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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 59 | Ver Comentario a Salmos |
Salmos 59 -Plegaria pidiendo ayuda contra el enemigo ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo es de la misma
naturaleza y tiene el mismo objetivo que los seis o siete salmos
precedentes; todos ellos están llenos de las quejas de David acerca de la
mala voluntad de sus enemigos y de sus crueles planes contra él;
igualmente contienen las oraciones y profecías contra ellos, así como el
consuelo y la confianza que tenía en Dios como en su Dios. El primero es
el lenguaje de la naturaleza y puede ser permitido; el segundo, el del
espíritu profético, con miras a Cristo y a los enemigos de su reino, y por
tanto no ha de tomarse como precedente; el tercero es el lenguaje de la
gracia de la fe, y cada uno de nosotros debería imitarlo. En este salmo: Versículos 1-7 Saúl envió un grupo de su guardia a poner cerco a la casa de David, a fin de echarle mano y matarle (v. 1 S. 19:11). Sucedió cuando empezaron de nuevo sus hostilidades contra David, quien poco antes había escapado a duras penas de la jabalina de Saúl. Estos primeros estallidos del furor maligno de Saúl no pudieron menos de turbar a David e infundirle terror y tristeza, a pesar de lo cual conservó su comunión con Dios y su compostura de ánimo, de tal modo que nunca estuvo bajo de forma para orar y alabar a Dios. 1. Ruega David ser librado de las manos de sus enemigos (v. 1): «Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío. Tú eres mi Dios y puedes librarme; eres mi Dios, bajo cuya protección me he puesto; ponme a salvo (lit. ponme en alto) de los que se levantan contra mí ¡Líbrame! ¡Sálvame!» Ora (v. 4): «Despierta para venir a mi encuentro; es decir, para ayudarme. Toma nota de mi caso y ejercita tu compasión y tu poder para librarme.» De modo semejante se dirigieron los discípulos al Señor en medio de la tormenta, cuando le despertaron y le dijeron: Maestro, sálvanos, que perecemos. Con el mismo empeño habríamos de orar nosotros cada día para ser defendidos y librados de nuestros enemigos espirituales, de las tentaciones de Satanás y de la corrupción de nuestro corazón, todos los cuales hacen guerra a nuestra vida espiritual. 2. Suplica ser librado. Nuestro Dios nos permite que apelemos a Él, no para moverle, sino para movernos a nosotros mismos. Así lo hace David aquí. (A) Apela al mal carácter de sus enemigos (v. 2). Son obradores de iniquidad y, por tanto, no sólo enemigos suyos, sino también de Dios; son sanguinarios y, por tanto, no sólo enemigos suyos, sino de toda la humanidad. (B) Apela a la mala voluntad que tienen contra él y al inminente peligro que corría por culpa de ellos (v. 3): Están acechando mi vida, buscando una oportunidad para hacerme daño; se han juntado, se han coligado contra mí. Se dan prisa a poner por obra sus planes (v. 4): «Sin delito mío corren y se apostan, con la mayor rapidez y furia, para mi mal. » Hace notar en particular la brutal conducta de los emisarios de Saúl (v. 6): «Vuelven a la tarde (como los perros en el Oriente, al caer el día, en busca de desperdicios por las calles), para consumar su obra de iniquidad en las tinieblas, y desbarran a boca llena (v. 7). » Aquí deja a un lado la comparación con los perros, y presenta a sus enemigos borbotando palabras maliciosas, mortíferas como espadas, hasta quebrantarle los huesos (42:10), pues tienden a manchar su reputación. (C) Apela a su inocencia, no en cuanto a Dios (pues nunca dejaba de confesarse culpable ante Él), sino en cuanto a sus enemigos, pues nunca les había hecho ningún mal: «No por falta mía ni pecado mío, oh Yahweh; tú lo sabes bien» (v. 3). Y de nuevo (v. 4): «Sin delito mío.» La inocencia de los piadosos no les pone a salvo de la malignidad de los impíos. Aun cuando nuestra inocencia no nos ponga a salvo de problemas y apuros, sí que nos sostendrá y consolará grandemente bajo esos apuros. Si somos conscientes de nuestra inocencia, podemos apelar a Dios con humilde confianza y rogarle que mantenga en alto nuestra causa contra los que se oponen a nosotros. (D) Apela a que sus enemigos son mundanos y ateos, y se jactan de poder conspirar contra David y de menospreciar a Dios (v. 7): «Porque dicen: ¿Quién lo oye?» (aludiendo ciertamente a Dios. v. 10:11; 94:7). 3. Se encomienda así mismo, y encomienda su causa, al justo juicio de Dios (v. 5): «No tengas misericordia de ninguno de los pérfidos traidores. » Y, para mayor énfasis, añade un Selah. Aunque él mismo había transgredido, era un transgresor arrepentido y no había persistido obstinadamente en lo que había cometido. Por eso podía apelar a Dios de esa manera. Versículos 8-17 1. David se anima ahora, con respecto al poder amenazador de sus enemigos, con la piadosa resolución de esperar en Dios. El v. 9-nota del traductor- en su primera frase ofrece un súbito cambio de persona, pues dice literalmente: «¡Su fuerza! En ti esperaré!. » La llamada Versión Autorizada inglesa, que M. Henry usa, así como la judía, traducen: «A causa de su fuerza, te aguardaré», con lo que la traducción resulta algo forzada. Creo que es mejor traducir literalmente, como acabo de hacer. Aguardar a Dios en momentos de peligro y dificultad es una muestra de sabiduría y buen cumplimiento del deber, pues Él es nuestro refugio (lit. nuestra torre alta). David espera que Dios sea para él un Dios de amor misericordioso (v. 10): «Mi Dios me saldrá al encuentro con su misericordia (hebreo, jesed), esto es, con las bendiciones de su bondad y los dones de su misericordia, superando mi expectación. » Todos los favores que tiene Dios en reserva, los tiene reservados para nosotros y está dispuesto a conferírnoslos. Aquí hay varias cosas que David prevé y predice con respecto a sus enemigos: (A) Prevé que Dios los expondrá al ridículo, pues al ridículo se habían expuesto ellos (v. 8): « Ellos piensan que Dios no los oye (v. 7), mas tú, Yahweh, te reirás de ellos por su necedad al pensar que el que plantó el oído no puede oír, y te burlarás de todas las naciones que viven sin Dios en el mundo.» Dios hará de ellos un monumento perenne de su justicia (v. 11): «No los mates de repente, para que mi pueblo no lo olvide. » Así Caín, aunque era un asesino, no fue muerto, sino sentenciado a ser un fugitivo vagabundo. Y continúa: «¡Dispérsalos con tu poder y abátelos, para que no vuelvan a reunirse con intención de hacer el mal, oh Señor (hebreo, Adonay, no Yahweh), escudo nuestro!.» A continuación, expone el cargo contra ellos (v. 12): «Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios, y por la maldición y mentira que profieren, queden prendidos en su insolencia, esto es, en su orgullo y autosuficiencia.» Saúl y los suyos pensaban que tenían en sus manos el gobierno de todas las cosas, pero deben aprender que hay Uno más alto que ellos y es el que de veras gobierna en Jacob (v. 13b) y aun hasta los confines de la tierra, pues todas las naciones caen dentro del territorio de su reino. Su gran pecado era que iban a la caza de David para hacer presa en él; su castigo será ser reducidos a una pobreza tan extrema que irán como perros vagabundos en busca de desperdicios con los que satisfacer su hambre. (B) Predice así que se verán forzados a vagabundear en busca de alimento (vv. 14, 15). «Ladrarán como perros.» Cuando iban en busca de David, también ladraban como un perro furioso que embiste; pero ahora ladrarán como perros hambrientos que aúllan como lobos. Quienes se arrepienten sinceramente de sus pecados gimen como palomas, pero los que endurecen su corazón ladran como perros. Y si no se sacian, pasan (toda) la noche (hebreo, yalinu); se sobreentiende, buscando algo que comer; de forma que, si la gente les echa algo de comer, no es por buena voluntad, sino para quitárselos de encima. Lo que hace desdichado a un hombre no es la pobreza, sino el descontento. 2. David abriga esperanzas de alabar a
Dios, de que la providencia de Dios le concederá materia para alabarle, y de que
la gracia de Dios producirá en él un corazón dispuesto a la alabanza y la
gratitud (vv. 16, 17).
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