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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 41 | Ver Comentario al Salmo |Salmo 41 (RV60) -Oración pidiendo
salud. ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." La misericordia y la verdad de Dios han sido siempre el consuelo y el sostén de los santos cuando éstos han experimentado la enemistad traicionera de los hombres. David encontró muy crueles a sus enemigos, pero halló en Yahweh un Dios lleno de gracia y compasión hacia él. I. Aquí se consuela y anima en su comunión con Dios en medio de su enfermedad, recibiendo por fe y echando mano de las promesas de Dios (vv. 1-3) y elevando su corazón en oración (v. 4). II. Presenta la animosidad de sus enemigos contra él (vv. 5-9). III. Deja su causa en las manos de Dios (vv. 10-12), y el salmo concluye así con una doxología (v. 13). ¿Está alguien afligido de alguna enfermedad? Cante el comienzo de este salmo. ¿Está alguien perseguido por algún enemigo? Cante la última parte. Versículos 1-4 I. Las promesas de Dios de socorrer y animar a los que tienen piedad de los pobres; más exactamente, de los débiles en cuanto a la salud. 1. David menciona a estas personas, aplicando el caso, ya sea (A) A sus amigos que se portaban compasivamente con él. Las provocaciones de sus enemigos y el estado mismo de su salud hacían que sus verdaderos amigos le mostrasen tanto más el afecto que le tenían. (B) También, aun cuando con menor probabilidad, podría aplicarse al propio David, quien había tenido siempre consideración con los pobres y había procurado que fuesen aliviados; y, por tanto, estaba seguro de que Dios, conforme a su promesa, había de fortalecerle y consolarle en su enfermedad. 2. En sentido más general, podríamos hacer una aplicación a nosotros mismos. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt. 5:7). La misericordia, compasión o piedad que de nosotros se espera es que tengamos consideración de los pobres o afligidos, ya sea en su cuerpo, en su mente o en su hacienda. Hemos de percatamos de su aflicción e investigar su situación, simpatizar con ellos y juzgarlos con caridad. Tales personas obtendrán bendición ya en la tierra, pues esta rama de la piedad tiene promesa de vida incluso durante el paso por este mundo y suele ser recompensada con bendiciones temporales. A los que así se diferencian de los que tienen duro el corazón, Dios los distinguirá de los que lo pasan duramente. Yahweh lo guardará y le dará vida (v. 2); es decir, le preservará del mal y le reavivará cuando haya caído en alguna enfermedad. La buena voluntad de un Dios que nos ama es suficiente para tenernos a salvo de la mala voluntad de todos los que nos odian, sean hombres o demonios; esa buena voluntad nos la podemos prometer si hemos tenido consideración de los débiles y hemos procurado alivianes. El versículo 3 explicita lo que significa el vocablo hebreo dal: Yahweh lo sustentará sobre el lecho del dolor; le sostendrá el ánimo y le aliviará la enfermedad. Y añade, dirigiéndose a Dios: Tornarás su postración (lit, estar acostado) en mejoría—, una expresión muy significativa, aludiendo al cuidado de los que alimentan a los enfermos y velan por ellos, incluso hasta hacer que el lecho les resulte menos incómodo. El lecho de postración será así lecho de mejoría. Dios no ha prometido que estarán exentos de enfermedades, ni que la enfermedad se detendrá ante las puertas de la muerte; pero sí ha prometido que les dará gracia para soportar con paciencia la aflicción y esperar con gozo el resultado. El alma podrá así estar tranquila, por medio de la gracia, mientras el cuerpo yace dolorido. II. La oración de David, instruido y animado por estas promesas (v. 4): Yo dije: Yahweh... Sana mi alma; es decir, mi persona. Pero es cierto que el pecado es la enfermedad del alma; esa enfermedad se cura con el perdón mediante la gracia vivificadora y renovadora. Habríamos de desear esta curación espiritual con mayor interés que la curación del cuerpo. Versículos
5-13 1. Sus enemigos le deseaban la muerte, pues decían unos con otros: ¿Cuándo se morirá, y perecerá su nombre? No sólo le desean la muerte, sino también que perezca su nombre, es decir, que se extinga toda su familia. Un agravio más que le hacen es la hipocresía con que le tratan (v. 6): Y si vienen a yerme, hablan mentira. Le decían que le deseaban que se mejorase, pero en su interior le deseaban la muerte. Nos quejamos, y justamente, de que no hallamos sinceridad en nuestros días y de que escasamente hallamos un amigo en quien confiar; pero parece ser que los días antiguos no eran mejores que los actuales. Entre los comentarios malignos que sus enemigos hacen está el de que la enfermedad que padece es como un castigo de Dios, pues el hebreo para lo de «enfermedad incurable» (v. 9) es «cosa de Belial»; como diciendo: Ha debido de cometer uno de los odiosos crímenes y Dios se lo hace pagar. Los que en voz alta hablaban mentira delante de él (v. 6), después se reunían afuera para murmurar (propiamente, susurrar) en voz baja contra él (v. 7). Los murmuradores y detractores se hallan, en la lista que hace Pablo (Ro. 1:29-30), entre los peores criminales. Pero había, entre sus enemigos, uno muy especial en quien había depositado toda su confianza (v. 9). Parece ser que el salmista alude aquí a Ajitófel, que había sido el principal consejero de David y algo así como su ministro de Estado, el cual comía a la mesa del rey y muy cerca de él. No obstante, este traidor alzó contra él su pie (v. 9), es decir, le puso la zancadilla, pues dio al rebelde Absalón un consejo sagaz y atinadísimo que, por la providencia de Dios, fue trastornado. Nuestro Salvador, el Hijo de David, se apropió a sí mismo este versículo (Jn. 13:18,26), ya que Ajitófel era tipo de Judas, como David lo era de Cristo. Pero, ¿qué diremos de nosotros mismos, cuando pecamos contra nuestro Dios y Padre, mientras comemos diariamente de su pan? 2. Cómo soportó David esta insolente y mala voluntad de sus enemigos contra él. No les dijo nada, sino que se volvió hacia Dios en oración (v. 10): Mas Tú, Yahweh, ten piedad de mí, ya que ellos no la tienen; hazme levantar, para que así se frustren las esperanzas de ellos. Ellos le deseaban la muerte, pero él espera que Dios le haga levantar del lecho de postración. Lo de «y les daré su merecido» es interpretado por algunos como «devolver bien por mal», según la costumbre de David (v. 7:4; 35:13), pero es más probable que, en este caso, se refiera a castigarles como se merecían, pues se oponían a que David fuese rey, yendo así contra el designio de Dios mismo. El versículo 12 significa que Dios le sustentaba por su integridad (a pesar de sus pecados, David era un pecador arrepentido), pero también es verdad que toda integridad humana es obra de Dios, pues por su gracia somos los que somos (1 Co. 15:10). Si Dios nos dejara de su mano, no sólo caeríamos, sino que ya no podríamos levantarnos. Esto tiene aplicación a la persona más santa que haya existido, exista o haya de existir. El salmo concluye con una doxología solemne, o alabanza a Dios, a Yahweh, el Dios de Israel (v. 13). Este versículo no forma, en realidad, parte del salmo, sino que fue añadido por el compilador para terminar así el Libro I de los Salmos. De manera similar concluyen los demás Libros de los Salmos. Así se nos enseña a hacer de la alabanza a Dios el Omega del que es el Alfa, el fin del que es el principio de toda obra buena.
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