Recuerde que una persona con
discapacidad, es ante todo, una persona igual a cualquier otra.
Tenga
paciencia, si usted no sabe que hacer o decir, deje que la persona con
discapacidad le ayude a encarar el asunto.
Investigue
intereses mutuos de una manera amigable. La persona con discapacidad
seguramente tendrá otros intereses aparte de los relacionados con su
deficiencia.
Ofrezca
asistencia si se la pide, o si es claramente evidente que la necesita.
Pero no se sobrepase y menos aún insista en ofrecer un servicio que no le
han pedido. Respete los derechos de las personas para indicar que clase de
ayudan necesitan.
Hable sobre
la discapacidad, si viene al caso, en forma natural. Deje que la persona
con discapacidad lo lleve a ese tema, si así lo desea. Jamás use un tono
de lástima.
Aprecie las
cosas positivas que esa persona pueda hacer o tener, más que remarcar en
las que tiene dificultades.
Recuerde
que esas dificultades, es muy probable que tengan su origen en las
barreras o actividades negativas de la sociedad más que en la misma
deficiencia.
Sea
considerado. Casi seguramente habrá que pensar que una persona con
discapacidad requiere más tiempo del habitual para tomar cosas, decirlas,
hacerlas, o comprenderlas.
Deje que la
persona con discapacidad ponga el ritmo al caminar o al hablar. Recuerde
que todos tenemos obstáculos, en algunos de nosotros son visibles.
Recuerde
que no es una enfermedad, sino una condición que afecta los músculos y
en algunos casos los sentidos. ¿Cómo relacionarse adecuadamente? Sea
usted mismo. Háblele directamente a la persona. No piense que él o ella
no lo entienden. Si la persona tiene dificultad para hablar préstele
mucha atención, sin impacientarse.
No complete
la frase del que le está hablando, deje que él la termine. No tema en
pedirle que repita algo que no ha entendido.
Recuerde
siempre que debe preguntar si se necesita su ayuda, antes de brindarla.
Puede no ser necesaria o querida.
No cuelgue
cosas o se recueste sobre una silla de ruedas ya que ella es parte del
espacio corporal de la persona.
Háblele
directamente al que está en la silla, no al que está a su lado, como si
él no existiera.
Si la
conversación dura más de unos pocos minutos, trate de sentarse o ponerse
en cuclillas, para estar a la misma altura.
No trate en
forma humillante al que está sentado en una silla de ruedas,
acariciándole la cabeza. Generalmente la ayuda más necesaria es indicar
una dirección conveniente para ir a determinado lugar,incluyendo la
distancia y los obstáculos que puedan entorpecer el camino.
Deje que
los niños hagan preguntas sobre la silla de ruedas o sobre las personas.
Una comunicación abierta ayuda a vencer temores y prejuicios.
Cuando el
usuario de una silla de ruedas la abandona para ir al baño, la cama o el
auto, no la retire sin permiso del lugar donde la ha dejado.
No hay
inconveniente en usar expresiones tales como: "andas corriendo"
refiriéndose a un usuario de sillas, ya que é posiblemente diga cosas
similares.
Atención:
a veces los que usan sillas de ruedas pueden caminar, y sólo la tienen
para conservar energías o para moverse más rápido.
No crea que
el usar silla de ruedas es sólo una tremenda tragedia. Es también un
medio de dar libertad a quien la usa, de moverse de un lado a otro
independientemente.
Háblele
siempre de frente, recuerde que él estará leyendo sus labios.
Articule
claramente al hablar aunque sin exagerar los movimientos.
No tema en
pedir que le repitan lo que no han entendido.
Si no le
comprenden a usted, repita el concepto cambiando las palabras. Algunas
pueden ser desconocidas para la persona sorda.
Para estas
personas es muy difícil participar de una conversación en un grupo
numeroso. No podrá mirar el movimiento de los labios de todos al mismo
tiempo. En este caso, si quiere colaborar con él, colóquese de frente y
repítale lo que los demás dicen sin emitir voz. El estar preparado en
Lengua de Señas (de Signos) ayuda ya que habrá más libertad al
interpretar la conversación y se hará más rápido. Asegúrese siempre
de que ambos (sordo e intérprete) se han comprendido, repitiendo el tema
cuantas veces sea necesario.
Si usted
está ayudando y no está seguro exactamente de lo que hacer, pregúntele
a un experto: ese a quien está ayudando.
Jamás tome
el bastón del ciego sin su previa autorización. Recuerde que es un medio
de información fundamental para él.
Si va a
caminar con una persona ciega, no lo tome del brazo. Deje que él o ella
tome el suyo. La persona ciega, por los movimientos de su cuerpo sabrá
cuándo se presentan obstáculos y de que tipo. Para evitar sorpresas, la
persona ciega puede preferir caminar medio paso detrás de usted.
Háblele
directamente a la persona ciega, en el mismo tono de voz que cualquier
otra persona. Para enfatizar que es a él a quien le habla, puede tocar
ligeramente su brazo.
No se
desespere por sustituir palabras tales como ver, mirar y ciego, no las
pase por alto, los ciegos también las usan corrientemente.
Si van a
sentarse a la mesa, conduzca la mano de la persona ciega al respaldo de la
silla. A partir de ahí, él sabrá cómo desenvolverse. Guíese por el
sentido común para ofrecerle ayuda con la comida o para alcanzarle alguna
cosa.
La mayor
parte de las personas ciegas aprecian que usted espontáneamente y en voz
baja le brinde la información sobre las cosas que él no puede ver, como
las características del lugar en que se encuentra, o de las personas que
están con él.