Salmos 54 –Salmo de David,
cuando vinieron los zifeos a Sául
para decirle por dónde andaba David.
Oh Dios, sálvame por tu
nombre,
Y con tu poder defiéndeme.
Oh Dios, oye mi oración;
Escucha las razones de mi boca.
Porque extraños se han
levantado contra mí,
Y hombres violentos buscan mi vida;
No han puesto a Dios delante de sí. Selah
He aquí, Dios es el que me
ayuda;
El Señor está con los que sostienen mi vida.
El devolverá el mal a mis
enemigos;
Córtalos por tu verdad.
Voluntariamente sacrificaré a
ti;
Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.
Porque él me ha librado de
toda angustia,
Y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.
a
llave de este salmo pende de la puerta misma, pues el título nos dice la
ocasión en que fue redactado-cuando los habitantes de Zif, de la tribu de
Judá (tipos de Judas el traidor) traicionaron a David ante Saúl,
informando a éste del paradero de David y dándole la oportunidad de
echarle mano. Lo hicieron dos veces (1 S. 23:19; 26:1) y queda registrado
para perpetua infamia de ellos. Aquí David,
I. Se queja a Dios de la maldad de sus enemigos y pide socorro contra
ellos (vv. 1-3).
II. Se consuela con la seguridad del favor y de la protección de Dios y
con que sus enemigos quedarán confundidos, y él será libertado (vv. 4-7).
Versículos 1-3
1. El gran
apuro en que se hallaba David. Los zifeos vinieron de su propia voluntad a
informar a Saúl del paradero de David, con la promesa de entregarlo en sus
manos. Nunca puede ningún hombre hallarse a salvo mientras no haya llegado
al Cielo ¡Cuán traidores eran estos zifeos!
2. Oración de
David a fin de que Dios le socorra y proteja (vv. 1, 2). David no tiene
ninguna razón en que apoyarse sino el nombre de Dios, y ningún otro poder
en que sostenerse sino la fuerza de Dios, y de éstas dos perfecciones
divinas hace su refugio y confianza. Incluso en su huida, cuando no tenía
oportunidad para dirigirse solemne y tranquilamente a Dios, estaba
continuamente elevando su corazón a Dios (v. 2): Escucha mi oración, que
me sale del corazón, y da oídos a las palabras de mi boca (lit.).
3. Su alegato
se basa en el carácter de sus enemigos (v. 3): Eran extranjeros, es decir,
enemigos de David, pues el hebreo zarim admite éste y otros
significados. Este versículo es citado en Salmos 86:14, donde se lee zedim
= orgullosos. En todo caso, eran peores que los filisteos; y también se
nos habla de hombres violentos; ahora se refiere, sin duda, a Saúl y sus
seguidores. Saúl, como rey, debería haber usado su poder para proteger a
todos sus buenos súbditos; pero, en lugar de eso, abusaba de su poder para
destruirlos. Saúl y los suyos no se contentaban con menos que con dar
muerte a David (v. 3). No han puesto a Dios delante de sí –añade David (v.
3c)--; es decir, deberían haber tenido en cuenta que Dios castiga la
maldad y la violencia, pero se han negado a considerar la justicia y el
poder de Dios, y que, al luchar contra los buenos hijos de Dios, estaban
luchando contra el mismo Dios.
Versículos 4-7
La fe de David
en su oración.
1. Estaba
seguro de que tenía a Dios de su parte (v. 4): He aquí, Dios es el que me
ayuda. Aunque hombres y demonios se conjuren para destruirnos, no
prevalecerán mientras Dios sea el que nos ayuda; el Señor está con los que
sostienen mi vida (comp. 118:7); es probable que la frase sea un modismo
hebreo, según sugiere Arconada, para significar que el Señor (hebreo,
Adonai) era «el gran sostenedor de su alma» (lit.).
2. Al estar
seguro de que Dios estaba de su parte, no dudaba de que sus enemigos
caerían delante de Él (v. 5): «Él devolverá el mala los que me acechan. Es
decir, Dios hará que caiga sobre la cabeza de ellos el mal que traman
contra mí. » David no les va a devolver mal por mal, pero sabe que Dios lo
hará, pues Él es el vengador de los suyos; suya es la venganza. Y añade:
«Destrúyelos por tu verdad. » No es ésta una maligna imprecación, sino una
oración de fe en la fidelidad de Dios a su propio carácter de Juez Supremo
y Universal.
3. Promete dar
a Dios las gracias por todas las experiencias que había tenido de la
bondad de Dios con El (v. 6): «De todo corazón te ofreceré sacrificios;
alabaré tu nombre (mejor, daré gracias a tu nombre), oh Yahweh.» Un
corazón lleno de gratitud, y unos labios por los que rebosa al exterior
dicha gratitud, son los sacrificios que Dios acepta.
4. Habla de su
liberación como cosa hecha (v. 7): «Porque me has librado de toda
angustia, y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos» Es lo que se
llama un «pretérito profético». Teniendo en cuenta que el hebreo de la
última frase dice literalmente: Y mi ojo ha visto en mis enemigos, no hace
falta introducir el vocablo «ruina»; ni siquiera el de «derrota»; basta
con el de «fracaso» o «retirada», a la vista de 1 S. 23:27, 28, cuando
Saúl se retiró de perseguir a David simplemente porque le dieron la
noticia de que los filisteos habían hecho una irrupción en el país. Todo
lo que David deseaba era verse a salvo de la persecución de Saúl y cuando
vio que Saúl retiraba sus fuerzas, vio cumplido su deseo.