Salomé
"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos,
postrándose ante él y pidiéndole algo". (Mateo 20:20)
Lease Lucas 20:20-28; Marcos 15:40, 41
Salomé era la esposa de Zebedeo, y la madre de Juan y Jacobo. Lo notamos al
comparar Marcos 15:40 con Mateo 27:56. Marcos nos da el nombre de Salomé como
una de las mujeres que estuvieron presentes en el entierro de Jesús. En Mateo
no se menciona su nombre pero se la designa como la madre de los hijos de
Zebedeo. Salomé podía considerarse como muy bendecida entre las mujeres,
puesto que era la madre de dos de los discípulos más queridos por Jesús. Es
indudable que los tres apóstoles en quienes Jesús tenía más confianza eran
Pedro, Juan y Jacobo. Más adelante apareció Pablo, pero este no formaba parte
de los doce. Jacobo y Juan, junto con Pedro, siempre son nombrados en ocasiones
aparte. Jacobo murió como mártir según vemos en Hechos 12:2, por lo que su
entrada en el cielo precedió a la de los otros apóstoles. De los once que
habían presenciado la ascensión de Jesús en el monte de los Olivos, Jacobo
fue el primero llamado a la comunión con el Señor.
La vida de Salomé, pues, dio mucho fruto. Sus dos hijos retuvieron su
posición clave entre los apóstoles. Juan murió mucho más tarde. Fue el
último de los apóstoles que murió, después de la revelación de Patmos.
Salomé era la mujer de un pescador. Vivían en la cosata del Lago de
Genezaret. Era de esperar que sus hijos Juan y Jacobo seguirían moviéndose
entre barcas y redes, continuando la ocupación de su padre. Pero, el curso de
la familia fue cambiando súbitamente cuando Jesús los llamó a formar parte de
su grupo. Su posición como apóstoles de un Rey con poder en el cielo y en la
tierra cambió las ambiciones de Salomé para ellos, como veremos a
continuación.
Hay multitud de leyendas con respecto a Salomé. Por ejemplo: que nació de
un primer matrimonio de José, y por ello estaba emparentada con la familia de María. Otra, que era hija de Zacarías. El sentido de ellas es establecer el
hecho que Jacobo y Juan probablemente habrían ya oído hablar de Jesús, cuando
este los llamó. Más probable es que la familia había oído hablar de Jesús a
través de Juan el Bautista, cuando este predicaba junto al Jordán. Esto
significa que la familia ya estaba preparada para recibir el mensaje, pues no se
nos dice que Zebedeo hiciera el menor esfuerzo para retenerlos; en cuanto a
María sabemos que fue luego ella misma a escuchar a Jesús y que siguió a las
mujeres. Ya vimos que fue una de las mujeres que preparó los lienzos y especias
para el entierro de Jesús.
El pecado de Salomé era el de los apóstoles. Reconoció que Jesús era el
Mesías, pero no podía separar al Mesías de la gloria temporal de Israel. No
se dio cuenta que los hijos de Abraham lo eran por la fe, no por sus hijos y por
Pedro, y quizá sintiera incluso celos de Pedro y quiso asegurarse de que sus
hijos, cuando Jesús viniera en su Reino, tuvieran un lugar de honor en él.
Estas razones, comprensibles al considerar el orgullo natural de madre, la
inducen a esta petición pecaminosa. No procedía de la fe, sino de lo opuesto a
la fe.
¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Dirigiéndose a sus hijos, que estaban con
ella, les pregunta si podían beber de la copa que estaba preparada para él.
Los hijos respondieron que podían. Jesús les confirmó el hecho que realmente
lo harían: profetizando con ello el martirio, del que los dos iban a morir más
adelante en distintas circunstancias. ¡Esta fue la corona de Salomé! ¡Una
corona de eterno peso de gloria!
Preguntas sugeridas para estudio y discusión:
1- ¿Qué dos hijos de Salomé fueron seguidores de Jesús desde el
principio de su ministerio?
2- ¿Qué categoría tenían entre los discípulos?
¿En qué orden murieron?
3- ¿Cuál era el principal pecado de Salomé?
¿Estaba orgullosa de sus hijos?
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