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Salmos 18 (RV60)
1 Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
2 Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
3 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mis enemigos.
4 Me rodearon ligaduras de muerte,
Y torrentes de perversidad me atemorizaron.
5 Ligaduras del Seol me rodearon,
Me tendieron lazos de muerte.
6 En mi angustia invoqué a Jehová,
Y clamé a mi Dios.
El oyó mi voz desde su templo,
Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.
7 La tierra fue conmovida y tembló;
Se conmovieron los cimientos de los montes,
Y se estremecieron, porque se indignó él.
8 Humo subió de su nariz,
Y de su boca fuego consumidor;
Carbones fueron por él encendidos.
9 Inclinó los cielos, y descendió;
Y había densas tinieblas debajo de sus pies.
10 Cabalgó sobre un querubín, y voló;
Voló sobre las alas del viento.
11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí;
Oscuridad de aguas, nubes de los cielos.
12 Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron;
Granizo y carbones ardientes.
13 Tronó en los cielos Jehová,
Y el Altísimo dio su voz;
Granizo y carbones de fuego.
14 Envió sus saetas, y los dispersó;
Lanzó relámpagos, y los destruyó.
15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas,
Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo,
A tu reprensión, oh Jehová,
Por el soplo del aliento de tu nariz.
16 Envió desde lo alto; me tomó,
Me sacó de las muchas aguas.
17 Me libró de mi poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.
18 Me asaltaron en el día de mi quebranto,
Mas Jehová fue mi apoyo.
19 Me sacó a lugar espacioso;
Me libró, porque se agradó de mí.
20 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.
21 Porque yo he guardado los caminos de Jehová,
Y no me aparté impíamente de mi Dios.
22 Pues todos sus juicios estuvieron delante de mí,
Y no me he apartado de sus estatutos.
23 Fui recto para con él, y me he guardado de mi maldad,
24 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.
25 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,
Y recto para con el hombre íntegro.
26 Limpio te mostrarás para con el limpio,
Y severo serás para con el perverso.
27 Porque tú salvarás al pueblo afligido,
Y humillarás los ojos altivos.
28 Tú encenderás mi lámpara;
Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.
29 Contigo desbarataré ejércitos,
Y con mi Dios asaltaré muros.
30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová;
Escudo es a todos los que en él esperan.
31 Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?
32 Dios es el que me ciñe de poder,
Y quien hace perfecto mi camino;
33 Quien hace mis pies como de ciervas,(A)
Y me hace estar firme sobre mis alturas;
34 Quien adiestra mis manos para la batalla,
Para entesar con mis brazos el arco de bronce.
35 Me diste asimismo el escudo de tu salvación;
Tu diestra me sustentó,
Y tu benignidad me ha engrandecido.
36 Ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
37 Perseguí a mis enemigos, y los alcancé,
Y no volví hasta acabarlos.
38 Los herí de modo que no se levantasen;
Cayeron debajo de mis pies.
39 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea;
Has humillado a mis enemigos debajo de mí.
40 Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Para que yo destruya a los que me aborrecen.
41 Clamaron, y no hubo quien salvase;
Aun a Jehová, pero no los oyó.
42 Y los molí como polvo delante del viento;
Los eché fuera como lodo de las calles.
43 Me has librado de las contiendas del pueblo;
Me has hecho cabeza de las naciones;
Pueblo que yo no conocía me sirvió.
44 Al oír de mí me obedecieron;
Los hijos de extraños se sometieron a mí.
45 Los extraños se debilitaron
Y salieron temblando de sus encierros.
46 Viva Jehová, y bendita sea mi roca,
Y enaltecido sea el Dios de mi salvación;
47 El Dios que venga mis agravios,
Y somete pueblos debajo de mí;
48 El que me libra de mis enemigos,
Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí;
Me libraste de varón violento.
49 Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová,
Y cantaré a tu nombre.(B)
50 Grandes triunfos da a su rey,
Y hace misericordia a su ungido,
A David y a su descendencia, para siempre.
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Comentario al Salmo
18
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.
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SALMO 18
Este salmo lo hemos visto ya en 2 S. 22:1 y ss. Esa fue la primera edición de
él. Aquí lo tenemos revisado y reavivado, con pequeñas alteraciones, y a
propósito para el uso litúrgico. Es un salmo de acción de gracias por las muchas
liberaciones que Dios había otorgado a David. La poesía es de fino estilo; las
imágenes, atrevidas; las expresiones, elevadas. y cada palabra es apropiada y
llena de sentido; con todo, la piedad sobrepasa con mucho a la calidad literaria
del poema (en efecto, como poema métrico —3 más 3— aparece en la Biblia Hebrea,
mientras que en 2 S. 22, está en prosa, como puede verse por la acentuación.
(Nota del traductor). Todos los sentimientos santos y puros tienen aquí su
expresión en alto vuelo: fe, amor, gozo, esperanza, alabanza, etc. I.
David canta victoria en Yahweh (vv. 1-3). II. Engrandece a Dios por las
liberaciones que le ha concedido (vv. 4-19). III. Toma ánimo y consuelo
en el hecho de que Dios ha salido en defensa de su integridad (vv. 20-28).IV.
Da a Dios la gloria que le pertenece por todas sus realizaciones (vv.
29-42). V. Se anima a sí mismo con la expectación de lo que todavía ha de
hacer Dios a favor suyo y de los suyos (vv. 43-50).
Versículos 1-19
El
salmo lleva una larga inscripción, que forma el v. 1 en la Biblia Hebrea, en la
que, por tanto, el salmo tiene 51 vv., en lugar de 50. Solamente es de notar
aquí que David es llamado, en esta inscripción, el siervo de Yahweh, como lo fue
Moisés. Mayor honor era para David ser el siervo de Yahweh que el rey de Israel;
y así lo llamaba Dios mismo (2 S. 3:18; 7:5, 8).
- I. David canta victoria por el apoyo que recibe de su Dios y expresa el
amor que tiene a su ayudador (v. 1): «Te amo, oh Yahweh, fortaleza mía».
El verbo hebreo indica un afecto entrañable, y la frase es como un epígrafe que
compendia el contenido de todo el salmo. El interés en el amado es el deleite
del amante y, por eso, David se detiene con gusto en pulsar esta cuerda de su
lira (v.2):«Yahweh, roca mía y castillo mío, y mi libertador, etc. ¡Todo
lo que necesito en la presente situación!»
- II. Se dispone luego a engrandecer a Dios por las liberaciones que ha
llevado a cabo a favor suyo, a fin de estar mejor dispuesto para continuar sus
alabanzas.
- 1. Cuanto más inminente y amenazador es el peligro del que fuimos
librados, tanto mayor es el favor de la liberación. David recordaba ahora las
fuerzas de sus enemigos sueltas contra el y las llama (vv. 4, 5): «cuerdas
(lit.) de muerte», «torrentes de maldad» (hebr. beliyaal), «ligaduras
del Seol», «lazos de muerte», epítetos sinónimos que se acumulan para
dar mayor expresividad.
- 2. Cuanto mayor ha sido nuestro anhelo, en oración, de que Dios nos
librase, y cuanto más directa ha sido la respuesta de Dios a nuestras oraciones,
tanto mayor es la obligación que tenemos de ser agradecidos. Así era en el caso
de David. Hallamos en él un hombre orante, y en Dios un Dios escuchante de las
oraciones de los suyos.
- 3. Cuanto más maravillosa es la manifestación de Dios en cualquier
liberación, tanto mayor es dicha liberación; así eran las liberaciones llevadas
a cabo en favor de David, por lo que él describe con la mayor magnificencia la
manifestación de la presencia y de las perfecciones de Dios en esas liberaciones
(vv. 7 y ss.). En ellas, muy poco es lo que se ve de los hombres, y mucho lo que
se ve de Dios, quien llegó a sacudir la tierra y hacerla temblar, etc. (v. 7),
expresiones simbólicas de una actuación extraordinaria por parte de Dios,
propias del lenguaje apocalíptico. Las imágenes son de una belleza imponente: La
ira de Dios era tan «ardiente» que salía humo de su nariz y fuego de
su boca; los carbones expresan los relámpagos salidos de la densa
nube (v. 8). Siempre en la misma línea antropomórfica, Dios inclinó los
cielos (v. 9), es decir, abrió la bóveda celeste, e inclinando parte de ella
como una especie de compuerta, descendió teniendo densas nubes por pedestal. Es
conocida la imagen del Dios «Yahweh que está sentado entre querubines»
(por ej. Sal. 80:1; 99:1), los cuales aparecen también, como aquí, en movimiento
(comp. con Ez. 10). Cabalgando sobre un querubín, vemos a Dios volando
sobre las alas del viento (v. 10). Todo ello, para mostrar su disposición a
defender la causa de los suyos y llevarles rápidamente liberación. Aquí, como en
la obra de la redención de la humanidad, no envió un ángel, sino que vino El
mismo en persona. ¿Qué oposición, qué obstrucción, podía encontrar quien de esta
manera tan majestuosa se aprestaba a librar a su siervo? Venía envuelto en
tinieblas (v. 11) y, sin embargo, desde la oscuridad de su escondedero hace
brillar la luz de la salvación (Is. 45:15). Su gloria es invisible (v. 1 Ti.
6:16); no sabemos el camino que toma, incluso cuando viene a nosotros por sendas
de misericordia; pero, aunque sus designios sean secretos, son benévolos. Como
en el caso de Jos. 10:10 y ss. y Jue. 5:20 (cántico de Débora), Dios lanzó
contra los enemigos de David todo el aparato eléctrico de una gran tormenta (vv.
12-14). El escenario es parecido al que contempló Moisés en el Sinay.
- 4. Cuanto mayores son las dificultades que se cruzan en el camino de la
liberación, tanto más gloriosa es (vv. 16, 17). David aparece aquí asaltado por
sus enemigos, que se aprovecharon de su situación digna de lástima (v.
18a),hasta tenerle como hundido en lo profundo del mar (v. 16b), pero, como en
la liberación de los israelitas a través del Mar Rojo, Dios, con un resoplido
del aliento de su nariz, dividió las aguas hasta poder verse el fondo del
mar(v. 15) y, del aprieto y estrechura en que le tenían sus enemigas, Dios
sacó a David de allí, a pesar de que sus enemigos eran más fuertes que él
(v. 17).
- 5. Lo que realmente coronó la magnificencia de la liberación de David
fue la libertad que Dios le otorgó (v. 19): De aquel como «fondo del mar»
(v. 15), en que David se hallaba por la persecución de sus enemigos, Dios le
sacó a lugar espacioso, espacio de libertad, donde no solo podía moverse a
su gusto, sino también prosperar en él. Ella no se debió a ningún mérito ni
esfuerzo de David, sino únicamente a la libre y soberana gracia de Dios: «Me
libró porque me amaba» (v. 19b).
- Al leer y cantar estos versículos, bien podemos aplicarlos al Hijo de David,
Jesucristo: Los dolores de la muerte le rodearon: en su apuro, oró y lloró a
gritos (He. 5:7); Dios hizo que la tierra temblara coma con dolores de parto
(Hch. 2:24, a la luz de Mt. 27:51-53), que se quebrasen las rocas y que él
saliese, par la resurrección, a un lugar espacioso, pues Dios se había deleitado
en él y en su obra.
Versículos 20-28
1.
David, ya consolado, reflexiona sobre su integridad personal y se regocija en el
testimonio de su conciencia de que se ha comportado con sencillez y
sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal (2 Co. 1:12). Sus liberaciones
lo evidenciaban, y éste era el gran consuelo que sacaba de ellas, pues
testificaban de su inocencia ante los hombres y le exoneraban de los crímenes de
que era acusado falsamente. Esto es lo que él llama «retribución conforme a
su justicia» (vv. 20, 24). Con gran satisfacción recuerda aquí él este
testimonio de su conciencia (Bb. 21,23). Aun cuando seamos conscientes de más de
un tropezón y de algunos malos pasos dados, si nos recuperamos par media del
arrepentimiento y continuamos por el camino del deber, no nos será computado
como un apartamento de Dios, puesto que no ha sido un apartamento malicioso.
David había conservado su vista fija en la norma de los mandamientos de Dios (v.
22): «Pues todos sus preceptos (lit. juicios) estuvieron
delante de mí».
- 2. Toma de aquí ocasión para sentar las normas del gobierno y del
juicio de Dios, a fin de que conozcamos no sólo lo que Dios espera de nosotros,
sino también lo que nosotras podemos esperar de él (vv. 25,26). Los que se
muestran misericordiosos con el prójimo, hallarán misericordia con Dios (Mt.
5:7). Dondequiera encuentra Dios un hombre recta, hallará éste un justo Dios.
- 3. De ahí toma ocasión David para consolar a las humildes (v. 27): «Porque
tú salvas a la gente humilde, que es perjudicada y lo soporta con paciencia,
pero humillas los ojos altivos, los de quienes piensan de sí mismos
altamente (comp. Ro. 12:3) y miran a los demás por encima del hombro, coma suele
decirse, menospreciando a los pobres y piadosos (V. también Lc. 1:51-54).
También toma David ocasión para animarse a si mismo (v. 28): «Tú encenderás
mí lámpara, me conservarás la vida y me protegerás de mis enemigas,
Yahweh mí Dios alumbrará mis tinieblas (comp. con 27:1), de forma que no me
sorprenda la muerte y pueda así yo seguir teniendo oportunidades de servirte a
ti y a los intereses de tu reino en media de los hombres.
Versículos 29-50
-
1. David vuelve la vista atrás con gratitud, para recordar las grandes
cosas que Dios había hecho por él. Cuando nos ponemos a alabar a Dios par algún
favor, hemos de aprovechar la ocasión para considerar los muchos otros favores
con que Dios nos ha rodeado durante toda nuestra vida. Muchas eran las
circunstancias que habían contribuido al progreso de David, y él reconoce la
mano de Dios en todas ellas, a fin de enseñarnos a que hagamos lo mismo. (A)
Dios le había dado pericia y talento en los asuntos militares, para los que no
había sido criado, ya que su vida era pastoril, y sus habilidades e
inclinaciones estaban orientadas hacia la poesía, la música y la vida
contemplativa (v. 34): «Quien adiestra mis manos para la batalla» (B)
Dios le había dada fuerzas físicas para arrostrar las tareas y fatigas de la
guerra (vv. 32,39): «Dios es el que me ciñe de poder», «me ceñiste de
fuerzas para la pelea», de forma que podía entesar bien un arco de bronce
(v. 34). Cuando Dios destina a una persona para un servicia determinado, también
la equipa bien para dicho servicio. (C) También le había concedido Dios gran
agilidad, no para huir de sus enemigos, sino para caer sobre ellos (vv. 33, 36):
«Quien hace mis pies como de ciervas», «Ensanchaste el camino debajo
de mis pasos», equivalente a «Alargaste mis pasos debajo de mí», en
lo que es de considerar que, mientras que los que alargan demasiado los pasos
corren el peligro de pisar mal, los pies de David no habían resbalado (v.
36b). (D) Dios le había dada gran valentía. Aunque delante de él acampasen
ejércitos, no se echaba para atrás, sino que los desbarataba; ni los
muros le detenían, pues con su Dios estaba dispuesto a asaltarlos (v.
29); y, una vez en lo alto, Dios le sostenía en pie (v. 33b). (E) Dios le
había protegido y guardado a salvo en media de los mayores peligros (v. 35):«Me
diste asimismo el escudo de tu salvación. Así fue librado de las
contiendas del pueblo (v. 43) y, en especial, del varón violento (v.
48), aludiendo sin duda a Saúl, que más de una vez le arrojó la jabalina. (F)
Dios le había prosperado en todas sus cosas (vv. 32, 35): «Quien hace
perfecto mi camino», «Tu diestra me sustentó, y tu benignidad me ha
engrandecido». Mientras que los que son abandonados por Dios, pronto son
vencidos (v. 42), los que son favorecidos por Dios, son elevados por encima
de los que se levantan contra ellos (v. 48). (G) Dios le había llevado hasta
el trono, y no solo le había protegido y le había conservado con vida, sino que
le había hecho grande y respetable (v. 43): «Me has hecho cabeza de naciones;
pueblo que yo no conocía me sirve».
- 2. David dirige también sus ojos hacia arriba en humilde y reverente
adoración a la gloria y a las perfecciones de Dios. Se esfuerza, en sus
alabanzas, por engrandecer a Dios, por bendecirle y exaltarle (v. 46). Le da
honor. (A) Como al Dios viviente (v. 46): «Vive Yahweh» (traducción más
probable). Los dioses de los paganos eran dioses muertos, pero el Dios verdadero
vive para siempre y no dejará de proteger a quienes confían en el; más aún,
porque él vive, también ellos vivirán, pues él es la vida de ellos. (B) Como al
Dios perfecto en todo. No sólo es perfecto en su persona, sino también en todo
lo que hace (v. 30): «En cuanto a Dios, perfecto es su camino». Lo que
Dios comienza a edificar, también tiene poder para concluir (Fil. 1:6). (C) Como
al Dios fiel: «Y acrisolada la palabra de Yahweh» (v. 30), esto es, sus promesas
se cumplen plena y puntualmente (comp. 12:7; 19:8; 119:140). David lo había
experimentado bien en muchas ocasiones y lo menciona aquí, pues la misma que
ponía dulzura en la Providencia, ponía honor en la promesa. (D) Como al
protector y defensor de su pueblo. Así lo había sido para David mismo (v. 46): «¡Bendita
sea mi roca, y enaltecido sea el Dios de mi salvación! Con su poder y gracia
soy salvo; pero no sólo yo: Escudo es a todos los que en el se refugian
(v. 30. Lit.); a todos los resguarda y protege, pues quiere y puede hacerlo.
- 3. David mira asimismo hacia adelante con esperanza segura de que Dios
seguirá haciéndole bien. Espera que sus enemigos serán completamente subyugados
(v. 44, donde los verbos hebreos están en imperfecta —futuro—, pero su mejor
traducción es en presente continuativo. Nota del traductor). David termina el
salmo lleno de agradecimiento (v. 49), con la esperanza segura de que las
victorias que le concede a él y las bendiciones que le otorga se extenderán
también a su descendencia para siempre (v. 50), incluido el Ungido por
antonomasia, el «Hijo de David». Dice Arconada: «El final del salmo hace ver que
en el ánimo agradecido del poeta estaba presente la profecía de Natán, cuyas
mismas palabras emplea (2 Sam. 7:15-16)».