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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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~ Samuel ~ Samuel (hebreos, semu’el) = «pedido a Dios». Procedía de Ramá, ciudad en las montañas de Efraín (1 Samuel 1:1). Según 1Cr. 6:23, era levita. En sus primeros años fue enviado por sus padres a Silo, donde entonces estaba el arca de la alianza, para ser educado en el servicio del templo, en cumplimiento al voto que hizo su madre a Jehová si escuchaba sus oraciones, dándole un hijo varón. Samuel, siendo todavía un niño, tuvo que profetizar el castigo al sacerdote Elí a causa de los graves delitos de sus hijos. Su natural disposición (1 S. 2:26; 3:10) y el hecho de haber recibido revelaciones divinas (3:21) le procuraron el respeto del pueblo, que en todas las circunstancias importante5 se dirigía a él y confiaba en sus oraciones (7:8; 12:23). Cuidó de la administración de justicia (7:6, 16), se preocupó de elevar el nivel religioso del pueblo (7:3) y dirigió con éxito la lucha contra los filisteos (7:13s.). Pero se separó de Saúl cuando éste fue rechazado por Dios a causa de su desobediencia (15:35). Por mandato divino, Samuel ungió como rey al joven David (16:1-13), protegiéndole en su huida de Saúl (19:9-24). Con Samuel empieza la serie de los grandes hombres que proporcionaron a la religión del Antiguo Testamento su posición privilegiada y que fueron escogidos por Dios como intermediarios de su revelación. A los méritos de Samuel fue debido que el pueblo se salvara de su miseria religiosa y nacional, motivada, en el período de los jueces, por la falta de cohesión de las tribus, por los avances de los filisteos, por haberse introducido en la religión de Israel ideas cananeas paganas y por la crudeza de costumbres; todo lo cual tuvo un desenlace manifiesto en la pérdida del arca y del santuario nacional. El prestigio personal de Samuel y, sobre todo, la instauración de la monarquía, procuraron unidad al pueblo, que alcanzó ya el punto más alto de su historia bajo el segundo rey, en cuya elevación al trono también intervino Samuel. El comportamiento religioso de Samuel estaba caracterizado por la incondicional obediencia a la voluntad de Dios. Con el lema: la obediencia es más meritoria que los sacrificios, y ser desobediente equivale al pecado de estar al servicio de los ídolos (15:22s.), combate la exterioridad de la religión y entra en la trayectoria de los grandes profetas, que exigen la entrega personal y voluntaria a Dios. La importancia de Samuel se hace manifiesta en el Sal. 99:6, donde se le compara con Moisés y Aarón; en Jer. 15:1 se le reconoce como intercesor, y en He. 11:32 se le elogia por su fe.
Fuente:
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Adorador .com -Sección: Hombres de la Biblia : Samuel