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Moisés y la cultura de
Egipto
Por Ruby Villarreal
INTRODUCCIÓN
Es indiscutible que uno de los personajes más importantes del Antiguo
Testamento es Moisés, el escritor del Pentateuco, o los cinco libros de la
ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. No solamente es el
autor que escribió, proporcionalmente hablando, más de la Biblia que
ningún otro, sino que también protagonizó varios de los sucesos de más
realce en la historia de la incipiente nación de Israel.
Su nacimiento y posterior educación en la cultura egipcia deberían haber
matizado totalmente su manera de escribir y su punto de vista global, pues
fue el medio en el que se desenvolvió gran parte de su vida. Sin embargo,
es notable que Egipto no influyó en la redacción de el Pentateuco. Esta es
una prueba más del carácter totalmente inspirado por el Espíritu de Dios
de las Escrituras, pues a pesar de que Moisés estaba sumergido en la
cultura y pensamiento egipcios, los libros que él escribió no se vieron
infiltrados por las ideas paganas de su país natal. Al contrario, el
Pentateuco expresa claramente una condenación a la idolatría, y no da
apoyo alguno a las ideas religiosas, filosóficas ni cosmogónicas egipcias
que prevalecían en la época de Moisés. ¡Una demostración más del carácter
sobrenatural de la Biblia!
Por esto, es interesante estudiar la vida de Moisés desde el punto de
vista de su educación como egipcio, a la par de las ideologías egipcias de
la época de los faraones, junto con un poco de historia egipcia que nos
permita ubicar precisamente el tiempo en el que los hebreos estuvieron
viviendo en ese país.
ANTECEDENTES
Toda la Biblia se podría resumir en breves frases:
1. Dios creó al hombre para que disfrutara de la tierra y para que la
habitara como un rey en su reino, sin el estorbo de ningún otro poder que
disminuyera la calidad de vida que Dios le había dado.
2. El domino del hombre sobre la tierra—que Dios le dio y ordenó—se perdió
por la desobediencia. El control del planeta fue transferido a manos de
Satanás, cuya meta es privar al hombre del propósito de Dios para él y
destruir toda esperanza de que se recupere, a la vez que causarle el mayor
dolor posible a Dios al ver a su criatura especial separada
irremediablemente de El por el pecado.
3. Dios tiene un plan doble de restauración, en el cual el hombre será
redimido y el reino usurpado por Satanás será recuperado.
4. Dios fundó al pueblo de Israel para enseñarle al hombre su deseo de que
recupere su dominio.
5. Debido a que Israel fracasó en su cometido, fue necesario que viniera
el mundo Dios mismo encarnado en un hombre que pudiera vencer al
adversario de una vez por todas. Esta parte de la historia es el Nuevo
Testamento.
Dios escogió a Abraham para que fuera padre de la nación elegida para
destacar entre las naciones y sirviera para traerlas al conocimiento de
Dios.
Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, tuvo doce hijos. Uno de ellos,
José, su favorito y más amado, fue vendido como esclavo por sus hermanos a
mercaderes que lo llevaron a Egipto. Allí, después de varias vicisitudes,
José llegó al puesto de segundo bajo el faraón. Esta posición en la
jerarquía egipcia le valió para que pudiera salvar a su nación adoptiva
del hambre, al igual que a su familia, que recurrió a Egipto para
aprovisionarse de alimento.
Se dio una reconciliación entre José y sus hermanos por gracia y plan
anticipado de Dios, y por ello, tanto Jacob como sus hijos fueron
invitados por José a vivir en el país regado por el Nilo.
ISRAEL EN EGIPTO
Al salir de Beerseba hacia Egipto, Jacob ofreció sacrificio a Jehová—tal
vez el último que ofrecería, y en esa oportunidad, Dios le habló y le
dijo: “Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Yo soy Dios, el
Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de
ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré
volver; y la mano de José cerrará tus ojos” (Gn 46:2-4).
Cuando llegaron a Egipto, fueron bien recibidos. José, sabiamente,
concedió a su familia el área del delta, tierra llamada Gosén. Faraón
estuvo de acuerdo con esta decisión, pues era buena idea mantener aparte a
los israelitas de los egipcios, que no toleraban mezclarse con pastores de
ovejas, que era la ocupación de los hebreos.
Cuando Jacob murió, con gran pompa salieron los israelitas acompañados de
representantes de Egipto en cortejo fúnebre con el beneplácito de Faraón,
hacia la tierra de Canaán, para enterrarlo en el mausoleo familiar de la
cueva de Macpela, como Jacob había deseado.
Mientras José vivió, los hebreos gozaron de libertad y gracia, y se
multiplicaron grandemente en la tierra de Egipto. Antes de morir, José les
hizo jurar que sacarían de Egipto sus huesos, es decir, su cuerpo
embalsamado, a enterrar en su heredad en la tierra de sus padres, y ellos
así juraron, sabiendo que Dios había convenido que volverían a la tierra
prometida a Abraham. Y siguieron pastoreando sus rebaños en Gosén.
Sin embargo, con el transcurso de los años, las dinastías egipcias
cambiaron, y aquellos que habían conocido a José y lo habían tenido en
alta estima murieron. Poco tiempo después del periodo de José, hubo en
Egipto un tiempo de anarquía (dinastías XIII y XIV) que dio lugar a la
invasión de los hicsos.
Durante la ocupación de Egipto por los hicsos (dinastías XV y XVI) los
hebreos siguieron viviendo pacíficamente. Después de todo, eran semitas al
igual que ellos, y pastores de ovejas también. Mas cuando los egipcios
pudieron poner fin al gobierno hicso—que había durado unos 200 años—se
dedicaron a destruir todo aquello que llevara algún rastro de la ocupación
extranjera. De esta forma, llegó el momento en que los hebreos, que ahora
eran numerosos, fueron vistos con recelo por los egipcios.
Por tanto, Faraón determinó tomar pasos para mermar su número, y
debilitarlos. Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con
dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y
ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los
obligaban con rigor (Ex 1:13). Pero esta táctica no funcionó, y sucedió
todo lo contrario: Israel más se multiplicaba, y se fortalecía.
Faraón entonces recurrió a las parteras hebreas, ordenándoles que mataran
a todo hijo varón y conservaran la vida de las niñas. Pero las parteras
temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que
preservaron la vida a los niños (Ex 1:17). Y el pueblo se multiplicó y se
fortaleció en gran manera (v. 20b).
Los bebés varones hebreos entonces fueron
puestos a muerte, arrojados al río.
La historia de Moisés,
primera parte
Pero hubo uno que se salvó: Moisés. Su madre lo tuvo escondido en casa
durante tres meses, y entonces lo colocó en una cesta en el río, entre los
juncos, con el propósito de que se salvara.
La hermana de Moisés se quedó para vigilar. La princesa egipcia, que se
cree era una esposa sin hijos, vino a bañarse en el río sagrado. Vio la
canasta y ordenó que se la acercaran. Fue conmovida por el pequeño, y
decidió quedarse con él y criarlo como su propio hijo. La hermana estuvo a
la mano para sugerir una nodriza hebrea: la propia madre del bebé.
Esta fue la primera parte del entrenamiento de Moisés—un entrenamiento en
casa en la religión verdadera, en la fe en Dios, en las promesas a Su
pueblo, en la vida de un santo,—un entrenamiento que jamás olvidó, aun
entre los esplendores y el pecado revestido de oro de la corte de Faraón.
El niño fue adoptado por la princesa, y desde ese momento en adelante,
criado en la casa real, por muchos años se le puede considerar como un
verdadero egipcio.
Como príncipe egipcio obtuvo una educación acorde a su rango; y fue
enseñado en toda la sabiduría de los egipcios (Hch 7:22), la cual en ese
entonces era extensa en civilización y entendimiento, adelantada a
cualquier otro pueblo del mundo, rica en lo académico. Esta fue la segunda
parte del entrenamiento de Moisés, preparándolo para un alto oficio, y
para el liderazgo<1>. “Era poderoso en palabras y obras”, dice Hch 7:22.
LA CULTURA Y RELIGION
EGIPCIAS
Egipto es una tierra que sobrevive gracias al Nilo. De hecho el Nilo es la
vida de Egipto. El país dependía de la Inundación anual – el levantamiento
del Nilo, debido a las intensas lluvias a miles de kilómetros en Abisinia,
que inundaban tanto el valle como la mayor parte del delta de junio a
octubre cada año, dejando un grueso depósito de lodo y sedimento en el
cual las cosechas crecían con sorprendente fertilidad – todo tipo de grano
y verduras, y frutas tales como uvas, melones y dátiles. Los antiguos
historiadores le llamaban “la canasta de pan” del Medio Oriente.
Si la Inundación era demasiado pobre, Egipto encaraba una hambruna, y
muchos morían a causa de ella cuando los ‘años flacos’ se seguían unos a
otros y los faraones no contaban con un José que previsoramente almacenara
alimento en los años buenos.
Con la muerte siempre tan cercana, los antiguos egipcios desarrollaron una
obsesión por ella, sin que ello deformara su existencia. La vida cotidiana
estaba regida por los mandatos del más allá; todo, tanto nociones
científicas como textos literarios, majestuosos edificios e imponentes
monumentos, enfatizaban la excelsa eternidad de los dioses frente a la
fragilidad humana.
• DIOSES
Ra, después conocido como Amón-Ra, el dios-sol, era la primera y más
importante de las deidades egipcias – y el río Nilo mismo era la segunda,
a veces adorado como Khnemu, pero más a menudo como parte del principio
entero de la vida y reproducción que vino a ser encerrado en la persona de
la diosa Isis.
Osiris, dios del mundo de los muertos, era el hermano y esposo de Isis y
era el mayor dios de todos – porque todos los muertos regresarían a la
tierra cuando él, el primer faraón humano de Egipto, regresara para ser el
eterno Faraón. De igual manera se creía que cada faraón era un dios en la
tierra que se convertiría en un dios en el mundo de ultratumba—el Duat de
doce regiones donde reinaba Osiris.
Conocemos muchos trozos de las historias y mitos egipcios gracias a que se
preservaron en los templos mortuorios y pirámides, y en las tumbas de
reyes y reinas, los cuales fueron construidos de la piedra más duradera
para asegurar que permanecieran por la eternidad. Inclusive, en algunas
tumbas demasiado pobres para tener inscripciones o grabados en piedra, las
historias e instrucciones del Libro de los muertos se han hallado en
rollos de papiro conformando la “Guía hacia la tierra de los muertos”, de
vital importancia, pues les instruía acerca de cómo superar el juicio de
Osiris.
• CONCEPTO MONOTEISTA
El concepto del origen del mundo de acuerdo a los egipcios era
completamente diferente del registrado en Génesis, y la idea de un solo
dios se dio en Egipto unos doscientos años después de que Moisés estuvo
allí y no tuvo auge. En la Revolución de Amarna (1375 a.C.), Amenhotep IV
intentó cambiar la religión politeísta y a Amon-Ra por la adoración de
Atón: “el único dios junto al cual no hay otro”. Insistía en que Atón era
un dios de bondad, misericordia y clemencia (radicalmente diferente de los
dioses egipcios tradicionales… ¿A quién se parecía más bien? Y, ¿sería
esto coincidencia?). Deseaba que todos los egipcios adoraran al mismo
dios, y ordenó que los nombres e imágenes de Amon-Ra y los otros dioses
fueran destruidos. Inclusive cambió su propio nombre a Akhenatón, mas
estos cambios disgustaron a aquellos que preferían la manera antigua de
hacer las cosas, su poder como gobernante se debilitó, y su sucesor,
Tutankhamón (de fama mundial por el hallazgo en 1922 de su tumba sin
saquear), regresó a la nación a la adoración de todo el panteón egipcio,
politeísmo del cual no se apartarían hasta la caída de Egipto en manos de
Alejandro Magno en el año 332 a.C., cuando se incorporaron aspectos
helenísticos a la cultura. Y aún así, el espíritu pagano permaneció y
sigue hasta le fecha en Egipto.
La historia de la creación de Génesis atribuye todo al Creador. La
historia egipcia del origen del mundo lo presenta como surgido de un caos
oceánico primigenio –reflejo de la influencia del Nilo en sus vidas– que
amenazaba volver a devorarlo, y la voluntad de los dioses era la única
garantía de equilibrio<2>. Proliferaban todo tipo de divinidades
antropomórficas y zoomórficas, a quienes los egipcios consideraban
diversas manifestaciones o aspectos de la deidad primordial. Predominaba
una u otra dependiendo del clima político que se vivía—los dioses
regionales se fueron convirtiendo en dioses nacionales.
• EL ORIGEN DEL COSMOS SEGUN
EGIPTO
Según el relato egipcio, recopilado de varios fragmentos esparcidos en
diferentes tumbas de distintos periodos, de Nun, el espíritu de las aguas,
surgió Ra el Ser Brillante, quien entonces hizo a Thoth, el dios de la
sabiduría y la magia. Ra también hizo todo el mundo, dando origen al dios
Shu, el viento; Geb, la tierra; Nut, la diosa del cielo, que extendía su
manto para hacer caer la noche; Hapi, el sagrado Río Nilo… y fue haciendo
todas las demás cosas que existen a partir de un monte primordial.
Entonces él mismo se hizo humano para ser el primer faraón, y reinó
durante miles de años sobre Egipto. Sin embargo, se hizo viejo, porque
estaba decretado que ningún hombre podía vivir para siempre. Ya no podía
gobernar bien su tierra, por lo que Apophis, el dios del mal, se aprovechó
y entró en las almas de los hombres, provocando que se rebelaran en contra
de Ra. Por consiguiente, Ra tuvo que castigar a los egipcios con el ataque
de la diosa Sekhmet, la leona asesina, que mató a todos los hombres
malvados… pero cuyo apetito sanguinario no era posible saciar. Ra mismo no
la podía detener y se vio forzado a tenderle una trampa. Embriagándola,
consiguió que en un día y una noche enteros no matara a nadie, por lo cual
la pudo convertir en Hathor la Dama del amor, cuyo poder sobre la
humanidad era mayor que antes, dándosele así al hombre una nueva delicia y
un nuevo tormento. Las siete hijas de Hathor, las Hathores, son las que
tejen la red que da forma a la vida de cada ser humano.
• CONTINUA LA SAGA
Pero Thoth pronunció una profecía que disgustó a Ra: si Nut (la diosa del
cielo) tenía un hijo, éste sería el faraón de Egipto. A través de
artimañas, Nut consiguió dar a luz cinco hijos: Osiris, el señor de todo y
rey; Harmaquis, Set, Isis, y Neftis.
Osiris se casó con Isis, y Set se casó con Neftis. Pero ni Osiris ni Isis
gobernaban todavía sobre Egipto, así que nuevamente usando engaños, Isis
aprendió toda la magia existente y la usó en contra de Ra para poder
destronarlo. El dejó de ser faraón en la tierra y tomó su lugar en el
cielo, donde día a día, cruzaba del este al oeste bajo la apariencia del
Sol, y por la noche pasaba por debajo de la tierra a través de las doce
regiones llamadas Duat por las cuales los espíritus de los muertos también
tenían que pasar para ganarse el reino eterno de Ra.
A partir de este momento, se suscitaron entre los dioses una serie de
traiciones, peleas y estratagemas, que incorporando artilugios y magia,
dieron lugar a la sucesión reinante de Egipto: Osiris y luego su hijo
Horus (el Vengador). Después de este último Egipto fue gobernado por
hombres, que se creía eran hijos de los dioses en espíritu y eran adorados
como tales y se suponía estaban dotados de poderes divinos– aunque
cometieran errores como ordinarios mortales<3>. Por tanto, cada faraón se
consideraba a sí mismo un dios, y era adorado como tal por el pueblo.
En la época en que Moisés fue criado en Egipto, prevalecía la idea de que
la tierra estaba apoyada en cinco columnas, y se había incubado en un gran
huevo cósmico que tenía alas y volaba. Los hechos científicos aceptados en
Egipto en esos tiempos sugerían que mientras volaba aquel enorme huevo,
dentro de su cáscara se terminó el proceso de mitosis, y así surgió este
mundo<4>. Las historias de los dioses eran religiosas, y no necesariamente
eran tomadas como verdades científicas, por lo que los sabios egipcios
ofrecían otro tipo de explicaciones. Al parecer, la historias religiosas
eran unas y las explicaciones científicas eran otras, pero en el ambiente
cargado de misticismo del Antiguo Egipto, ambas podían convivir sin
conflicto.
LA HISTORIA DE MOISES,
SEGUNDA PARTE
Sin que su pueblo lo supiera, Dios había estado preparando callada, lenta
y fielmente un mensajero renuente llamado Moisés, que los llevaría a la
libertad.
Moisés, como príncipe egipcio, se vio favorecido con todo tipo de
instrucción, y según la tradición, fue un notable oficial del ejército
egipcio.
Años más tarde, él se identificó con su pueblo, y trató de libertarlos a
su modo, pero fracasó en el empeño, pues no era el momento de liberación
estipulado por Dios. Tuvo que huir de Egipto a Madián. La tercera parte de
su entrenamiento la obtuvo como pastor en el desierto, aprendiendo
paciencia, apacentando rebaños que no diferían mucho de los hebreos que
guiaría en el Éxodo Habrían de pasar cuarenta años antes de que Dios
determinara que Moisés estaba listo para volver por su pueblo a Egipto.
A su regreso, Moisés se entrevistó con Faraón, pero no tuvo éxito en
conseguir que el pueblo israelita fuera liberado. Por su obstinación,
Faraón y Egipto tuvieron que soportar 10 plagas enviadas por Dios para
demostrar Su poder y la determinación que tenía de liberar a Su pueblo.
Egipto pagó por su resistencia a la voluntad de Dios, pero esto sirvió
como un testimonio poderoso del Dios de Israel.
La décima plaga, que en realidad fue más bien un severo juicio sobre
Egipto entero, fue la muerte de los primogénitos, y en esa ocasión, Faraón
determinó que los hebreos salieran de su reino.
Más tarde, en el cruce del Mar Rojo, Faraón tendría que enfrentarse de
nuevo con la furia de Dios, y vería la protección de la poderosa mano de
Dios sobre Israel. El ejército de Faraón fue diezmado, el mar quedó como
barrera infranqueable entre él e Israel y todo nexo que Moisés había
tenido con Egipto se rompió definitivamente.
La parte egipcia de Moisés quedó atrás para siempre.
EL EXODO EN EL TIEMPO
Lo más probable es que el faraón de la opresión haya sido Tutmosis
(Totmes) III. La princesa que adoptó a Moisés pudo muy bien haber sido la
famosa reina Hatshepsut. Si así fuera, Moisés no solamente fue un príncipe
en Egipto, sino que también fue un posible sucesor al trono del más
orgulloso gobernante del mundo.
Los datos acerca del reino de Hatshepsut encajan muy bien con el relato
bíblico. Fue hija de Tutmosis I, y regente de Tutmosis II, su esposo y
medio hermano, y de Tutmosis III (su medio hermano también). Este último
era todavía menor de edad cuando subió al trono, y fue ella quien en
realidad gobernó Egipto durante los primeros 20 años del reinado de él.
El la despreciaba, pero ella lo dominó totalmente. Después de la muerte de
Hatshepsut, Tutmosis III gobernó Egipto por 30 años. Se deshizo de todos
los monumentos y estatuas de Hatshepsut al liberarse de la presencia de
ella. Fue el mayor conquistador de la historia de Egipto, y se enfrascó en
magnos proyectos de construcción. Esto pudo ser un factor determinante en
el aumento de la opresión sobre Israel. Saqueó Palestina y Siria 17 veces,
registró sus logros en numerosos monumentos y paredes, subyugó a Etiopía y
gobernó hasta el Eufrates. Su tumba real se encuentra en Tebas.
La opresión de Israel entonces se dio durante la XVIII dinastía egipcia,
conocida como la Tebana. El éxodo ocurrió durante el reinado de Amenhotep
(Amenofis) II, que mantuvo el imperio fundado por Tutmosis III.
Hay inscripciones que indican que Tutmosis IV, sucesor de Amenhotep II, no
era su primogénito ni heredero en sucesión. Esto es muy probable que se
haya debido a la muerte de los primogénitos.
Las momias tanto de Tutmosis III como de Amenhotep II se encontraron hace
varias décadas, y están en exhibición en el Museo del Cairo. ¿Silenciosos
testigos de la salida de Israel de Egipto?
CONCLUSION
Lo interesante de esto es que en los escritos de Moisés no encontramos
influencia alguna de su adoctrinamiento como egipcio, y vaya que los
egipcios tenían una explicación para todo, predominantemente sobrenatural
y regida por sus innumerables dioses mayores y menores, locales y
nacionales.
Si Moisés hubiera escrito de su propia inspiración, si hubiera inventado
todo, hubiera incorporado versiones más o menos cercanas a lo que se le
había enseñado en Egipto. Pero en sus escritos encontramos una revelación
única de moralidad, principios y verdad impresionantes, la cual solamente
pudo provenir de Quien es el Autor de todo.
La Biblia demuestra, vez tras vez, su verdadera paternidad literaria y que
es portadora fiel y sin adulteraciones de la Revelación de Dios para el
hombre.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:
1.- Peloubet’s Bible Dictionary , The John C. Winston Company, Filadelfia,
EUA, 1947.
2.- Enciclopedia Hispánica, Encyclopaedia Britannica Publishers, Inc. ,
1995-1996, EE.UU., Vol. 5, pág. 297-309.
3.- Tales of Ancient Egypt (Narraciones del Egipto Antiguo), Roger
Lancelyn Green, Puffin Books, 1984, pág. 9-48.
4.- Evidencias de un Creador, Abraao de Almeida, 1989, Editorial Vida,
pág. 66 y 67..
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