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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 10 | Ver Comentario a Salmos 10 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." La versión de los LXX une este salmo con el noveno, haciendo de ambos uno, pero en la Biblia Hebrea son dos salmos distintos; el tema y el estilo son diferentes ciertamente. En este salmo, I. David se queja de la maldad de los inicuos y se percata de la demora que Dios muestra en aparecer contra ellos (vv. 1-1 1). II. Ora a Dios a fin de que lo haga para alivio de su pueblo, y se consuela con la esperanza de que lo hará a su debido tiempo (vv. 12-18).Versículos 1-11 En estos versículos, descubre David: 1. Un gran amor a Dios y un ferviente deseo de la comunión con él (v. 1): <<¿Por qué estás lejos, oh Yahweh, como a quien no le importan las indignidades que se cometen contra tu nombre y las injurias que se hacen a tu pueblo?>> ¡No juzguemos por las apariencias! Nos alejamos de Dios con nuestra incredulidad, y luego nos quejamos de que Dios se aleja de nosotros. 2. Un gran odio al pecado y gran indignación contra los pecadores. Al contemplar a los transgresores, se apena, se asombra y presenta ante su Dios la maldad que cometen con altivez y descaro. Las invectivas satíricas contra los malos suelen hacer más mal que bien, a no ser que las presentemos únicamente a Dios en oración, pues solo él les puede poner remedio y hacer mejores. La gran maldad del inicuo se compendia aquí en pocas palabras (v. 2): <<Con arrogancia el malo persigue al pobre>> ¡Arrogancia y persecución! Siendo La primera la causa de Ia segunda, tanto en el Estado como en la Iglesia. Tras comenzar con esta descripción, el salmista inserta una breve plegaria, como un paréntesis, y dice: «Queden (lit. quedarán) atrapados en la trama que han urdido» (v. 2b). (A) El pecador se gloria arrogantemente de su poder y de sus éxitos. «Se jacta de los antojos de su alma» (v. 3), esto es, se jacta de que puede llevar a cabo lo que desea. La 2.a parte de este versículo —nota del traductor— es algún tanto confusa en el original, pero la única versión que, siendo fiel al hebreo, encaja bien en el contexto, es la que da La Reina-Valera 1977: « El codicioso maldice (y) desprecia a Yahweh>’. Véase cómo La arrogancia lleva a la persecución, y la avaricia lleva a la blasfemia. (B) El pecador echa de sí todo pensamiento de Dios (v. 4): Ni le busca ni piensa en él. La altivez conduce a la irreligión. Los hombres no buscan a Dios porque piensan que no le necesitan y que sus propias manos les bastan. Menosprecian orgullosamente los mandamientos de Dios (v. 5): «Tus juicios los tiene muy lejos de su vista", pensando que son pura abstracción sin realidad alguna. Confían tanto en sí mismos que no temen que su prosperidad pueda tener jamás fin ni mengua (v. 6): <<Dice en su corazón: No seré inquietado jamás; nunca me alcanzará el infortunio». Son como Babilonia: <<Para siempre seré señora>’ (Is. 47:7. Comp. Ap. 18:7). Quienes de esta forma se creen más lejos de la ruina, son los que más cerca están de ella. (C) Para satisfacer su orgullo y su codicia, y para oponerse a Dios y a la religión, oprimen y explotan a cuantos tienen al alcance de la mano. Hablan con malvada amargura (v. 7): «Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraudes. Como Caín, <<Se sienta en acecho cerca de las aldeas; para matar a escondidas al inocente. Sus ojos están acechando al desvalido, etc.» (vv. 8, 9). «Se encoge y se agacha» (v. 10), no por estar avergonzado de lo que hace, sino para mejor cazar a los incautos; ni por temor a la ira de Dios, pues se imagina que Dios no se da cuenta de sus crímenes (v. 11), sino para que no se descubran sus planes y sus intenciones. Los que tienen poder y autoridad tienen también la obligación de proteger al inocente y proveer para el pobre, pero éstos destruyen precisamente a los que deberían ser objeto de su protección. Versículos 12-18 Tras la precedente presentación de la inhumanidad e impiedad de los opresores, David se dirige ahora a Dios. Veamos: I. Qué es lo que le pide. 1. Que Dios mismo haga acto de presencia (v. 12): <<Levántate, oh Yahweh Dios, alza tu mano, manifiesta tu poder y providencia en los asuntos de este mundo de abajo, y confunde a los que dicen que tienes tapado el rostro>> (v. 11). 2. Que se manifieste a favor de su pueblo: <<No te olvides de los pobres, de los oprimidos y desvalidos. Sus opresores, en su presunción, dicen que los has olvidado, y ellos mismos, en su desesperación, están tentados a decir Lo mismo. Manifiéstate, Señor, para que se vea que ambos están en un error.>> 3. Que se manifieste contra sus perseguidores (v. 15): <<Quebranta tú el brazo del inicuo, quítale el poder, haciendo que no reine el hombre impío, ni enrede en sus mallas a/ pueblo>> (Job 34:30). II. A qué apela para avivar su propia fe en estas peticiones: 1. Apela a la grave afrenta que estos orgullosos opresores hacen al propio Dios (v. 13): <<¿Por qué desprecia el malo a Dios?>>. Si, le desprecia, puesto que le dice en su interior: <Tú no lo inquirirás; no nos tomarás jamás cuenta de lo que hacemos.>> No se puede causar mayor afrenta al honor de un Dios justo y poderoso. Los malos desprecian a Dios porque no le conocen. ¿Y por qué permite Dios que le desprecien de ese modo? Porque el día de rendir cuentas no se retrasará. 2. Apela al conocimiento que Dios tiene de todos los males que los opresores llevan a cabo (v. 14): <<Tú lo has visto, etc.>> 3. Apela a la dependencia que los pobres y oprimidos tienen de él (v. 14b): <<A ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano. En tu poder, sabiduría y bondad confían. ¡No les abandones, pretéjeles!>> 4. Apela a la relación que el propio Dios ha tenido a bien establecer con ellos : (A) Como un gran Dios (v. 16): <<Yahweh es Rey eternamente y para siempre (es decir, continuamente).>> Como diciendo: <<Señor, haz que todos los que te rinden tributo y homenaje como a su Rey, hallen en tu gobierno el beneficio y el refugio.>> (B) Como un buen Dios, pues él es el protector de los desvalidos y de los huérfanos (v. 14). 5. Apela finalmente a la experiencia que el pueblo de Dios tiene de la prontitud con que el Señor se manifiesta a favor de ellos (v. 16b): <<De su tierra han sido barridos los gentiles>>; las siete naciones cananeas están ahora, por fin, desarraigadas del suelo de Palestina, lo cual es un consuelo y un aliento para esperar que Dios quebrantara del mismo modo el brazo de los opresores israelitas que, en muchos aspectos, son peores que Los mismos gentiles. Dios había oído la oración y conocía el deseo de los humildes y oprimidos (vv. 17, 18); les había hecho justicia, por lo que sus clamores no habían sido en vano. <<Así, pues, —viene a decir—, tú vas a escucharles también ahora, pues eres el mismo de siempre, con el mismo poder y la misma bondad.>> El prepara los corazones para la oración encendiéndoles el deseo santo y fortaleciéndoles la fe sincera; y luego acepta benévolamente sus plegarias. Pondrá, pues, fin a la furia de los opresores, a fin de que no vuelva(n) más a infundir terror al hombre (hebr. enosh = el ser humano en su debilidad congénita) hecho de arcilla (lit. de la tierra), destinado a fenecer como heno (Is. 51:12). El que nos protege es el Dios del Cielo, mientras que el que nos persigue no es más que un hombre de la tierra.
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