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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 62 | Ver Comentario al Salmo |
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." No hallamos en este salmo ningún detalle por el que podamos colegir cuándo y por qué compuso David este salmo, pero la circunstancia más apropiada sería la revuelta de Absalón. Aquí David: 1. Halla placer en profesar su confianza en Dios y su dependencia de Él (vv. 1-7).11. Anima grandemente a otros a confiar igualmente en Dios, no en criatura alguna (vv. 8-12). Versículos 1-7 1. David profesa su dependencia de Dios, y sólo de Dios, para todo bien (v. 1): «Solamente en Dios descansa (o espera en silencio) mi alma. Por muchas que sean las dificultades o los peligros que me salgan al encuentro, y aunque Dios esté enojado conmigo y sufra yo alguna decepción en las esperanzas que tengo puestas en Él, mi alma -no obstante-espera a Dios en silencio; no digo nada en contra de lo que Él hace, sino que aguardo tranquilamente lo que Él hará; yo sé que de Él viene mi salvación y, por tanto, aguardo pacientemente hasta que llegue lo que Él ha de hacer, pues su tiempo es el mejor tiempo.» 2. El fundamento y el motivo de esta dependencia (v. 2): «Solamente Él es mi roca y mi salvación; es mi torre alta» (lit.). Como diciendo: «Toda criatura es insuficiente; son nada sin Él; por tanto, miraré, por encima de ellas, hacía Él. » 3. El provecho que saca de esta confianza en Dios: « Si Dios es mi fuerza y mi poderoso libertador, no resbalaré, no vacilaré, mucho; quizá sea sacudido, pero no seré hundido» (v. 2b). En poco tiene todos los intentos de sus enemigos (vv. 3, 4): « ¿Hasta cuándo, etc.?» (vv. 3, 4). Como diciendo: « ¿Cuándo os convenceréis de vuestro error? ¿No se va a acabar nunca vuestra mala voluntad?» En el fondo de esta mala voluntad había envidia; les enojaba el que David prosperase y, por eso, intentaban obstaculizar su promoción echando mano de calumnias: Aman la mentira; con su boca bendicen (me lisonjean en mi cara), pero maldicen en su corazón. » Eran unos hipócritas. Es peligroso poner nuestra confianza en hombres tan falsos como éstos; pero Dios es fiel y David se anima a continuar esperando en Dios (vv. 5-7): « Si Dios quiere salvar mi alma, puede hacer conmigo cuanto le plazca respecto a todo lo demás y yo me conformaré con lo que Él disponga, sabiendo que todo ha de redundar en mi salvación» (v. Fil. 1:19). Repite (v. 6) lo que había dicho de Dios (v. 2), como quien tiene fijo el pensamiento en algo: «Solamente Él es mi roca y mi salvación; no resbalar.» Aquí ya no añade «mucho», porque, con esta confianza en Dios, sabe que no titubearán sus pies ni mucho ni poco. Y, de la misma forma que su fe va ganando grados, también su gozo en Dios aumenta hasta estallar en gritos de victoria (v. 7): «En Dios está mi salvación y mi gloria, etc.» Versículos 8-12 Aquí tenemos la exhortación que hace David a otros a que confíen en Dios y esperen en Él. 1. Aconseja a todos a esperar en Dios (v. 8) como lo hace él A todos se les invita a confiar en Dios, pues Él es la esperanza de todos los términos de la tierra (65:5): «Esperad en El, depended de Él, pues Él actuará a vuestro favor con su sabiduría y su bondad, su poder y su promesa, su providencia y su gracia. Hacedlo en todo tiempo y derramad delante de Él vuestro corazón. » Esta expresión parece aludir a las ofrendas de libación hechas en el santuario ante Yahweh. Cuando confesamos arrepentidos nuestros pecados, nuestro corazón es derramado como una libación ante Yahweh (v. 1 S. 7:6). Pero aquí se refiere a la oración, la cual, si es como debe ser, es como derramar el corazón ante Dios, pues ante El hemos de poner nuestros problemas y nuestros deseos, haciéndolo con humilde libertad y sometiendo pacientemente nuestra voluntad a la suya. «Dios es nuestro refugio» (v. 8b), no sólo mi refugio, como en los vv. 2,5 y 7, sino un refugio para todos cuantos acudan a El para ampararse en la sombra de sus alas. 2. Nos advierte que seamos cautos para no poner nuestra confianza donde no es debido. No confiemos en los hombres, pues son (v. 9) como soplo que se desvanece en el aire y como una mentira, pues todo su poder y riqueza son engañosos e inestables. Pesándolos a todos juntos en la balanza, serán más leves que un soplo; es decir, el platillo en el que se les ponga subirá enseguida, aún cuando en el otro platillo no haya más que un soplo. Sobre todos ellos puede escribirse: «TEKEL: Has sido pesado en balanza, y fuiste hallado falto de peso» (Dan. 5:27). No confiemos en las riquezas de este mundo, que muchas veces se ganan mediante la violencia y la rapiña; especialmente, no pongamos el corazón en ellas (v. 10); este es el mayor peligro, cuando aumentan. 3. Da una buena razón para que pongamos en Dios nuestra confianza (vv. 11, 12): « Una vez... dos veces, expresión idiomática para significar repetición, hemos oído, pues Dios lo ha dicho, y lo ha dicho de muchas maneras (por sus obras, su providencia y su palabra). A algunos Dios les habla dos veces y no le oyen ni una; pero a otros les habla una vez y le oyen dos (comp. Job. 33:14). Y ¿qué es lo que Dios ha dicho y lo hemos oído? Que de Dios es el poder; es Omnipotente, lo puede todo; con Él, todo es posible. Además, es un Dios de amor infinito. Aquí el salmista se dirige a Dios (v. 12): «Y tuya, oh Señor, es la misericordia (hebreo, jesed). » Es misericordioso de una manera especial, pues es el Padre de misericordias (2 Co. 1:3). Nunca ha hecho, ni hace ni hará ningún mal a ninguna de sus criaturas: «Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra» (v. 12b, comp. con Pr. 24:12).
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