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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
 tales adoradores busca que le adoren.
Jn..4:23

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El Amor Preside La Verdad

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Serie de temas tratados en el libro Dejad que el Amor Presida. Autor: Rdo. Rodolfo Loyola *

El Amor Preside la Verdad.

"Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error; sino que siguiendo la verdad en amor; crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo" (Efesios 4: 14-15).

Aquí hay una llamada al crecimiento y a evitar las estratagemas de la mentira, (error) ¿y cómo hacerlo? Siguiendo la verdad (pero en amor). Una verdad con odio en el corazón puede ser un arma arrojadiza que hiere y destruye; la verdad en amor enseña y edifica.

La verdad puede ser usada para ofender, si el amor no la preside. En nombre de la sinceridad, la verdad puede ser un grito de guerra, una llamada a las filas de la intolerancia. El comunismo histórico empuñó muchas verdades contra el capitalismo egoísta y explotador, pero al mismo tiempo se llenaron de odio para alimentar la lucha de clases. Con razón uno de sus teóricos dijo: "No creemos en el amor". Resultados: resentimiento, abuso del poder y la autoridad; cárcel, muerte, violencia, y al fin, por mantener el poder la mentira se hizo de uso común y utilitaria.

Claro está, la recomendación o el consejo de la cita bíblica dada al principio no está dirigida a los políticos, ni siquiera a un colectivo religioso no cristiano. Es para una iglesia con sana enseñanza; que fue fundada por Pablo, pastoreada por Timoteo, ayudada por Priscila y Aquila, así como por otras destacadas figuras del cristianismo primitivo. Esta iglesia que tiene los dones de liderazgo entre sus miembros y fundadores, conoce la verdad central: Jesucristo. La verdad resultante: el Evangelio del reino, la verdad indiscutible: la Iglesia; la verdad irrebatible: la palabra de Dios. Con este aval a su favor, con esta carga de verdad, sin embargo se le aconseja que vaya acompañada o, de la mano, del amor.

Más tarde parece que siguieron en la verdad, pero descuidaron el amor, por lo cual es amonestada severamente con la advertencia de que de no arrepentirse caerían en una pérdida espiritual irreparable. Apocalipsis 2: 1-7.

En primera de Corintios 13:6 dice: "[el amor] no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad". Aquí, como en los versículos anteriores el amor se manifiesta como una persona con adjetivos y verbos propios de una persona: es sufrido, es benigno, etcétera. Por lo que no sería arriesgado decir que el amor en primera de Corintios 13 es el Señor mismo. Una vez más vemos aquí al amor dando la mano a la verdad.

Tengo un amigo médico que ha trabajado por mucho tiempo con enfermos terminales. La orientación del hospital es decir al enfermo la verdad. Y dice que vio horrores con dicha práctica. El como cristiano se propuso cambiar el sentido de tan infausta noticia, se dijo: en el nombre del Señor cuando informe a un enfermo terminal de lo irremediable de su estado, le añadiré todo el amor que pueda. Así lo hizo. Pero más aún, Dios añadió a esa cristiana intención la oportunidad de darles el mensaje de salvación, de la esperanza de la vida después de la vida. Fue una expeniencia maravillosa, me decía, supe por ella que con amor se puede comunicar aún lo irremediable.

Los pastores y consejeros sabemos que la única manera de tratar con los que han caído, de cualquier manera es enfrentando al sujeto con la verdad en amor.

Es cierto que la mentira impera en el mundo, y esto crea grandes dificultades para ejercer la práctica de la verdad, pero la falta de amor hacia Dios y hacia los hombres es una plaga que está acabando con los sentimientos, la sensibilidad humana, y a partir de ahí con el matrimonio, la familia, y más aún, está minando a la Iglesia del Señor.

Muéstrame un cristiano armado con la verdad pero sin amor, y conoceré a un soldado con cinco puñales mortíferos en cada mano.

El apóstol Juan encabeza una breve carta dirigida a "la señora elegida y a sus hijos": "A quienes yo amo en la verdad y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, hijo del Padre en verdad y en amor" (2 Juan 1-3).

Jesús pudo decir: "Yo soy la verdad". No una verdad, sino LA VERDAD. Esta palabra con el artículo definido "la" es excluyente. Las demás son verdades pero El es la verdad. El es la verdad invariable en el tiempo y el espacio. Jesús es la verdad porque en El había total armonía entre lo que decía, lo que pensaba y lo que hacía. Si Jesús es la verdad, esto también sugiere que en cuanto a otro camino y a otra vida que no sea El o en El, es mentira.

Esta verdad que es Jesús, vino a damos ejemplo del amor del Padre en su vida. Enseñó, predicó el amor, vivió el amor y murió por amor en manos de los que no conocían el amor.

Pilato demostró que no estaba capacitado para juzgar a Jesús: "Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo; para dar testimonio a la verdad. Todo aquél que es de la verdad oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? 

El gobernador romano era un político que actuaba de cara a la galería. Se lava las manos hipócritamente; no sabe ser justo ni injusto. Quizás había escuchado de la filosofía griga el discurso de la verdad. Pero ahora tiene delante a la verdad en la persona de Jesucristo. Y quedó para la historia su pregunta: "¿Qué es la verdad?"

La verdad estaba camino de ser crucificada y enterrada, pero como Verdad eterna resucitó por amor a nosotros para damos vida.

Recién llegado a España, en el inicio de la década de los setenta, conocímos, y más tarde intimamos con un cristiano de una iglesia evangélica donde nos congregábamos. Un hombre de unos cuarenta y cinco años entonces, de familia republicana, un luchador nato. Se podía decir que este hombre era un abanderado de la verdad. Conocía la Biblia casi de memoria. Sus personajes del Antiguo Testamento eran los profetas. Le encantaba Elías degollando sacerdotes de los baales. Con su magnífica voz de locutor de radio, más que discutir, tronaba. Le gustaba el Jesús que trastornó las mesas de los cambistas e hizo un azote de cuerdas. De los discursos de Jesús, memorizaba aquél de Mateo 23 que repite: "¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas!"

Antonio, llamémosle así, le salía al paso a cua!quiera, y en cualquier lugar para desenmascarar una mentira política, religiosa o filosófica. Era como un clásico de la verdad, o sea, la verdad por la verdad. Su familia le temía. Su verdad era un látigo encendido e hiriente. Asombraba por su conocimiento de la Escritura, y de otros temas seculares; pero desencantaba su falta de amor para aplicar la verdad. Su mensaje era siempre condenatorio, tenía madera de inquisidor. En los estudios bíblicos él pedía turno para compartir su opinión. Levantaba su torrente de voz para echar abajo lo que él llamaba resquicio de mentira, simulación o hipocresía. Si había algún católico romano, sacaba toda "la historia escrita con sangre" y las indulgencias; la idolátría, el papado, etcétera, de manera que todos quedábamos avergonzados. Alguna vez le pregunté si él había llevado algún alma a los pies de Jesucristo. Y me respondió: "Yo no he sido llamado para esa ñoñería de ganar almas. Yo soy un apóstol de la verdad". Conociendo un poco más de su pasado, me di cuenta que era un hombre atormentado, que aunque había conocido el Evangelio de la gracia no se había ejercitado en el amor. La verdad sin amor es una espada que mata. La verdad con amor es bálsamo que cura.

"Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad". Juan 1:14

La palabra gracia es sinónimo de amor. Juan, el discípulo amado, podía apreciar en el Dios humanado dos atributos divinos: La gracia (amor) y la verdad.

Unos versículos más adelante, el evangelista expresa casi lo mismo pero en forma comparativa: "Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Juan 1: 17). En estos dos versículos, y tratándose de Jesucristo, la gracia (el amor) y la verdad son inseparables.

La verdad divorciada del amor sería como un profeta con la mitad de su mensaje.

Quiero terminar este capítulo con unos versos sencillos de José Martí: -

Yo quiero cuando me muera
Sin patria, pero sin amo,
llevar en mi tumba un ramo
de flores y una bandera.

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardos ni ortigas cultivo.
Cultivo una rosa blanca.

Mi verso es como un puñal
que por el puño echa flor.
Mi verso es un surtidor
que da el agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido.
Mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo...

Siempre me ha gustado mucho este pensamiento del mismo autor: "Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y destruyen".

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Tomado de "Dejad que el amor presida". Editorial Unilit

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