esto? ¿Tenemos argumentos que puedan estar a la altura
del desafío de un incrédulo? Si se te acerca un ateo y te pregunta por qué
crees en la Biblia, ¿cómo le responderías?
Desdichadamente, en la mayoría de los casos solamente sabemos qué creemos,
pero no estamos capacitados para defender los principios básicos de
nuestra fe. Inclusive a veces ni siquiera conocemos bien los preceptos que
decimos creer: nuestra convicción es ciega e ignorante. Desconocemos las
razones que respaldan nuestra fe, y con esto damos lugar a Satanás para
que pueda atacarla, tratando de sembrar dudas en nuestras mentes a través
de quienes nos rodean y nos cuestionan, debilitándola o resquebrajándola
al final.
Como Pedro nos
dice, no es opcional defender lo que creemos… más bien es pecar contra
Dios quedarnos callados. Dios quiere que estemos prestos e instruidos para
defender lo que creemos como cristianos bíblicos.
HISTORIA DE LA BIBLIA
Biblia es el
nombre que recibe la revelación de Dios al hombre contenida en sesenta y
seis libros o tratados, unidos entre sí y formando un solo libro único,
porque en realidad tiene un solo autor y un solo propósito o plan, y cuyo
tema central es el programa destinado a la redención del hombre.
La Biblia está
compuesta de dos grandes partes, llamadas el Antiguo y Nuevo Testamento,
separadas por un intervalo de casi cuatrocientos años. Estos testamentos
están a su vez divididos en sesenta y seis libros: treinta y nueve en el
Antiguo Testamento y veintisiete en el Nuevo. Estos libros son una
biblioteca en ellos mismos, puesto que están escritos en toda forma
conocida de literatura. Veintidós de ellos son históricos, cinco son
poéticos, dieciocho son proféticos y veintiuno son epistolares (cartas).
Contienen argumentos lógicos, poesía, cantos e himnos, historia,
biografía, narraciones, parábolas, fábulas, elocuencia, ley, literatura y
filosofía.
Hay al menos
treinta y seis autores, quienes escribieron en tres continentes, en muchos
países, en tres idiomas, y desde todo punto de vista humano posible. Entre
estos autores se encontraban reyes, granjeros, hombres de ciencia,
abogados, generales, pescadores, ministros y sacerdotes, un recolector de
impuestos, un doctor, algunos ricos, algunos pobres, algunos citadinos,
otros criados en el campo—así abarcando todas las experiencias
humanas—extendiéndose durante más de 1500 años.
El Antiguo
Testamento fue escrito en hebreo, exceptuando algunos pasajes que se
escribieron en caldeo [que viene siendo el arameo]. El Nuevo Testamento se
escribió en griego en su totalidad.
El primer
libro impreso fue la Biblia; y se han imprimido más Biblias que cualquier
otro libro. Se ha traducido, entera o en parte, a más de mil idiomas y
dialectos y diversos sistemas para los ciegos. Para 1945, la Sociedad
Bíblica había publicado más de 356 millones de Biblias.
La Biblia es
inspirada por Dios, es decir: "Esa energía activa del Espíritu Santo… por
la cual fueron guiados los agentes humanos elegidos por Dios para
proclamar oficialmente Su voluntad a través de la palabra oral, o
quienes se comprometieron a escribir las diferentes porciones de la
Biblia" (Lee, citado en el ‘Diccionario de Cristo y las Evangelios’ de
Hastings). Debido a que la Biblia proviene de la inspiración divina, es la
guía infalible [de fe y conducta], y es perfectamente confiable en todas
sus partes, tal y como fue dada por Dios. <1>
La Biblia
misma menciona su propia inspiración divina, en 2 Timoteo 3:16 y 17; 2
Pedro 1:21; Hebreos 1:1 y 2, 1 P 1:10 y 11; Ap 19:10; Jn 5:39-46; Lc
24:27. Todos sus escritores afirman que escriben y hablan por autoridad
divina, bajo la dirección del Espíritu Santo, lo cual hace de la Biblia el
Libro de Dios por excelencia. De hecho, es el único. Estudiando más a
fondo sus características, su mensaje, su coherencia, y la manera
milagrosa en que toda ella está conjugada, es evidente que es obra de una
Mente Maestra. El mundo reconoce la divinidad del libro: los grandes
pensadores han colocado a la Biblia en una categoría aparte, reconociendo
su carácter sobrenatural.
La mayoría de
los escritores actuales y de antaño que abogan por la superación personal,
la persecución de la excelencia, la paz interior, la búsqueda de
significado, e ideas afines, utilizan –aun sin saberlo–los principios
inmutables de la Palabra.
Algo digno de
notar es que la Biblia ha sobrevivido a la mayoría de las grandes culturas
y civilizaciones humanas. ¿Acaso hay alguna otra obra que tenga este
trascendente rasgo? Estos y otros maravillosos atributos son más que
suficientes para demostrar el carácter divino de las Escrituras, pero no
bastando con ello, tenemos más evidencias de que la Biblia proviene
directamente de Dios y Su voluntad.

Preservación
del contenido
Una de las
evidencias de mayor peso de la veracidad de la Biblia es la preservación
intacta de su contenido. Es inaudito que un escrito se reproduzca vez tras
vez sin cambiar esencialmente lo que dice, especialmente si tomamos en
cuenta el tiempo transcurrido entre su escritura y el momento presente en
que la tenemos en nuestras manos.
Trescientos
años antes de Cristo se tradujo el texto hebreo al griego, que fue la
traducción que se preservó. Entre el siglo seis y el doce, unos estudiosos
judíos dieron forma a lo que ahora se conoce como el texto masorético,
el cual es la base de muchas de las traducciones y versiones que se usan
hoy en día.
Hasta hace
poco, no se conocían manuscritos originales anteriores al siglo décimo
después de Cristo, aunque varios historiadores abogaban por el apego del
texto a los originales. La copia completa más antigua del Antiguo
Testamento en hebreo era el Códice Babilónico Petropalitano, del año 1008
d.C.
Pero en 1947
fueron hallados en una cueva unos manuscritos que precedían por al menos
1000 años al antes mencionado códice. Son los famosos Rollos del Mar
Muerto, escondidos por los esenios en Qumrán y sus alrededores. Muchos de
sus fragmentos se han podido estudiar y demuestran claramente que el
contenido de la Biblia alrededor de la fecha en que Cristo nació era igual
al actual. El texto ha sido transcrito con fiel precisión a través de
todos estos siglos.
El libro de
Isaías es uno de los pocos tratados que se encontraron casi en su
totalidad, y es asombroso leer esos rollos con antigüedad de 2000 años,
comparados con una Biblia moderna. ¡No ha cambiado más que un par de
palabras!
Es importante
tener en cuenta que hasta el siglo quince, todas las Biblias eran
manuscritos laboriosamente copiados e iluminados a mano. En la época del
Rey Eduardo I de Inglaterra (1290), un ejemplar manuscrito completo de la
Biblia costaba lo que un obrero ganaba en quince años. Pocos libros han
sido tratados con tan amorosa minuciosidad.
Una historia
así demuestra el carácter sobrenatural de la Biblia, pues solamente un
libro protegido por la mano misma de Dios podría sobrevivir inalterado a
través de los milenios, sin tomar en cuenta todos los ataques que ha
tenido y los intentos por desprestigiarlo y eliminarlo que no han podido
prevalecer en su contra.

Moisés y la
cultura de Egipto
Un hecho
sorprendente, que confirma la proveniencia de la Biblia directamente de Dios, es
la historia misma de Moisés, el escritor del Pentateuco, o los cinco
libros de la ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Moisés
nació en Gosén, Egipto, alrededor del año 1571 a.C. En ese tiempo, el
Faraón había ordenado que murieran todos los vástagos varones de los
hebreos, pero la madre de Moisés lo escondió durante sus primeros tres
meses. Después, no tuvo alternativa más que dejar al niño en una canasta
entre los juncos del Nilo, para ver si se podía salvar. La hermana de
Moisés se quedó para vigilar. La princesa egipcia, que se cree era una
esposa sin hijos, vino a bañarse en el río sagrado. Vio la canasta y
ordenó que se la trajeran. Fue conmovida por el pequeño, y decidió
quedarse con él y criarlo como su propio hijo. La hermana estuvo a la mano
para sugerir una nodriza hebrea: la propia madre del bebé. Esta fue la
primera parte del entrenamiento de Moisés—un entrenamiento en casa en
la religión verdadera, en la fe en Dios, en las promesas a Su pueblo, en
la vida de un santo,—un entrenamiento que jamás olvidó, aun entre los
esplendores y el pecado revestido de oro de la corte de Faraón. El niño
fue adoptado por la princesa, y desde ese momento en adelante, por muchos
años se le puede considerar como un egipcio. Como príncipe egipcio obtuvo
una educación acorde a su rango; y "fue enseñado en toda la sabiduría
de los egipcios" (Hch 7:22), la cual en ese entonces era extensa en
civilización y entendimiento, adelantada a cualquier otro pueblo del
mundo, rica en lo académico. Esta fue la segunda parte del
entrenamiento de Moisés, preparándolo para un alto oficio, y para el
liderazgo.<2>
"Era poderoso en palabras y obras",
dice Hch 7:22. (La tercera parte de su entrenamiento la obtuvo como
pastor en el desierto, aprendiendo paciencia, apacentando rebaños, que no
diferirían mucho de los hebreos que guió en el Éxodo).
Lo interesante
de esto es que en los escritos de Moisés no encontramos influencia alguna
de su adoctrinamiento como egipcio, y vaya que los egipcios tenían una
explicación para todo, predominantemente sobrenatural y regida por sus
innumerables dioses mayores y menores, locales y nacionales.
Egipto es una
tierra que sobrevive gracias al Nilo. De hecho el Nilo es la vida
de Egipto. El país dependía de la Inundación anual – el levantamiento del
Nilo, debido a las intensas lluvias a miles de kilómetros en Abisinia, que
inundaban tanto el valle como la mayor parte del delta de junio a octubre
cada año, dejando un grueso depósito de lodo y sedimento en el cual las
cosechas crecían con sorprendente fertilidad – todo tipo de grano y
verduras, y frutas tales como uvas, melones y dátiles. Los antiguos
historiadores le llamaban "la canasta de pan" del Medio Oriente.
Si la
inundación era demasiado pobre, Egipto encaraba una hambruna, y muchos
morían a causa de ella cuando los ‘años flacos’ se seguían unos a otros y
los faraones no contaban con un José que previsoramente almacenara
alimento en los años buenos<1>.
Con la muerte
siempre tan cercana, los antiguos egipcios desarrollaron una obsesión por
ella, sin que ello menoscabara su existencia. La vida cotidiana estaba
regida por los mandatos del más allá; todo, tanto nociones científicas
como textos literarios y majestuosos edificios y monumentos enfatizaban la
excelsa eternidad de los dioses frente a la fragilidad humana. Egipto se
caracterizó por ser netamente pagano.
Ra, después
conocido como Amón-Ra, el dios-sol, era la primera y más importante de las
deidades egipcias – y el río Nilo mismo era la segunda, a veces adorado
como Khnemu, pero más a menudo como parte del principio entero de la vida
y reproducción que vino a ser encerrado en la persona de la diosa Isis.
Pero Osiris,
dios del mundo de los muertos, era el hermano y esposo de Isis y era el
mayor dios de todos – porque todos los muertos regresarían a la tierra
cuando él, el primer faraón humano de Egipto, regresara para ser el eterno
Faraón. De igual manera se creía que cada faraón era un dios en la tierra
que se convertiría en un dios en el mundo de ultratumba—el Duat donde
reinaba Osiris.
Conocemos
muchos trozos de las historias y mitos egipcios gracias a que se
preservaron en los templos mortuorios y pirámides, y en las tumbas de
reyes y reinas, los cuales fueron construidos de la piedra más duradera
para asegurar que permanecieran por la eternidad. Inclusive, en algunas
tumbas demasiado pobres para tener inscripciones o grabados en piedra, las
historias e instrucciones del Libro de los muertos se han hallado
en rollos de papiro conformando la "Guía hacia la tierra de los muertos",
de vital importancia, pues les instruía acerca de cómo superar el juicio
de Osiris.
El concepto
del origen del mundo de acuerdo a los egipcios era completamente diferente
del registrado en Génesis, y la idea de un solo dios se dio en Egipto unos
doscientos años después de que Moisés estuvo allí (1375 a.C.) y no
tuvo auge… En la Revolución de Amarna, Amenhotep IV intentó cambiar la
religión politeísta y a Amon-Ra por la adoración de Atón ‘el único dios
junto al cual no hay otro’. Insistía en que Atón era un dios de bondad,
misericordia y clemencia (radicalmente diferente de los dioses egipcios
tradicionales… Más bien parecido a Jehová…¿?). Deseaba que todos los
egipcios adoraran al mismo dios, y ordenó que los nombres e imágenes de
Amon-Ra y otros dioses fueran destruidos. Inclusive cambió su propio
nombre a Akhenatón, mas estos cambios disgustaron a aquellos que
preferían la manera antigua de hacer las cosas, su poder como gobernante
se debilitó, y su sucesor, Tutankhamón (de fama mundial por el
hallazgo en 1922 de su tumba sin saquear), regresó a la nación a la
adoración politeísta de Amón, Osiris, Isis y demás deidades, de las cuales
no se apartarían hasta la caída de Egipto en manos de Alejandro Magno en
el año 332 a.C., cuando se incorporaron aspectos helenísticos a la
cultura.
La historia de
la creación de Génesis atribuye todo al Creador. La historia egipcia del
origen del mundo lo presenta como surgido de un caos oceánico primigenio
–reflejo de la influencia del Nilo en sus vidas– que amenazaba volver a
devorarlo, y la voluntad de los dioses era la única garantía de
equilibrio. <3>
Proliferaban todo tipo de divinidades antropomórficas y zoomórficas, a
quienes los egipcios consideraban diversas manifestaciones o aspectos de
la deidad primordial. Predominaba una u otra dependiendo del clima
político que se vivía.
Según el
relato egipcio, recopilado de varios fragmentos esparcidos en diferentes
tumbas de distintos periodos, de Nun, el espíritu de las aguas, surgió Ra
el Ser Brillante, quien entonces hizo a Thoth, el dios de la sabiduría y
la magia. Ra también hizo todo el mundo, dando origen al dios Shu, el
viento; Geb, la tierra; Nut, la diosa del cielo, que extendía su manto
para hacer caer la noche; Hapi, el sagrado Río Nilo… y fue haciendo todas
las demás cosas que existen a partir de un monte primordial. Entonces él
mismo se hizo humano para ser el primer faraón, y reinó durante miles de
años sobre Egipto. Sin embargo, se hizo viejo, porque estaba decretado que
ningún hombre podía vivir para siempre. Ya no podía gobernar bien su
tierra, por lo que Apophis, el dios del mal, se aprovechó y entró en las
almas de los hombres, provocando que se rebelaran en contra de Ra. Por
consiguiente, Ra tuvo que castigar a los egipcios con el ataque de la
diosa Sekhmet, la leona asesina, que mató a todos los hombres malvados…
pero cuyo apetito sanguinario no era posible saciar. Ra se vio forzado a
tenderle una trampa, y embriagándola, consiguió que en un día y una noche
enteros no matara a nadie, por lo cual la pudo convertir en Hathor la Dama
del amor, cuyo poder sobre la humanidad era mayor que antes, dándosele así
al hombre una nueva delicia y un nuevo tormento. Las siete hijas de
Hathor, las Hathores, son las que tejen la red que da forma a la vida de
cada ser humano.
Pero Thoth
pronunció una profecía que disgustó a Ra: si Nut (la diosa del cielo)
tenía un hijo, éste sería el faraón de Egipto. A través de artimañas, Nut
consiguió dar a luz cinco hijos: Osiris, el señor de todo y rey;
Harmaquis, Set, Isis, y Neftis.
Osiris se casó
con Isis, y Set se casó con Neftis. Pero ni Osiris ni Isis gobernaban
todavía sobre Egipto, así que nuevamente usando engaños, Isis aprendió
toda la magia existente y la usó en contra de Ra para poder destronarlo.
Él dejó de ser faraón en la tierra y tomó su lugar en el cielo, donde día
a día, cruzaba del este al oeste bajo la apariencia del Sol, y por la
noche pasaba por debajo de la tierra a través de las doce regiones
llamadas Duat por las cuales los espíritus de los muertos también tenían
que pasar para ganarse el reino eterno de Ra.
A partir de
este momento, se suscitaron entre los dioses una serie de traiciones,
peleas y estratagemas, que incorporando artilugios y magia, dieron lugar a
la sucesión reinante de Egipto: Osiris y luego su hijo Horus (el
Vengador), después de quien Egipto fue gobernado por hombres, que se creía
eran hijos de los dioses en espíritu y eran adorados como tales y se
suponía estaban dotados de poderes divinos– aunque cometieran errores como
ordinarios mortales. <4>
En la época en
que Moisés fue criado en Egipto, prevalecía la idea de que la tierra
estaba apoyada en cinco columnas, y se había incubado en un gran huevo
cósmico que tenía alas y volaba. Los hechos científicos aceptados en
Egipto en esos tiempos sugerían que mientras volaba aquel enorme huevo,
dentro de su cáscara se terminó el proceso de mitosis, y así surgió este
mundo. <4>
Las historias de los dioses eran religiosas, y no necesariamente eran
tomadas como conocimiento científico, por lo que los sabios egipcios
ofrecían otro tipo de explicaciones cosmogónicas. Si Moisés hubiera
escrito de su propia inspiración, si él hubiera inventado todo, hubiera
incorporado versiones más o menos cercanas a lo que se le había enseñado
en Egipto. Pero en sus escritos encontramos una revelación única de
moralidad, principios y verdad impresionantes, la cual solamente pudo
provenir de Quien es el Autor de todo.

Interrelación
de los libros
Si actualmente
les propusiéramos a tres escritores que nos redactaran una historia épica
de 300 páginas, cada uno una sección, dándoles una idea general de la
trama, lo que uno escribiera no tendría nada de concordancia con lo del
otro. Sus escritos se contradecirían, el mismo personaje acabaría siendo
un individuo de personalidades múltiples debido a las enormes diferencias
que habría en su comportamiento de una sección a otra; los sucesos no
tendrían relación unos con otros, el inicio de uno chocaría con el final
de otro... Y al final, veríamos que es imposible lograr algo coherente de
tres personas diferentes, aunque estén vivas al mismo tiempo. Cuán
maravilloso es el hecho de que la Biblia sí haya podido escribirse con una
mecánica semejante, pero con resultados impresionantemente perfectos.
La manera en
que todos los libros de la Biblia están en perfecta armonía, y ninguno
contradice a otro es otra evidencia más del carácter divino de su
paternidad, tomando en cuenta la diversidad cultural de casi 40
escritores, con varios siglos entre unos y otros.
Toda la
Palabra de Dios está llena de referencias a otros libros dentro de ella
misma, y el mismo Señor Jesús con autoridad definitiva ratificó sin
reserva alguna el Antiguo Testamento. De hecho, él mismo nos dice: "Porque
de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni
una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido." (Mt
5:18) En el transcurso de Su ministerio, citó en múltiples ocasiones los
escritos del Pentateuco, de los profetas y los otros libros. Si esos
libros no fueran realmente inspirados por Dios, no los hubiera
autentificado Jesucristo, quien es Dios mismo. Es evidente en la cantidad
de veces que menciona las palabras "Escrito está" o similares para
referirse a porciones del Antiguo Testamento. Jesús dijo que lo que estaba
escrito en el Antiguo Testamento hablaba de Él (Lc 24:27; Jn 5:39; He
10:7). Es irrefutable que el Señor Jesús dio el sello de Su aprobación a
las Escrituras.
Pablo también
da testimonio vehemente de que habló "con palabras que enseña el
Espíritu" (1 Co 2:13), y dijo en 2 Ti 3:16: "Toda la Escritura es
inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir,
para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra." El Nuevo Testamento
constantemente equipara el concepto de "Palabra de Dios" con el Antiguo
Testamento (Mt 21:42; 22:49; 26:54, 56; Lc 24; Jn 2:22-26; 5:39; 10:35;
Hch 17:2, 11; 18:28; Ro 1:2; 4:3; 9:17; 10:11; 11:2; 15:4; 16:26; 1 Co
15:3, 4; Gá 3:8; 3:22; 4:30; 1 Ti 5:18; 2 Ti 3:16; 2 P 1:20-21; 3:16). La
unidad interna de la Biblia no se puede explicar como coincidencia, debe
provenir de un sólo y único Autor.

PROFECÍAS CUMPLIDAS
Otro aspecto
que da evidencia de la veracidad de las Escrituras son las profecías allí
contenidas. Hay muchas de éstas que se cumplieron dentro del periodo que
abarca la Biblia, y en ella se menciona su cumplimiento. Hay muchas otras
que se ejecutaron posteriormente, y los anales de la historia testifican
de ello. Dios nos dice que hay una manera de saber si un profeta habla en
Su nombre o si es falso: "Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y
no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha
hablado; con presunción la habló el profeta; no tengas temor de él"
(Dt 18:22). "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos;
porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y hay nada semejante a mí, que
anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún
no he hecho" (Is 46:9, 10). "En esto conoceréis…" es profecía
predictiva, cuyo cumplimiento da autenticidad al contenido de la Biblia.
Las profecías
bíblicas son específicas, reales y detalladas; son únicas, puesto que en
ningún otro escrito considerado sagrado o secular existe algo similar.
Inclusive los famosos "adivinos" modernos, que predicen desde el inicio
del año lo que va a suceder en su transcurso, se equivocan en la mayoría
de sus predicciones. (Tienen un porcentaje de aciertos de menos de 3%).
Eso explica que ganen su sustento trabajando como adivinos y no sacándose
la lotería cada semana. Es imposible animarse a hacer profecías
predictivas específicas, porque se basan en demasiadas situaciones
condicionales de "si…".
Aún los
oráculos sibilinos daban declaraciones ambiguas, que podían cumplirse con
facilidad sin importar cuál fuera el resultado. ("El enemigo de Roma
será destruido", le dijo el oráculo al emperador Majencio cuando lo
atacaban. Salió confiado a luchar, y fue él, el emperador romano, quien
fue vencido y muerto por Constantino. Parece que el enemigo era él, y no
su oponente. En este caso, fuera quien fuera el que resultara vencedor, se
cumplía.)
Pero las
profecías bíblicas necesariamente tienen que cumplirse con exactitud.
Hay más de 2000 profecías específicas que ya se han ejecutado, como
las relacionadas con Tiro, Sidón, Samaria, las ciudades de Edom (entre las
cuales se encuentra Petra), Nínive… También todas las profecías
anunciadas acerca del Mesías se cumplieron cabalmente (hay al menos
300 de ellas, y no faltó ni una de cumplirse), al igual que las profecías
del exilio de los judíos a Babilonia… pero veamos algunas que tuvieron su
realización en tiempos extrabíblicos, lo que las hace más fáciles de
verificar y brinda mucha mayor credibilidad.

Babilonia
Era tal vez la
ciudad más grande y magnífica de la antigüedad. Sus muros tenían unos 23
kilómetros por lado, es decir, 90 Km alrededor. Tenía un área de más de
500 kilómetros cuadrados, y sus jardines colgantes se consideraban una de
las siete maravillas del mundo antiguo. Era magnífica, sé auto abastecía,
y sus habitantes eran cultos. En cuanto a ciencia, avanzó más que todos
los pueblos que la precedieron, pero no obstante toda su importancia, Dios
dijo: "Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de
los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios" (Is
13:19) Hay más de cien profecías concernientes al destino de Babilonia.
Las principales de ellas se encuentran en Isaías 13:19-22; 14:23; y
Jeremías 50: 13, 39; 51:26, 43, 58, 62. Estas mencionan que sería
destruida, nunca más sería habitada, los árabes no acamparían allí, no
habría en ella ovejas, sus ruinas serían guarida de fieras, estaría
cubierta por lagunas de agua, sus piedras no serían reutilizadas para
construir nada más, y sus murallas serían derribadas; entre otras cosas.
¿Se cumplió
todo esto? Sí. Los persas, al ver que Babilonia era inexpugnable, la
atacaron desde dentro a través de unos traidores babilonios y desviaron el
río Eufrates, que atravesaba la ciudad, para dejar libre el espacio que
éste ocupaba debajo de sus gigantescas murallas y penetrarla por ahí. En
el 539 a.C., Babilonia cayó ante Ciro de Persia y desde ese momento inició
la decadencia de la ciudad. Jerjes la saqueó y derribó varios templos y
monumentos. Alejandro Magno intentó reconstruir las partes en ruinas y
hacerla capital de su imperio, pero cayó víctima de una rara enfermedad
incurable antes de poder llevar a cabo el proyecto y murió en Babilonia en
el 223 a.C. Ni el más grande conquistador pudo alterar lo decretado por la
Palabra de Dios. Los sucesores seléucidas de Alejandro abandonaron todo
intento de reconstrucción y la ciudad fue desintegrándose poco a poco, en
una larga agonía mortal. En el 363 d.C. Juliano el Apóstata ordenó la
destrucción de los muros de Babilonia, de los cuales no quedó nada.
Observadores
diversos relatan que el antiguo sitio de Babilonia está desolado, habitado
solamente por bestias salvajes; no hay majadas en sus alrededores; ni los
beduinos se atreven a pasar la noche allí debido a supersticiones y aunque
se han tomado ladrillos de Babilonia para construir otras edificaciones en
lugares de los alrededores, las piedras que fueron importadas a Babilonia
nunca han sido movidas. Hasta la profecía de que sería cubierta por las
aguas se cumple, pues en cierta época del año, el río Eufrates sube y
cubre parte de la ciudad, dejando pantanos inaccesibles. Mas luego se seca
y se convierte en un vasto desierto, quemado por el implacable sol. Dios
predijo la desolación de Babilonia mucho antes de que alguien se pudiera
imaginar que pudiera caer así. Los castigos que Dios promete se efectúan.

Esclavos
judíos en Egipto
Esta es una
profecía breve, encontrada en el libro de Deuteronomio, capítulo 28:68: "Y
Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te ha
dicho: Nunca más volverás; y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por
esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre." Es parte de la
maldición que vendría como consecuencia de la desobediencia del pueblo
hebreo. Se cumplió enteramente 1500 años después, cuando tras la caída de
Jerusalén en el 70 d.C., el mercado de esclavos de Egipto se llenó a tal
grado de cautivos israelitas, llevados en barcos por los romanos, que no
hubo compradores suficientes. Esta bien puede parecer una profecía sin
importancia por su brevedad, pero en vista del tiempo transcurrido entre
su pronunciamiento y su realización plena, apoya patentemente la realidad
de que las profecías bíblicas se cumplen al pie de la letra.
Una nación en
un día
El Estado
moderno de Israel es otro magnífico ejemplo de profecías aparentemente
imposibles de llevar a cabo, realizadas. En el Antiguo Testamento la
nación de Israel sufrió una gran deportación a Babilonia, durante la cual
se quemó la ciudad de Jerusalén y el templo. Después de setenta años, Dios
permitió que el remanente regresara, alrededor del 536 a.C. y
reconstruyeron el templo. En el año 70 de nuestra era hubo una segunda
deportación, cuando los romanos bajo Tito nuevamente destruyeron Jerusalén
y dispersaron a los judíos (a algunos los esclavizaron y vendieron).
¿Quién podría haberse imaginado que después de ser conquistado, todo su
pueblo exiliado y su territorio finalmente absorbido por los árabes,
Israel pudiera nuevamente ser reconocido como nación? Sin embargo, el
libro de Isaías declara en el 66:8-23 que Israel volvería, así como en el
27:12 y 13 (hay muchas citas más). El 14 de mayo de 1948, se decretó la
formación oficial de este país, que prácticamente comenzó a existir de la
noche a la mañana, puesto que al día siguiente los británicos, quienes
habían tenido el territorio bajo su control, se retiraron y dejaron libre
al nuevo Israel. (Conviene saber que los judíos de los tiempos bíblicos se
conocen como israelitas, mientras que los judíos modernos que
habitan en Israel se denominan israelíes).¿No es admirable la
manera en que se cumple la Palabra? Llegaron judíos de todas partes del
mundo, conservando todavía su identidad nacional después de
alrededor de mil novecientos años de haber salido de su tierra (la
identidad nacional se pierde a las cinco generaciones, como norma en todos
los casos de absorción de pueblos por otros—esto constituye un milagro en
sí). Nació así una nación que ahora es una gran potencia militar y que
puede muy bien gobernarse sola.

La Guerra de
los Seis Días
Y
precisamente, esta joven nación es protagonista de otra profecía cumplida.
Consulta el Salmo 83, y lee en algún periódico viejo (de 1967) el recuento
de la Guerra de los Seis Días, en la cual los vecinos árabes atacaron a
Israel intentando recuperar sus antiguas posesiones, y ambos dicen lo
mismo. Veamos qué.
En los
versículos 3 a 5, dice que "Contra tu pueblo han consultado astuta y
secretamente, y han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho:
Venid, y destruyámoslos para que no sean nación, y no haya más memoria del
nombre de Israel. Porque se confabulan de corazón a una, contra ti han
hecho alianza". Así fue como se aliaron los árabes para atacar en
secreto, con la consigna de eliminar a Israel permanentemente, pues el 18
de mayo de 1967 Egipto le ordenó a la ONU que retirara sus fuerzas de la
frontera Egipcia-Israelí. La guerra estalló el 6 de junio entre Egipto e
Israel. Los mismos pueblos citados en los versículos 6 a 8 fueron los que
intervinieron en el conflicto armado (Líbano, Egipto, Irán, Irak, Siria,
Jordania en sus nombres actuales). Sin embargo, aunque ellos esperaban
obtener una victoria rápida y segura, Israel atacó de inmediato, como un
relámpago en rapidez y poder, y bombardeó las bases aéreas egipcias,
eliminando la fuerza aérea completa de aquel país. También dañó
severamente las fuerzas aéreas de Siria, Jordania e Irak. Los árabes nunca
esperaron que Israel estuviera tan bien armado y organizado. "Hazles
como a Madián…que perecieron… fueron hechos como estiércol para la
tierra…Pon a sus capitanes como a Oreb…que han dicho: Heredemos para
nosotros las moradas de Dios." (v. 9-11). Después de capturar toda la
península del Sinaí, Israel ocupó la Franja de Gaza, Jerusalén del Este y
Cisjordania (Judea y Samaria) en cuatro días. Entonces se volvió hacia el
frente sirio y tomó las Alturas de Golán. "Dios mío, ponlos como
torbellinos, como hojarascas delante del viento, como fuego que quema el
monte, como llama que abrasa el bosque. Persíguelos así con tu tempestad,
y atérralos con tu torbellino. Llena sus rostros de vergüenza, y busquen
tu nombre, oh Jehová. Sean afrentados y turbados para siempre; sean
deshonrados y perezcan" (v. 13-17). El 11 de junio se dieron los ceses
al fuego de la ONU, y la guerra terminó. Realmente fue un evento
vergonzoso para los árabes, pues en lugar de deshacerse de Israel de una
vez para siempre, perdieron una gran cantidad de territorios, y
demostraron al mundo la permanencia de la nueva nación israelí.
Actualmente,
después de otros conflictos armados más y varias pláticas y tratados para
conseguir la paz, desde 1993 Israel ocupa aproximadamente el territorio
que Dios le prometió a su pueblo en el Antiguo Testamento: la Tierra
Prometida de antaño.

EVIDENCIAS HISTÓRICAS Y
ARQUEOLÓGICAS
En 1798 en una
expedición de Napoleón se halló la Piedra de Roseta en Egipto, y al poder
traducirse sus inscripciones en griego, cóptico y jeroglíficos, surgió un
gran interés por la fascinante disciplina dedicada al estudio de los
restos de las civilizaciones humanas, que se conoce como arqueología. Lo
que más intrigaba al mundo a principios del siglo XIX, cuando iniciaba
esta ciencia, era si confirmaría o echaría por tierra la historicidad de
la Biblia, pues unos años antes una escuela de pensamiento llamada de
la alta crítica, nacida en Alemania, trató de desacreditar la Biblia
como la Palabra de Dios. Los eruditos cristianos comenzaron a callar, ante
el ataque de estos auto denominados sabios, y fue entonces cuando las
piedras comenzaron a clamar a gritos acerca de la exactitud de la Biblia.
Hay muchos
pasajes en ella que solamente tratan acerca de genealogías, ubicación de
docenas de lugares… y al leerlos, nos preguntamos por qué algo tan
aburrido está allí. Pero como lo dijo el erudito R. A. Torrey: "La
abundancia de detalles era como las marcas de filigrana en el papel, que
daban indeleble evidencia del tiempo y el plan de la manufactura"<6>
Mira cualquier billete a contraluz, y verás que el papel contiene
filamentos entretejidos, al igual que destellos metálicos y marcas de
agua. Esto se hace con el objeto de que no sea posible falsificar el
dinero… Igualmente, Dios no quería que Su Palabra fuera falseada, y quiso
dejar una sucesión de claras marcas en el "papel" que utilizó. Cada
detalle que ha sido analizado por la arqueología ha demostrado ser cierto.

Hallazgos
arqueológicos
Hubo un
erudito alemán que declaró que la mención en Génesis 14 de cuatro reyes
del golfo Pérsico que en tiempos de Abraham incursionaron en la península
del Sinaí, era descabellada. Otro crítico, Theodor Noldeke, dijo que la
crítica había refutado para siempre la pretensión de la Biblia de ser
histórica.<7>
Pero Génesis 14 afirma precisamente ser histórico.
Sabemos que
los personajes mencionados como parte de la coalición de reyes
mesopotámicos que invadieron el bajo Canaán tienen los nombres correctos,
asociados a los lugares correctos. Como lo dice Randall Price: "La
situación política descrita por la alianza de Génesis 14 y la de la
coalición transjordana de reyes en la cuenca del Mar Muerto sólo fueron
posibles en un periodo de la historia: la primera parte del segundo
milenio a.C." De acuerdo a las evidencias históricas existentes,
"hay razones de peso para considerar todo el conjunto como históricamente
correcto"<8>.
Otro detalle
frecuentemente criticado como absurdo era la existencia del pueblo heteo.
Los historiadores decían que tal pueblo nunca había existido, aunque se
menciona en ocho capítulos del Antiguo Testamento. Pero el doctor Hugo
Winkler encontró más de 40 ciudades de los heteos en la región que las
Escrituras dicen que habitaban. Como mayor confirmación, en las paredes de
un palacio en Egipto ¡se encontró escrito todo el tratado que se efectuó
entre los heteos y los egipcios, tal como lo menciona la Biblia!<9>
Ahora los heteos o hititas se
mencionan en los libros de historia y de texto, y aparecen en las
enciclopedias.
También les
parecía ridículo a los críticos que se relatara en Josué que los muros de
Jericó cayeron cuando los israelitas caminaron alrededor de la ciudad,
pues lo normal es que las murallas se desplomen sólo como consecuencia de
una tremenda embestida. Pero al encontrar Jericó, se constató que sus
muros efectivamente se derrumbaron enteros, permitiendo a los israelitas
trepar sobre las piedras y penetrarla con facilidad.
El notable
arqueólogo Sir William Ramsay, ateo descendiente de ateos, se dio a la
tarea de refutar la Biblia. Fue a Tierra Santa y se dedicó durante más de
25 años a buscar con qué hacerlo. Pero al final tuvo que reconocer que
Lucas había sido exacto en su relato hasta los más mínimos detalles, y
descubrió asimismo centenares de cosas que confirmaban la historicidad del
libro de Hechos. Finalmente, después de publicar libro tras libro,
conmovió al mundo de la crítica al declararse cristiano en uno de ellos.
Así también les ha sucedido a otros numerosos arqueólogos que han
intentado desentrañar el pasado, puesto que la Biblia ha demostrado ser
fidedigna como fuente histórica.<10>
Es
impresionante la cantidad de personas que salen dispuestas a demostrar que
el contenido de la Biblia es ficticio y al final tienen que reconocer que
es totalmente cierta, pues hasta las piedras y ladrillos de todo el Medio
Oriente hablan de Su verdad. El cristianismo es una fe histórica, y en su
trayectoria se puede observar que Dios ha participado en la historia con
muchos actos poderosos. La arqueología ha confirmado y completado muchos
aspectos de la historia bíblica, y nunca ha disputado punto histórico
alguno del relato bíblico. Una gran cantidad de descubrimientos aparte de
los ya mencionados ha despertado en los estudiosos un nuevo respeto hacia
los cronistas bíblicos. Miles de vidas han sido transformadas de esta
manera, haciendo creyentes convencidos de antiguos escépticos y
adversarios.

PRINCIPIOS CIENTÍFICOS
Otra manera
asombrosa, y de gran impacto en que la Biblia demuestra la Mano Poderosa
que la escribió es su contenido científico. A simple vista, parece que las
Escrituras tratan de todo menos Ciencia, pero al investigar más a fondo,
encontramos toda una serie de cápsulas informativas con un trasfondo
científico por demás adelantado a la época en que fue escrita.
La Biblia es
esencialmente un libro que le habla al hombre acerca de la necesidad que
tiene de Dios, que es un padre afectuoso que ama a sus hijos y cuida de
ellos. Este es el papel primordial de la Biblia, la razón por la que fue
escrita. La redención del hombre es la columna vertebral de la Biblia, y
sin este contenido, perdería su importancia. Pero también Dios nos
comunicó a través de ella conocimientos de Geografía, Astronomía,
Medicina, Física, Biología y otras disciplinas. En distintos momentos se
han considerado errados varios de esos conceptos, pero conforme han ido
avanzando los conocimientos del hombre, se han corroborado muchas de las
cosas que dice la Biblia. Se confirma vez tras vez que no contiene
errores.
Medicina
Los
descubrimientos de la medicina proporcionan constantes pruebas de la
veracidad de la Palabra de Dios. Después de que Dios sacó a su pueblo de
Egipto, les prometió que no les enviaría ninguna enfermedad de las que
habían hecho estragos entre los egipcios (Ex. 15:26): "Si oyeres
atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus
ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos,
ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque
yo soy Jehová tu sanador." Les dio reglas estrictas a seguir y,
efectivamente, la obediencia a ellas salvó a los hebreos de los azotes de
plagas epidémicas. Los egipcios en ese tiempo tenían un tratado médico, el
Papiro Ebers que proponía remedios para toda clase de aflicciones
desde una astilla enterrada (aplicarles sangre de gusanos y estiércol de
asno—curiosamente, los que usaban la receta tendían a morir de tétanos)
hasta la trepanación de cráneo para aliviar la tensión. (Nuevamente es
notorio que Moisés no incorporó ninguna de estas enseñanzas y creencias a
las instrucciones especificadas en el Pentateuco, aunque obviamente él
sabía de ellas. Esto demuestra lo literalmente que Moisés transcribió lo
que Dios le transmitió). Dios sí sabía lo que decía, y su pueblo no se vio
menguado por las enfermedades.
Al ritmo que
avanzan los descubrimientos médicos, se constata la sabiduría de los
preceptos bíblicos en cuanto a higiene y cuidado de los enfermos.
Las
instrucciones bíblicas respecto a la lepra (Lv 13:46) son un método eficaz
para controlar enfermedades infecciosas de la piel, y no tienen igual en
la historia humana antigua. Pueden considerarse como el primer modelo de
leyes sanitarias. La lepra se extendió en la Europa medieval de tal manera
que cobraba una terrible cantidad de vidas. La ciencia nada tenía que
ofrecer, y fue la iglesia la que emprendió la tarea de combatirla con los
preceptos establecidos en Levítico, llevando a cabo una metódica
erradicación de la enfermedad. Sin embargo posteriormente en Noruega se
relajó el cuidado que se tenía de seguir estos principios, creyéndose que
la lepra era hereditaria, y como consecuencia se extendió de una manera
devastadora en aquel país. A fines del siglo pasado se puso en efecto el
Decreto Noruego, que ordenaba a los leprosos vivir en aislamiento
preventivo separados de sus familias, pues se identificó la bacteria que
la producía. En 1856 había en el país nórdico 2858 leprosos. Al principio
de este siglo sólo quedaban 577, disminuyendo pronto a 69. Para 1930, los
espectaculares descubrimientos de la ciencia permitieron a Noruega
erradicar esa enfermedad; pero las precauciones adoptadas habían sido
escritas por Moisés casi 3500 años antes.
No obstante
que la lepra dejó de hacer estragos en Europa, otras enfermedades seguían
diezmando a la población, tales como el cólera, la disentería y la fiebre
tifoidea. A finales del siglo XVIII las medidas higiénicas eran bastante
primitivas, y se perdió un gran número de vidas debido a las enfermedades
infecciosas. Esto se podría haber evitado si el hombre hubiera atendido a
la provisión de Dios para liberar a la humanidad de enfermedades de este
tipo.
Contra las
enfermedades gastrointestinales, la Biblia recomienda: "Tendrás un
lugar fuera del campamento a donde salgas; tendrás también entre tus armas
una estaca; y cuando estuvieres allí fuera cavarás con ella, y luego al
volverte cubrirás tu excremento" (Dt 23:12-13). Aquí se proponía el
saneamiento, pero la teoría de la propagación infecciosa de enfermedades
surgió hasta 3500 años después.
Ignaz
Semmelweis fue el primer médico en darse cuenta de que lavarse las manos
evitaba la dispersión de enfermedades entre pacientes en los hospitales.
En el hospital de Viena en donde trabajaba como responsable de una sala de
obstetricia, moría una de cada seis mujeres en los pabellones de
maternidad. Tal dolor y sufrimiento le llevó a buscar sin tregua la causa
de ese número astronómico de muertes. La observación cuidadosa lo hizo
descubrir que la mayoría de las muertes se daban en la sala que examinaban
los estudiantes de medicina. Supuso que estaban extendiendo la enfermedad
a las pacientes vivas de los cadáveres a los que practicaban las
autopsias. Para probar esta teoría, en abril de 1847, requirió que todos
los médicos y estudiantes se lavaran las manos antes de examinar a las
pacientes. En junio, sólo murió 1 de cada 42; y en julio, 1 de cada 84,
llegando a una taza de mortalidad de 1%.
Cierto día,
después de lavarse las manos, los médicos y estudiantes examinaron a las
mujeres de una fila de doce camas. Enseguida a once de ellas les subió la
fiebre y murieron. Entonces Semmelweis dedujo algo más: el elemento
misterioso causante de las muertes sin duda se transfería de una paciente
a otra. Lógicamente, ordenó que todos los médicos y estudiantes se lavaran
cuidadosamente las manos entre paciente y paciente. Inmediatamente se dejó
venir la protesta contra tal fastidio. Por conflictos con sus superiores
Semmelweis fue despedido del hospital, su sucesor tiró todas las
palanganas y la tasa de mortalidad subió de nuevo a sus antiguas y
aterradoras cifras.
Instituyó sus
procedimientos de lavado de manos en otros hospitales y obtuvo los mismos
resultados: una drástica disminución de muertes. Aunque sus métodos
funcionaban, eran ridiculizados por la medicina tradicional; el prejuicio
de los demás médicos evitó que se dieran cuenta de la gran verdad que
Semmelweis había descubierto. Tuvieron que pasar varios años antes de que
reconocieran su trabajo, cuando él ya había muerto, irónicamente, de una
infección sanguínea. Actualmente, se reconoce el lavado de manos como la
característica más importante del control acertado de infecciones, y es
requisito imprescindible antes de toda cirugía.
Empero, muchos
siglos antes de Semmelweis, Dios dio a Moisés instrucciones detalladas
acerca del método más seguro para limpiarse las manos después de tocar a
personas muertas o contaminadas en Nm 19. Esto concuerda con los
procedimientos modernos de asepsia. Inclusive da la receta para la
preparación de un jabón bactericida y antiséptico, sorprendentemente
parecido al preparado que se usa ahora en los hospitales. A partir de
1876, cuando entró en vigor el método aséptico de lavado de manos e
instrumentos, hubo un descenso muy marcado en los índices de mortalidad.
Por último, los trabajos de John Tyndall, Luis Pasteur, Robert Koch y Sir
Joseph Lister suministraron pruebas visibles que acabaron de disipar la
renuencia médica al lavado de manos. ¡Qué lástima que les tomó tanto
tiempo a los cirujanos entender los principios bíblicos que podrían haber
evitado tan alto precio en vidas humanas!<11>
Otra área en
la cual la Biblia es rotundamente acertada es en cuanto a la prevención de
enfermedades venéreas y el SIDA. Sus recomendaciones son tan sencillas
como no fornicar, no cometer adulterio y considerar la homosexualidad como
abominación. Si el hombre hiciera caso de estas medidas, no existirían
este tipo de padecimientos. Pero la gente insiste en vivir la vida a su
manera, y cada día hay más casos de enfermedades transmitidas sexualmente.
Los sistemas de salud se limitan a proponer el ejercicio del "sexo
seguro", es decir, el uso del preservativo. Lamentablemente, lo único que
preserva es la promiscuidad de la gente, no su salud.
La Biblia
inclusive va más allá de las enfermedades físicas y pone atención en las
actitudes del corazón que provocan tanta muerte y dolor como las primeras.
La psiquiatría moderna nos dice que una de las causas de que haya tanto
sufrimiento en el mundo es la falta de amor entre los seres humanos, y que
la salud mental depende del amor. ¿No es eso mismo lo que dice la Palabra
de Dios? Cuántas penas menos tendríamos si hiciéramos caso de la
maravillosa medicina preventiva que hallamos en el Manual de Instrucciones
que nos proporcionó nuestro fabricante. No en vano nos declara que Él será
nuestro Médico y Sanador. ¿Es necesario que la ciencia "redescubra" todas
estas verdades para que estemos dispuestos a aplicarlas en nuestras vidas?
¿No es Él la fuente más fidedigna que podemos tener en cuanto al cuidado
de nuestro cuerpo y nuestra mente? El no solamente trata nuestro ser
físico y emocional… también se dedica a sanar el espíritu humano, y para
eso, ninguna área de la medicina moderna funciona.

Otras áreas
El adelanto de
las Escrituras es patente en otras áreas científicas. Por ejemplo, una de
las declaraciones que hace Dios respecto a la tierra es que es redonda, Is
40:22 "Él está sentado sobre el círculo de la tierra…" y Pr 8:27 "…
trazaba el círculo sobre la faz del abismo." Hacia el siglo 2 a.C.
Eratóstenes calculó la circunferencia de la Tierra, mas luego el hombre
olvidó este dato y el temor a lo desconocido le hizo creer que la tierra
era plana. También se indica la manera en que está sostenido nuestro
planeta en Job 26:7: "El… cuelga la tierra sobre nada". Inclusive
manifiesta que hay corrientes en el océano en Sal 8:8 "…todo cuanto
pasa por los senderos del mar".
Jeremías,
desde el siglo 6 a.C. dejó escrita una verdad innegable: "Como no puede
ser contado el ejército del cielo…" (Jer 33:22; también en el 31:37 y
Gn 15:5, 22:17). El tamaño del universo es inconmensurable, aún con los
más potentes telescopios modernos, no se sabe hasta dónde se extiende. Ni
siquiera es posible representarlo a escala miniatura, pues aunque
hiciéramos a la tierra de un diámetro de un milímetro, la estrella
Próxima Centauri, que es la más cercana, ¡tendría que colocarse a
treinta kilómetros de distancia! Y eso sería considerando solamente en una
pequeña parte de la Vía Láctea, la galaxia en la que vivimos. (Hay cientos
más de galaxias, si no es que miles.)
La Palabra
declara que las estrellas producen sonido (Job 38:7) "…cuando alaban
las estrellas del alba", ¡y la ciencia lo acaba de descubrir! Isao
Tomita, un compositor moderno que gusta de usar la última tecnología
compuso una pieza usando la "música de las estrellas"– los patrones
reproducibles de las longitudes de onda que emiten los astros.
Las partículas
subatómicas no se pueden ver, pero eso Dios ya lo sabía y nos lo dice en
Hebreos 11:3 "…lo que se ve fue hecho de lo que no se veía".
No fue sino
hasta el siglo XVII que se descubrió que el aire tenía peso (es decir, la
presión atmosférica). Pero la Biblia lo había dicho tres mil años antes,
en Job 28:25: "Al dar peso al viento…".
También el
concepto del vacío mencionado en Job 26:7: "Él extiende el norte sobre
vacío" era ridiculizado. Pero hoy la existencia de éste es una
realidad en los medios científicos. La ley de la inercia de Newton, uno de
los principios básicos de la Física, habla de él.
Precisamente,
es el gran Newton uno de los más distinguidos científicos y a quien
debemos el descubrimiento de varias leyes fundamentales de la física. El
se sintió impelido a buscar la manera de explicar los fenómenos como el
movimiento y la gravedad porque estaba seguro de que la tierra había sido
hecha por Dios, y por consiguiente, tenía que haber leyes que rigieran lo
que sucede en ella, puesto que Dios es un Dios de orden y planeación.
La ciencia
verdadera no destruye la fe, y la fe no se contrapone a la ciencia
verdadera. Sir Francis Bacon, precursor de la ciencia moderna, dijo: "La
poca ciencia lleva al hombre a la incredulidad, al ateísmo; en cambio, la
ciencia verdadera lo lleva a Dios." Los verdaderos científicos son
aquellos que reconocen que dentro del diseño de lo más pequeño que existe
(las partículas subatómicas) y lo más grande que el hombre pueda conocer
(el universo), se distingue la firma del Diseñador. Hay una ciencia que
afirma la existencia de Dios y señala hacia Él; y una que prescinde de
Dios. Citando al escritor Geziel Gomes: "La verdadera ciencia es
absolutamente compatible con la Biblia. ¿Cómo es posible que el Libro de
los libros sea contrario a la ciencia legítima, si es la revelación
personal de Jesucristo, ‘en quien están escondidos todos los tesoros de la
sabiduría y del conocimiento’ (Col 2:3)?" Cada nuevo descubrimiento de
la ciencia es una nueva revelación del orden con que Dios construyó su
universo. El Salmo 94 dice: "Entended, necios del pueblo; y vosotros,
fatuos, ¿cuándo seréis sabios?… ¿No sabrá el que enseña al hombre la
ciencia?" (v. 8 y 10b). <12>
En mi
experiencia como Ingeniero, he visto que no es posible pensar en leyes
físicas o químicas que se cumplen una y otra vez, sin concluir que Alguien
tuvo que haberlas diseñado para regir un mundo que necesitaba de ellas
para tener algún método y coherencia. Precisamente, por eso son leyes y no
meras suposiciones, y funcionan perfectamente sea que las conozcamos o no.
Pensemos en la ley de la gravedad… aunque no la conociéramos, como quiera
al soltar algo, se caería. No por desconocer la gravedad los objetos van a
flotar—la aplicación de la ley no depende de que uno esté enterado de que
existe. Es parte de un diseño preciso y perfecto, y es ciencia pura.
Después de todo, Dios dice en Isaías 44: 25 y 26: "Yo [soy] Jehová, que
lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí
mismo; que deshago las señales de los adivinos y enloquezco a los
agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría."
¿Quién más sabio qué Él, que creó las leyes que gobiernan la naturaleza y
también a la ciencia? De hecho, son estas leyes las que hacen ciencia de
la ciencia.

VERACIDAD
DEMOSTRADA
La Biblia
cumple con los siguientes requisitos para considerarse auténticamente
escrita por Dios:
Ha sido
transmitida con precisión desde el tiempo en que fue escrita.
Es correcta al
tratar de personajes y acontecimientos históricos. No confunde nombres,
sucesos ni fechas, y la arqueología confirma cada vez más su exactitud.
Está
desprovista de absurdos científicos. No hay punto de la Biblia que sea
ridículo, a pesar de los grandes avances que ha tenido la ciencia en los
últimos tiempos. <13>
No solamente
cumple lo anterior, sino que lo sobrepasa, y de manera verificable. Tiene
completa unidad y armonía, puesto que la historia que encierran las
Escrituras es de principio a fin una sola: la redención del hombre.
Jesús lo
afirmó categóricamente: "Tu palabra es verdad." (Juan 17:17).
Profundicemos
en ella para poder llegar a ser verdaderamente sabios y experimentar en
nuestras propias vidas su poder transformador.
Referencias:
(I) Diccionario Bíblico de Peloubet,
1947, The John C. Winston Company, Philadelphia, EE.UU.
(II) ibídem
(III) Enciclopedia Hispánica, Encyclopaedia
Britannica Publishers, Inc. , 1995-1996, EE.UU., Vol. 5, pág. 297-309.
(IV) Tales of Ancient Egypt (Narraciones del
Egipto Antiguo), Roger Lancelyn Green, Puffin Books, 1984, pág. 9-48.
(V) Evidencias de un Creador, Abraao de Almeida, 1989,
Editorial Vida, pág. 66 y 67.
(VI) R. A. Torrey, The Higher Criticism and
the New Theology (La alta crítica y la nueva teología). Montrose,
Montrose Christian Literature Society, 1911, pág. 129.
(VII) Ibídem, pág. 132
(VIII) Randall Price. Las piedras claman.
Miami: Editorial Unilit, 2000, pp. 83-85
(IX) D. James Kennedy. Op cit. p. 25-26
(X) Por qué creo, D. James Kennedy, 1982,
Editorial Vida, Florida, EE.UU.
(XI) Compilado de Ninguna enfermedad, Dr.
S.I. McMillen, 1986, Editorial Vida, Florida, EE.UU. y Biology, God’s
Living
Creation (Biología, la creación viviente de Dios), A Beka Books, Florida,
1988.
(XII) Evidencias de un Creador, Abraao de
Almeida, 1989, Editorial Vida, Capítulos 3 y 8.
(XIII) Razones, Josh McDowell y Don
Stewart, 1983, Editorial Vida.
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