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REFLEXIONES
SOBRE LA MUJER VIRTUOSA
Proverbios 31:10-31
Por Ruby
Villarreal
Este pasaje nos habla de varias cosas interesantes, entre ellas el hecho
de que esta mujer virtuosa no solamente se ocupa de su casa y de sus hijos
y de su esposo, sino que tiene otros intereses y ocupaciones. Algunos
utilizan esto para demostrar que una mujer virtuosa puede (e inclusive
debe) trabajar fuera de casa. Sin embargo, esta mujer en realidad trabaja
desde su casa, es decir, nunca abandona su primer deber, que es ser el
centro del hogar, sino que aunado a ello, desarrolla varias otras
actividades que enriquecen su vida, tanto materialmente como en
satisfacción por sus logros personales.
Mientras que el esposo trabaja fuera (en este caso, se trata de una
sociedad agraria, en la que la ocupación principal de él es el campo y lo
relacionado con la producción agrícola, pero equivaldría a un esposo
actual que trabaja en un empleo cualquiera), ella se ocupa del hogar,
aunque con mucha más amplitud que una mera ama de casa.
Ella es administradora, una mujer de negocios, sabia para tomar
decisiones, prudente, gana bien y tiene la libertad de disponer de sus
ganancias como a ella bien le parece. Asimismo, supervisa y planea. Su
responsabilidad es grande, pero su capacidad para enfrentarla también lo
es.
El subtítulo para esta porción, Elogio de la mujer virtuosa (en la Biblia
Reina-Valera Revisión 1960), nos da una idea de que lo que ella hace está
bien hecho y es digno de ser alabado. La actitud de esta mujer es un
ejemplo para toda mujer cristiana que desee desempeñar su papel de madre,
ama de casa y esposa correctamente.
Desde el inicio (v. 10) se nos muestra cuán difícil es para el hombre
hallar una mujer así, y para la mujer, ser así. Una mujer de este talante
vale su peso en oro, literalmente en piedras preciosas.
Su esposo entiende la valía de ella, y confía plenamente en sus
capacidades, ya que ella ha demostrado ser merecedora de toda confianza
por la inalterable lealtad que tiene hacia a su esposo y sus intereses.
Esta confiabilidad ella la ha ido ganando a pulso, a través del tiempo, y
continúa en crecimiento. Además ha demostrado ser capaz de aumentar la
prosperidad de él en el frente del hogar. El dinero que él le da y el que
ella gana lo invierte bien, obteniendo ganancias que en el terreno
económico traen seguridad a la familia.
Para ella, trabajar con sus manos es un placer: no teme “ensuciarse las
manos”. Trabaja no solamente con diligencia, sino también con buena
voluntad, sabiendo que sus esfuerzos están bien empleados. No hace las
cosas porque la obligan, sino porque desea hacerlas. Su motivación es el
amor que le tiene a su esposo, a sus hijos y a su hogar, por lo que se
siente feliz haciendo lo que hace.
En ocasiones sus ocupaciones la alejan de casa, pero no por eso descuida
sus deberes ni abandona a su familia. De hecho, no trabaja sola, sino que
tiene criadas a las que ha adiestrado y a las que delga gran parte de los
quehaceres domésticos, sabiendo que los harán bien, pues no deja de
supervisarlas. Además, trata con amabilidad a sus sirvientes, asegurándose
de que no les falte nada, por lo que se ha ganado la lealtad de ellos.
Su sagacidad para hacer tratos ventajosos es tal, que tiene dinero
suficiente para comprar tierras. Pero no compra sólo por hacerse de más
posesiones, sino viendo la manera en que estas nuevas inversiones
produzcan a su vez. Probablemente uno de sus intereses es proveer de más
empleos a la gente de la localidad, así que su prosperidad no es egoísta,
sino que se extiende a todo el ámbito en el que vive.
Como todo ser humano, se cansa, pero saca fuerzas de donde puede para
proseguir, pues se deleita en ver lo bien que van sus negocios.
Es una mujer femenina, a pesar de su asertividad y su arrojo; y en sus
ratos de descanso, continúa laborando, aunque en ocupaciones más pausadas,
pero igualmente productivas. Su día no termina temprano, pues entre más
cosas haga, mayores serán sus satisfacciones. No le gusta estar ociosa.
A pesar de que tiene mucho en qué ocuparse, y que es rica, no olvida que
hay personas que están necesitadas, y de sus mismas ganancias reparte a
los pobres, mostrando así su compasión y su lado humano.
Es una mujer precavida, que no espera a que llegue el invierno para pensar
en mantener caliente a su familia: se anticipa a las necesidades, y nunca
se encuentra con que algo le falta.
También es una mujer consciente de su posición, pues se viste a la altura
de su rango, especialmente porque desea agradarle a su marido, y para no
desmerecer ante la gente que está al tanto de lo que ella hace, puesto que
su carácter y sus acciones se reflejan en su esposo, que tiene una buena
reputación por sí mismo y gracias a ella también.
Es una mujer reconocida por sus cualidades, entre las cuales se encuentra
el honor, la fuerza, la sabiduría, la previsión, la clemencia, y la toma
de decisiones acertadas, además de muchas otras ya mencionadas.
Su esposo y sus hijos la alaban, se sienten orgullosos de ella, y la aman
por lo que es y la aprecian por lo que vale. Pero el secreto de todo su
valor es que su corazón está cimentado en una relación con Dios, a Quien
reconoce como la fuente de todo lo que ella tiene y todo lo que ella es.
Es este reconocimiento de Quién es el Señor el que permite que ella se
comporte como una mujer verdaderamente virtuosa, porque su virtud está
íntimamente ligada con el Poseedor de todas las virtudes. La vida de ella
solamente es una demostración de lo que el conocimiento personal de Dios
puede hacer en una persona que está dispuesta a vivir su vida como El
quiere que la viva.
Una mujer así vale más que las demás porque su atención no está en las
cosas materiales ni en su propia hermosura, sino en agradar al Señor. No
es imposible ser como ella, antes bien, está al alcance de toda mujer que
ponga a Dios en primer lugar en su vida, y acomode el resto de sus
prioridades alrededor de El, en el orden correcto de acuerdo al diseño de
Dios. Sus hechos hablarán a grandes voces acerca de lo que está en su
corazón. Al fin y al cabo, la fe sin obras está muerta (Stg 2:26), y las
obras realizadas por la razón equivocada no valen nada.
Que la motivación de nuestra vida sea hacer las cosas de la manera que le
agraden a Dios, sabiendo que hacer Su voluntad es la mejor manera de vivir
y contarnos dichosas. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para
el Señor y no para los hombres; 24sabiendo que del Señor recibiréis la
recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Col 3:23,24).
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