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MV#041507
EL CAMINO, LA VERDAD, Y LA VIDA
Por Ada Vélez-
Jesús dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al
Padre, sino por mí (Juan 14:6).
Piénsalo. Ningún profeta ha osado jamás auto proclamarse el Camino, la Verdad y
la Vida. En algunas religiones, se habla de diversos caminos, heterogéneas
verdades, la mayoría de ellas tan ambiguas que pueden bien encajar en cualquier
necesidad del hombre. Algunas prometen otras vidas, muchas vidas, y otras te
dicen que si mueres, puedes reencarnar en algún ser inferior, como una pulga por
ejemplo, y así pagar tu mal “karma”. Otras prometen que si te suicidas
llevándote contigo a los enemigos de tu religión, iras automáticamente al
“paraíso”. Otras religiones te ofrecen pasar un tiempo después de la muerte
pagando tus deudas, y me refiero a literalmente pagando por medio de rituales
religiosos que tus parientes tienen que hacer, y soltar una “billulla” para
pagar monetariamente, y luego entonces tu puedas aspirar a la vida. No ha habido
nadie que proclame ser El Camino, La Verdad y la Vida. Solo el único Dios
verdadero podría promulgar semejante declaración. Piénsalo otra vez.
Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de
Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para
guardar el camino del árbol de la vida (Génesis 3:24).
La primera vez que escuchamos que hay un Camino que lleva al árbol de la Vida,
fue en el principio, el libro de Génesis, en la Biblia. Sabemos que el autor del
Génesis fue Moisés quien en uno de sus múltiples encuentros con Dios, recibió la
revelación de los orígenes del hombre, del pecado, de la muerte, y de Satanás.
Dios en su sabiduría estableció que el hombre pecador no tendrá acceso al camino
por si mismo, por sus fuerzas, sino que para hallarlo, necesitaría primero
arrepentirse de sus pecados, y el Camino vendría al hombre, y le llevaría de la
mano hasta el árbol de la vida. El Camino es Jesucristo, el Hijo unigénito de
Dios.
Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la
vida, y pocos son los que la hallan (Mateo 7:14).
Puedes, si quieres, seguir buscando el Camino en la diversidad de ofertas que
existen allá afuera. Pero déjame decirte que el tiempo con que el hombre cuenta
para hallarlo es, si lo comparas a la eternidad, ínfimo. No tenemos tiempo para
experimentar aquí y allá. En la revelación que Jesucristo resucitado hizo al
apóstol Juan, mi Señor reiteró que Él es el Camino que lleva al árbol de la
vida, y Él ha sido autorizado por Dios para tomar de ese árbol, y darnos de su
fruto a todos los que hemos puesto nuestra fe en Él.
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del
paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7)
Vivimos en un mundo donde la mentira rampante produce espejismos que son casi
imposibles de discernir. Piénsalo. ¿Cuántas veces te han mentido? ¿Cuántas veces
has mentido? ¿Cuántas veces has sido victima de una injusticia producto de un
falso testimonio? No te esfuerces, no te alcanzan los dedos de las manos y de
los pies para contar las veces que has sufrido por causa de las mentiras. La
mentira fue la primera arma que Satanás usó para engañar al hombre. Y dado a que
su creatividad deja mucho que desear, sigue usándola con los mismos resultados
que al principio. Engaña al hombre para que este se aparte, por su propia
voluntad y acciones, del Dios que lo creó.
Más del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios:
No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis. 3:4 Entonces la serpiente
dijo á la mujer: No moriréis; (Génesis 3:3).
En el mundo presente, la serpiente sigue usando las mismas palabras para engañar
al hombre: Si ves pornografía, no morirás. Si usas drogas, alcohol, cigarro, no
morirás. Es bueno experimentar de todo en la vida, y al final de tus días, en tu
lecho de muerte, puedes arrepentirte de todo, salvarte, e ir al paraíso de Dios.
Puedes abortar, y no morirás. Puedes comer hasta hartarte, y ser glotón, y no
morirás. Puedes adulterar, y nadie se enterraría. Nadie se ha muerto por
codiciar a la mujer de su prójimo. Hay mentiras, y mentiras “piadosas”. Debes
creer en otros caminos alternos, pues hay muchas verdades como hay caminos. Por
eso, cuando Jesucristo proclamó que Él es la Verdad, el infierno se desató
contra Él. Nadie había osado proclamar semejante cosa jamás. La naturaleza
verdadera de Dios se reveló en la Biblia desde el principio. A lo largo y ancho
de la Biblia, vemos como Dios usa la verdad para guiar al hombre.
Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; Y conoceréis
la verdad, y la verdad os libertará (Juan 8:31,32).
El hombre ha buscado la libertad, pero Satanás le ha engañado haciéndole creer
que el libertinaje es la verdad. Y el hombre necio dice: Yo soy libre de hacer
lo que me da la gana. No sabe el hombre que a cada acción buena o mala,
corresponde una reacción. Y el hombre que peque en nombre de su libertad
personal, morirá. Mientras más peque el hombre, mas preso esta de su pecado. El
hombre preso no es libre, sino que va, y es llevado, a donde no quiere ir. Y
quien le lleva encadenado es el chanclas, diablo, serpiente, o Satanás y su
camino es la muerte eterna. Por eso era necesario que Jesucristo se hiciera
carne, y habitara entre nosotros, y proclamara la verdad. Jesús vino a deshacer
las obras del diablo. Si el diablo es el padre de las mentiras, luego entonces
Jesucristo vino a deshacer las mentiras, disolviéndolas en la Verdad. Jesucristo
es la Verdad. Nadie ha osado jamás proclamarse la Verdad. Porque ningún otro es
la verdad. No hay otra verdad más que Jesucristo, y su Palabra, en la cual
tenemos que permanecer por siempre, para no ser engañados de nuevo. Mientras mas
conocemos la Palabra, más difícilmente seremos engañados. Mientras permanezcamos
en la Verdad, permaneceremos libres aquí y ahora, y en la vida eterna.
Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y
alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente (Génesis
2:7).
La vida proviene de Dios. No, no somos un accidente producto de una gran
explosión, ni tampoco hemos evolucionado de ser primero un organismo unicelular,
luego un anfibio, a un reptil, a un ave, a un mamífero que se asemeja al hombre,
el cual evolucionó, pero a la vez se quedo tal y como estaba y podemos verlo hoy
en día “involucionado” por algún error de la imperfecta evolución... Piénsalo.
El milagro de la vida proviene de la unión de dos –hombre y mujer- que se
convierten en uno. Luego el hombre produce millones de espermatozoides, la mujer
un ovulo. De entre esos millones de espermatozoides, solo uno es escogido por
Dios para fecundar al ovulo, y de ahí crear a un ser humano único y exclusivo.
La Biblia proclama que la vida proviene de Dios. La consistencia de la
proclamación de que la vida proviene de Dios innegable en toda la Biblia, del
principio al fin. No es sorpresa que Jesucristo se proclame la Vida. Pero esta
manifestación de Dios se puede resumir así: Dios es el autor de la vida física
del hombre, pero también es el autor de la vida espiritual del hombre. ¿Quién
mejor para guiar al hombre, que su Creador? Jesucristo vino a restaurar la vida
espiritual del hombre para que viva eternamente con su Creador. La ciencia
genética ha decodificado el ADN y se han encontrado con que es mas fácil
reconocer que hay un Dios, que negarlo. En otras palabras, solo los necios
niegan que haya un Dios.
Dísele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en
mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá
eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25,26)
Yo si lo creo. Yo creo cada una de las palabras que salio de la boca de Jesús, y
que están plasmadas en la Biblia. ¿Y tú, lo crees? Nadie ha proclamado antes ser
el Camino de Verdad que lleva a la Vida eterna. Y nadie lo ha hecho, ni hará
jamás, simplemente porque nadie mas es ni será el Camino a Dios. Jesús puso su
propia vida, para que nosotros alcancemos la Vida.
Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por
sus amigos (Juan 15:13).
Es un plan perfecto, y Su amor lo hizo posible. No hay otro Dios que haya dado
su vida por su creación. Nadie se ha tomado tanto trabajo, tiempo, esfuerzo y
dedicación para revelar al hombre la Verdad, como el Dios de Israel, de Abraham,
Isaac, Jacob, Juan, Pedro, Pablo, mío, tuyo. JESUCRISTO es el Camino y la Verdad
y la Vida y nadie va al Padre si no es por EL. Si oyes hoy su voz, no endurezcas
tu corazón. Si hay algo que ha demostrado la naturaleza persistente de
Jesucristo por salvar lo que se había perdido, son sus más de dos mil años de
manifestarse a los hombres para salvación y vida eterna. Y este mismo Jesús es
el que te dice: He aquí estoy a tu puerta y llamo, si oyes hoy mi voz, no
endurezcas tu corazón.
DIOS tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga
resplandecer su rostro sobre nosotros (Selah); Para que sea conocido en la
tierra tu camino, En todas las gentes tu Salvación. Alábenle los pueblos, oh
Dios; Alábenle los pueblos todos (Salmos 67:1-3).
Yo estaba perdida. Muchas veces fui engañada, sufrí las consecuencias de mentir,
y de que me mintieran, y mis pecados me estaban matando. Cuando estaba muriendo,
encontré el Camino, -o mejor dicho, el camino vino a donde yo me encontraba-,
pacientemente su Espíritu me llevo a la Verdad, que produjo sus frutos en mí. Me
sanó, me salvó, y me dio la Vida. Yo le buscaba en todos lados. Le busque en
miles de libros –excepto uno-, cientos de religiones, múltiples caminos. Cuando
Él me encontró, ungió mis heridas con aceite, las vendó y sanó. Usó mis lágrimas
para lavar mi alma. Preparó mi tierra, y plantó ahí su semilla. Tímida, surgió
una plantita. La regó, podó y volvió a regarla hasta que la semilla echó raíz y
se fortaleció. Mientras más profunda la raíz, más fuerte el árbol de la Vida.
Ahí, bajo su sombra, hizo su morada en mí. Desde su lugar, me santifica, limpia
y ayuda en todas las pruebas de esta vida, y sigue alumbrando mi camino. Por
todo esto, yo declaro que ¡No hay otro Dios!
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