Ministerios Especiales

Clases a los Sordos

Lidia Rossi Vives, Fundadora y Directora

 

Cada ítem que se enseñe de esta clase debe ir con dibujos y láminas que expliquen
 el contenido de la misma. No olvidar que los sordos aprenden más por «la vista»

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CLASE 46

Muerte y resurrección de Jesús (2)

Hemos Visto como Jesús fue entregado por Judas Iscariote y como fue juzgado y sentenciado a morir en la cruz por confesar que era el Hijo de Dios y Rey de los judíos.

A eso había venido al mundo. Para hacer la voluntad de su Padre, muriendo por todos nuestros pecados y dándonos así la salvación a todos aquellos que creyesen en Él y en el sacrificio de La Cruz.

Antes de su muerte fue golpeado, martirizado y humillado. Y todo esto lo sufrió sin quejarse. Sin hablar.

Estaba sufriendo todo esto en lugar de nosotros y para que nosotros pudiésemos, a través de su sangre, tener comunión con Dios. Estaba poniéndose en nuestro lugar de una vez y para siempre. Era el único camino ordenado por Dios para que el hombre tuviese la oportunidad de la salvación. Era el sacrificio perfecto. Dios, en su inmenso amor por nosotros, mandó a su único Hijo a morir esta terrible muerte.

Su sangre sería el único camino a Dios. "YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA" dijo Jesús. El único camino. No hay otro. JESUCRISTO. Su sangre nos limpia de todo pecado.

CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS.

LEAMOS SAN MARCOS 15:16-20 Y LUCAS 23:26-27

Jesús fue crucificado junto a dos malhechores (San Lucas 23:32-34). Y mientras lo estaban crucificando, su corazón perdonaba e intercedía (pedía) a Dios por aquellos que le hacían mal para que los perdonara. ¡Qué enseñanza! Él estaba pidiendo por sus enemigos. Él comprendía e intercedía al Padre por ellos.

Así intercede Jesús por nosotros pecadores, pidiéndole al Padre que nos perdone. Él se pone en el medio. Entre Dios y nosotros.

Y a través de su sufrimiento, a través de su Sangre, recibimos el perdón de Dios y Dios nos ve a través de la Sangre de su Hijo amado como si nunca hubiésemos pecado si nosotros nos arrepentimos de nuestros pecados y aceptamos a Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas.

En LUCAS 23:39-43 vemos a los dos malhechores que fueron crucificados con Jesús. Uno de ellos no reconoce que Jesús es el Cristo, el Salvador pero el otro sí. Lo hace y se arrepiente de todos sus pecados. Y Jesús le dice: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso"

Así pasa en el mundo. Muchos no reconocen que el único camino para la salvación del alma es Jesús. Lo niegan y se burlan. En cambio, hay otras personas que escuchan con sus oídos espirituales y reconocen a Jesús como Señor y Salvador pidiendo perdón por todos sus pecados.

A estos Jesús también les dice: "ustedes estarán conmigo en el Paraíso. Siempre junto a mi.

¿QUE PASÓ CUANDO JESÚS ESTABA EN LA CRUZ Y AUN NO HABÍA ENTREGADO SU ESPÍRITU AL PADRE? LEAMOS LUCAS 23:44-49

La tierra estuvo tres horas en oscuridad y tembló. Hubo terremotos (Mateo 27:54) hasta que Jesús murió. Recién ahora la multitud se daba cuenta de que realmente Jesús era el Hijo de Dios. Y dicen las Escrituras que regresaban a sus hogares golpeándose el pecho. Sentían la culpa de haber crucificado a un inocente.

Esta es la obra de LA CRUZ. La muerte de nuestro Señor Jesucristo por toda la humanidad. Toda persona que desee en su corazón participar en esta obra de LA CRUZ, solamente deberá arrepentirse de sus pecados como lo hizo el malhechor crucificado con Jesús y pedirle a Jesús que entre en su corazón.

Así sus pecados le serán perdonados. Jesús nos ha comprado con Su Sangre y nos ha sacado de las manos de Satanás. Ahora le pertenecemos a Él y participaremos con Él de la vida eterna. Por su muerte en LA CRUZ somos salvos si le permitimos a Jesús que sea el dueño de nuestras vidas.

ORACIÓN

Señor amado. Nuestro corazón se conmueve al recordar tu muerte en LA CRUZ. Realmente no somos merecedores de tal sacrificio No tenemos palabras para agradecerte lo que has hecho por nosotros. Te amamos y queremos servirte. Hacer tu perfecta voluntad. Somos tuyos. Te pertenecemos. Tú nos has comprado por precio de sangre y nos has dado la salvación. Sabemos que también has muerto por todos los sordos del mundo. Usa nuestras vidas para llevar a cada uno de ellos este mensaje de La Cruz. Que todos ellos comprendan tu sacrificio. Gracias Señor por ser nuestro Rey y Salvador. Te amamos. Amén.

 

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