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Capítulo 1 Eclesiastés 1 (RV60) 1 Palabras
del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. _________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." En este capítulo tenemos: I. La inscripción del libro (v. 1). II. El principio doctrinal general de la vanidad de las criaturas expuesto (v. 2) y explicado (v. 3). III. La prueba de esta doctrina, sacada: 1. De la brevedad de la vida humana (v. 4). 2. De la naturaleza inestable de todas las criaturas y del perpetuo flujo y reflujo que hay en el sol, el viento y el agua (vv. 5-7). 3. Del constante fastidio que le dan al hombre (v. 8). 4. De la constante repetición de lo mismo, con lo que se muestra que no hay nada perfectamente acabado (vv. 9, 10). 5. Del olvido al que todas las cosas están abocadas (v. 11). IV. El primer ejemplo de la vanidad del conocimiento de los hombres. 1. La prueba a que Salomón los sometió (vv. 12, 13, 16, 17). 2. El juicio que pronunció de que todo es vanidad (v. 14). No hay satisfacción en ello (v. 18). Y, si todo ello es futilidad y afán de viento, todas las demás cosas de este mundo, siendo inferiores en dignidad y valor, deben de serlo también. Versículos
1-3 - 1. Kohélet,
epíteto que describe su actual función, pues el vocablo hebreo significa
el que convoca una reunión y habla en medio de la asamblea. En cierto
modo, es un predicador, y así se suele interpretar el título del libro
mismo, junto con el del redactor. Si Salomón redactó este libro en la
vejez, desengañado y arrepentido de su apostasía (según opinan muchos),
está aquí reuniendo y predicando a otros que hayan podido extraviarse como
él se extravió. Esta comisión que Dios le dio era ya un tácito perdón de
Dios. Cristo expresó suficientemente su perdón a Pedro al encomendarle el
pastoreo de sus ovejas y de sus corderos. II. El objetivo general del libro es instruir a los lectores, sobre la vanidad de todas las cosas de este mundo y, por tanto, lo poco que de ellas hemos de esperar. En efecto, muestra: - 1. Que
todas ellas son vanidad (v. 2), no en el sentido de vanagloria,
como actualmente suele entenderse, sino de vaciedad o futilidad. No dice
que todo es vano, sino que es vanidad, como si fuese algo que constituye
la esencia misma de cada cosa, como una propiedad inalienable de todas las
cosas de este mundo. Más aún, dice que son vanidad de vanidades, es decir,
una vaciedad (lit. soplo) superlativa. Hay muchos que hablan del mundo con
desprecio: ermitaños, que no lo conocen, o mendigos, que no lo tienen;
pero Salomón lo conoció bien (1 R. 4:33) y lo tuvo en abundancia. Hablaba
aquí en nombre de Dios, divinamente inspirado, y lo presenta como
principio fundamental sobre el que ha de basarse la necesidad de ser
verdaderamente religioso, temiendo a Dios y guardando sus mandamientos.
Algo también importante que aquí nos quiso enseñar es que el trono y el
reino eternos deben proceder de otro mundo, pues todas las cosas de este
mundo están sujetas a vanidad y, por tanto, no tienen en sí mismas la
suficiente calidad para corresponder a tal promesa. Versículos
4-8 Entra en escena una generación y sale de escena la generación anterior. Y mientras la corriente de la humanidad fluye sin cesar, ¡cuán breve es el goce que puede proporcionar una gota de esa corriente que se desliza por entre los deliciosos bancales! Bien podemos dar a Dios la gloria de la constante sucesión de las generaciones, pero, en cuanto a nuestra dicha y felicidad, no esperemos gran cosa de tan estrechos límites, sino pongamos nuestra esperanza en lo que es eterno y sustancial. La misma monótona mutabilidad de las generaciones humanas aparece también en el sol (v. 5), el viento (v. 6) y el agua (v. 7); recorren su ciclo una y otra vez sin cesar, pero al hombre individual no le cabe esta suerte: el hombre yace y no vuelve a levantarse (Job 14:12). El v. 8 expresa, de modo general y compendioso esta, al parecer, inútil movilidad de todas las cosas, movilidad que el poder de la palabra humana es incapaz de expresar y que, por su inconsistencia, no puede satisfacer al ojo ni al oído del hombre: ni la mente ni el sentido tienen dónde reposar. Versículos
9-11 Lo mismo que en el reino de la naturaleza, ¿Qué podemos decir que sea nuevo en la vida humana? El corazón del hombre, sus múltiples corrupciones, siempre son lo mismo. Taciano el asirio, al mostrar a los griegos que todas las artes de las que ellos se gloriaban debían, en realidad, su origen a las naciones que ellos llamaban bárbaras, les dice: «No llaméis invenciones a lo que no son sino imitaciones». Tampoco podemos esperar que el mundo se porte con nosotros de diferente manera de la que adoptó con nuestros antecesores. Si realmente queremos ver nuevas cosas, debemos adquirir una nueva naturaleza; entonces es cuando las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas (2 Co. 5:17). Muchos piensan que ya es una gran satisfacción el que sus nombres sean perpetuados y que la posteridad celebre las grandes hazañas que llevaron a cabo. Pero hubo en todos los tiempos cosas y personas que parecían muy grandes a los que vivían entonces y, sin embargo, no hay recuerdo (v. 11) de todo ello. Versículos
12-18 - 1. Salomón
nos dice aquí la investigación que emprendió para, por medio de la
sabiduría, descubrir si había algo que pudiese procurar satisfacción
permanente durante esta vida. Era rey sobre Israel en Jerusalén; por
tanto, estaba en situación privilegiada para emprender esta investigación.
Su honor y sus inmensas riquezas le capacitaron para hacer de Jerusalén un
emporio de cultura y lugar de encuentro para toda persona sabia y erudita.
Aunque no necesitaba de darse a quehaceres penosos para vivir, se entregó
a ese penoso trabajo (v. 13), sin desanimarse por las dificultades
ni asustarse ante los abismos que tal tarea puede ir descubriendo. Y esto
no lo hizo únicamente para satisfacer su curiosidad científica, sino para
servir mejor a Dios y a su generación, y para experimentar hasta qué grado
el aumento de los conocimientos podía contribuir al reposo de la mente y
al descanso del corazón. Examinó, pues, todo (v. 14) lo que se
hacía debajo del sol. Nadie mejor que él pudo sacar las consecuencias de
esta investigación, puesto que, además de poseer más sabiduría que ningún
otro de sus coetáneos o de los que le precedieron, disponía de todos los
recursos financieros para llevar a cabo esa tarea. Fuente: Comentario Exegético-devocional a toda la Biblia Libros Poéticos- Tomo II -© 1988 por CLIE - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Adorador > Sección Eclesiastés o El Predicador |