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Salomón muestra aquí:
--I. La tentación que los oprimidos sienten a la impaciencia y al
descontento (vv. 1-3).
--II. La tentación que sienten los amigos de la comodidad a tomarse la
mayor comodidad que pueden (vv. 4-6).
--III. La necedad de acumular riqueza avaramente y privándose a sí mismo
de todo bienestar (w. 7, 8).
--IV. Remedio contra esa necedad: procurar asistirse y ayudarse unos a
otros (vv. 9-12). V. Lo efímero de la dignidad regia, no sólo por la necedad del
mismo rey (vv. 13, 14), sino también por la volubilidad del pueblo (vv. 15, 16).
Versículos 1-3
Salomón era un hombre de amplia
visión (1 R. 4:29) y, por lo que aquí dice, nos damos cuenta de que sentía
compasión e interés por los afligidos. Ya había anunciado lo que le esperaba al
opresor (3:16, 17); ahora observa a los oprimidos y, como fruto de su
observación, nos da aquí un resumen de lo que sentía por ellos.
--1. Le afligían las miserias de los pobres y oprimidos (v. 1). Siervos y
obreros, oprimidos por sus amos; deudores, oprimidos por acreedores, etc.
Lágrimas en los ojos de los oprimidos, sin consuelo; poder en manos de los
opresores violentos, sin vengador ¡Qué cuadro tan triste!
--2. Al hallarse en esta situación, los afligidos se sentían tentados a
envidiar a los muertos y a los que no habían nacido (vv. 2, 3) y Salomón está de
acuerdo con ellos:
Mejor es la no existencia que la existencia encadenada en este valle de
lágrimas, sin posibilidad de desatarse de esas cadenas y hasta sufriendo el mal
por hacer el bien.
Demos gracias a Dios de que, por
calamitosa que sea nuestra condición, no podemos tener motivo para desear no
haber nacido, ya que podemos glorificar a Dios incluso en medio de las llamas.
Versículos 4-6
--1. El hombre que, con
esfuerzo y habilidad, logra tener éxito en su trabajo, se concita inmediatamente
la envidia de su prójimo; tanto más cuanto mayor sea la honradez con que haya
conseguido el éxito (v. 4). Caín envidiaba a su hermano Abel, Esaú a su hermano
Jacob, Saúl a David; siempre sin motivo, y con la mayor frecuencia por buenas
obras. Esto es sencillamente diabólico. Los que sobresalen en virtud causan mal
de ojos a los que se exceden en el vicio; lo cual no debe quitamos ánimos para
obrar el bien, sino llevamos a esperar alabanzas, no de los hombres, sino de
Dios. Tanto Ryrie como Cohen (nota del traductor) hacen notar que el que de tal
manera se esfuerza en su trabajo lo hace por rivalizar con su prójimo,
según da a entender el original; lo hace, pues, por el deseo de sobrepujar a su
semejante, no por el incentivo de obrar algo útil y de valor.
--2. En el otro extremo, tenemos al perezoso que cruza sus manos
(V. Pr. 6:10; 14:2) v come su propia carne, es decir, se muere de hambre
antes que trabajar. El v. 6 podría interpretarse de dos maneras: (A) Como una
excusa del perezoso: más vale poco sin esfuerzo que mucho con fatiga. (B) Como
consejo sabio del predicador: más vale reposo de ánimo y contentarse con ganar
lo suficiente, sin ánimo de competir con otros, que esforzarse por ganar mucho,
concitando la rivalidad ajena y perdiendo así la paz del ánimo; aconseja, pues,
el equilibrio entre la fatiga del v. 4 y el ocio del v. 5. Esta es la
interpretación más probable. Como dice M. Henry: "Lo mejor es el esfuerzo
moderado con ganancia moderada'.
Versículos 7-12
--1. Salomón se refiere a una
de las mayores necedades que se dan en este mundo; y por cierto, con mucha
frecuencia (v. 7): Un hombre solo, sin socio ni sucesor, que se afana y se
fatiga en acumular riqueza por el único motivo de ver cómo crece el caudal,
privándose a sí mismo de todo bienestar y no parándose a pensar en la necedad de
tal comportamiento. Comp. con el rico insensato de Le. 12:13-21 y se verá que la
insensatez del rico que aquí describe Salomón es todavía mayor, pues el otro
pensaba disfrutar de lo cosechado. Nota del traductor: Este v. 7 me recuerda a
un señor que conocí bien, célibe, que más de una vez leería esta porción. En
cierta ocasión, alguien le dijo: "¡Cómo se van a reír sus sobrinos, gozando de
su dinero!'. A lo que contestó él: 'Por mucho que gocen ellos gastándolo, nunca
gozarán tanto como disfruto yo haciéndolo'. ¿Cabe mayor necedad?
--2. El remedio para esta necedad egoísta se halla en la ayuda mutua,
prestada por altruismo, es decir, por amor al prójimo. Salomón muestra, mediante
varios ejemplos, que no es bueno que el hombre esté solo (Gn. 2:18) y
recomienda la amistad y el matrimonio, puesto que:
(A) Cuando dos personas trabajan juntas en un negocio, se aconsejan y estimulan
mutuamente en el trabajo, de modo que, aun dividiendo por dos las ganancias,
ambos resultan mejor pagados que si trabajasen cada uno por su cuenta. (B) De la
misma forma, cuando alguien tiene una equivocación, sufre algún accidente, etc.,
puede serle fatal para el negocio y aun para la vida, pero si trabaja o convive
con otro, tiene quien le aconseje y quien le asista y ayude. (C) El v. 11 puede
interpretarse de dos maneras: (a) del marido y la mujer en la misma cama; esto
es lo que, a primera vista, se deduce; (b) de dos amigos, compañeros de viaje,
"que se acuestan juntos en las frías noches que siguen tras el ardor del día en
el oriente' (Cohen, contra la primera interpretación defendida por Rashi). M.
Henry (nota del traductor, todo ello) lo espiritualiza, aplicándolo al mutuo
estímulo de los creyentes al amor y a las buenas obras (He. 10:24);
lo mismo hace con la 1a. parte del v. 12, que aplica, con buena razón, a las
batallas contra nuestros enemigos espirituales, a los que hemos de vencer unidos
en la comunión con Dios. Cita un dicho latino de cuando Inglaterra fue invadida
por los romanos: Dum singuli pugnant, universi vincuntur -Mientras luchan
en facciones separadas, sacrifican la causa general (traducción libre de M.
Henry). (D) Concluye Salomón con lo que parece ser un dicho ya proverbial:
«El cordel de tres cabos no se
rompe rápidamente» (lit.; no, 'fácilmente'). Este proverbio tenía
mejor aplicación en el antiguo Oriente, y la tiene especialmente cuando se
aplica espiritualmente a dos creyentes que, con Dios o Cristo, son
tres (irrompibles, con lo que el proverbio, aplicado de esta forma, 'cojea',
pues no dice que no se pueda romper, ni siquiera que no se pueda romper
fácilmente, sino 'rápidamente'). En realidad, especialmente en España (quizá, en
otros países), cuando a dos amigos se une un tercero, es comente hablar de un
tercero en discordia'; no cabe duda de que la intimidad y los secretos se
guardan mejor entre dos que entre tres (especialmente, entre mujeres). M. Henry
cita el caso de los dos discípulos de Emaús, a quienes se agregó Jesús.
Versículos 13-16
--1. Un rey no puede ser
dichoso a menos que sea sabio (vv. 13, 14). Si es necio, no admitirá ningún
consejo, ninguna advertencia que se le haga. La necedad y la terquedad suelen ir
de la mano, y los que más necesitan un buen consejo son los que peor lo reciben.
Mas ni la edad ni los títulos más elevados pueden procurarle a una persona el
respeto de los demás, si carece de la prudencia y de la virtud que la acrediten.
En cambio, la sabiduría y la virtud granjean honor a una persona, incluso bajo
las desventajas de la poca edad y de los pocos bienes de fortuna.
--2. Un rey no puede continuar por largo tiempo en el trono, si carece
del interés y del afecto de su pueblo. Pero, además, las masas son volubles.
Los que, el domingo de Ramos,
decían ‘¡Hosanna!’, al viernes siguiente decían ‘¡Crucifícale!’.
El sentido de los vv. 15 y 16 es ambiguo. Escogemos, como más probable, la
interpretación de Cohen: ‘El primer rey se hace impopular y el pueblo aclama a
un joven sucesor, pero éste, a su vez, pierde el favor de sus subditos, quienes
aplauden a un nuevo héroe. La historia de Saúl, David y Absalón es un ejemplo de
la verdad que expresa (el Kohélet)'.