¿Cuántas
veces te has sentido solo y tentado a dejar todo por considerar
infructuosa tu tarea?
¿Cuántas
veces aquellas personas a las cuales dedicaste largas horas de tu vida
enseñando a predicar y discipular a personas con capacidades diferentes,
han abandonado la tarea comenzada?
¿Tienes
la sensación de que cada día debes volver a empezar?
¿Le
has preguntado al Señor el por qué de tu llamado?
¿Te
has cuestionado el no haber calculado bien los costos antes de decirle
"Sí" al Señor?
Muchos
obreros se habrán hecho estas preguntas y otras más. Muchos misioneros
deben sentir esta soledad que sientes tú.
Pero
pon en una balanza los sinsabores y las bendiciones y verás que las
bendiciones llenan tu corazón y tus recuerdos.
Hay
un pueblo por alcanzar y Dios te ha llamado. Que cuando vayas a su bendita
presencia Él pueda decir de ti "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco
has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor"