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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 81 | Ver Comentario al Salmo 81|
Salmos 81 (RV60)- Bondad de Dios y perversidad de
Israel ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo se compuso, con la mayor probabilidad, con ocasión de la Fiesta de los Tabernáculos en el séptimo mes (Lv. 23:24; Nm.29:1). El salmo nos ayuda, I. A cantar las alabanzas de Dios por lo que Él es para su pueblo (vv. 1-3) y por lo que ha hecho por él (vv. 4-7). II. A instruirnos y exhortarnos unos a otros con respecto a los deberes que tenemos para con Dios (vv. 8-10), sobre el peligro de rebelarnos contra Él (vv. 11, 12) y la felicidad de que gozaríamos si nos mantuviésemos en estrecha comunión con Él (vv. 13-16). Versículos 1-7 Cuando el pueblo de Dios se reúne en el día de la fiesta solemne (v. 3), se les debe decir que tienen algo que hacer, pues no estamos en la iglesia para dormir ni para holgazanear. 1. Se estimula a los adoradores de Dios a que cumplan con su deber y se les enseña, con el canto de este salmo, a hacerlo con gozo y en conciencia (vv. 1-3). Hemos de ver entonces en Dios el Dios de Jacob y nuestra fuerza (v. 1). Como al Dios de nuestra fuerza hemos de orar a él y cantarle como al Dios de toda la posteridad del Jacob que luchó con Dios y prevaleció. Hemos de hacerlo con todas las expresiones de santo júbilo. Había de hacerse entonces con pandero, cítara, arpa y trompeta (vv. 2,3). Cantando a Dios en aclamación (v. 1b), en voz alta, expresamos nuestra ferviente devoción en las divinas alabanzas. Ningún tiempo está fuera de lugar para alabar a Dios, pero hay ocasiones especiales designadas, no para salir al encuentro de Dios (Él siempre está cerca de nosotros), sino para encontrarnos los unos con los otros, a fin de alabar juntos al Señor. 2. Se les instruye acerca de tal deber: «Porque estatuto es de Israel, ordenanza del Dios de Jacob» (v. 4), instituida por el Dios que rescató a todos los descendientes de Jacob de la esclavitud de Egipto. Por eso (v. 5), lo constituyó como testimonio en José, no precisamente como representante del Reino del Norte, sino de todo Israel, pues José fue constituido por su padre heredero de las promesas de bendición (Gn. 49:22-26). En el versículo 6 cambia súbitamente de persona —habla Dios: «Aparté sus hombros de debajo de la carga.» Que lo recuerden en ese día: Dios los había sacado de la casa de esclavitud, quitándoles de los hombros las pesadas cargas que los egipcios les imponían, de los cestos en que llevaban los ladrillos y otros materiales. Nuevo cambio de persona (de la tercera a la segunda) en el versículo 7: «Clamaste y te libré.» La mención del trueno es imposible que se refiera —dice Cohén— al Sinaí, ya que el versículo trata del rescate de los israelitas de Egipto. Ha de verse, pues, a la luz de 18:11 y ss. Pasa luego a mencionar la rebelión del pueblo en Meribá (v. 7c). Quizá se menciona este incidente a causa de las libaciones de agua que se ofrecían en la Fiesta de los Tabernáculos. Si en las solemnidades de los judíos se les exhortaba a recordar su rescate de Egipto, mucho más deberíamos nosotros recordar, en nuestros cultos dominicales, la gloriosa redención obrada a nuestro favor mediante el sacrificio de Cristo. Versículos 8-16 Dios, por medio del salmista, habla aquí a Israel, y también, en ellos, a nosotros. 1. Demanda diligente y seria atención a lo que va a decir: «Oye, pueblo mío, lo que te voy a decir con la mayor solemnidad (comp. Dt. 6:4), y te amonestaré, es decir, te haré una seria advertencia. No te contentes con oír de cualquier manera ¡Oh Israel, si quisieras escucharme!» 2. Les hace a la memoria la obligación que tienen para con Él por ser «Yahweh tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto» (v. 10). Este mismo es el prefacio a la promulgación del Decálogo; por eso, es un motivo poderoso para que observen los mandamientos de Dios. 3. Les da un resumen, tanto de los preceptos como de las promesas que les había dado antaño cuando salieron de Egipto. El gran mandamiento era que no habían de tener otros dioses (v. 9). La gran promesa consistía en que Yahweh era un Dios Todo suficiente, cercano a ellos (Dt. 4:7); si ellos se adherían a Él, sólo a Él, Él sería su poderoso protector y gobernador, al que siempre podrían acudir como a bienhechor amoroso y munificentísimo: «Abre tu boca y la llenaré» (v. 1Oc). Así como los jóvenes cuervos abren el pico en petición urgente de alimento y sus progenitores les llenan el buche, así también los que sirven al Dios verdadero pueden abrir la boca en oración a su Padre Celestial, seguros de que les cumplirá sus deseos legítimos y satisfará sus necesidades. 4. Les acusa de haber menospreciado la autoridad de Dios (v. 11): «Pero mi pueblo no oyó mi voz., se hizo el sordo y no me quiso obedecer.» Yahweh estaba dispuesto a ser su Dios, pero ellos no estaban dispuestos a ser su pueblo. 5. A continuación. Dios se justifica en los castigos que inflige a su pueblo (v. 12): « Los entregué, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron según sus propios consejos.» Dios a nadie fuerza a obedecerle; amonesta a todos haciéndoles ver que el pecado es destructivo, de modo que el que persevera en el pecado, va por el camino de su propia ruina (Ro. 6:23). La dureza del corazón resulta siempre un enemigo mucho más peligroso y opresor que todos los enemigos que nos puedan atacar desde fuera. Si Israel hubiese obedecido a Dios, ningún enemigo exterior habría sido capaz de oprimirles ni subyugarles (vv. 13-16). (A) Continúa Dios testificando de la buena voluntad que aún alberga hacia ellos (v. 13). Veía cuan triste era el caso de ellos, cuan segura su ruina, al ser dejados a sus propios consejos, y siente compasión de ellos, mostrando la repugnancia con que les había dejado a merced de la insensatez y dureza de sus corazones; «¡Oh, si me hubiese escuchado mi pueblo!» (v. Is. 48:18). De manera semejante se lamentó el Señor Jesús de la obstinación de Jerusalén (Le. 19-42). Las expresiones son muy emotivas, indicando cuan fuerte es el deseo de Dios de que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento (2 P. 3:9). (B) Los grandes beneficios que Dios tenía reservados para su pueblo y que les habría dispensado si ellos le hubiesen sido obedientes (v. 14): «En un momento habría yo derribado a sus enemigos.» En Dios, y sólo en Él, hay que confiar para ganar la victoria contra nuestros enemigos. Con sólo volver su mano (v. 14b), tos que odian a Yahweh se le habrían sometido (v. 15) y, a pesar de todos los intentos de los enemigos, les habría sido para siempre (lit.), ya sea la humillación de los enemigos, ya sea la prosperidad y seguridad de Israel, pues habrían dispuesto de todo lo mejor, de lo mejor del trigo, y con miel de la peña les saciaría (comp. Dt. 32:13). (C) Obsérvese que lo único que Dios requería de ellos era que le escuchasen (vv. 8, 13), como un discípulo al maestro, como un criado al amo, como un hijo a su padre, y que anduviesen en los caminos de Dios (v. 13b). La obediencia es el camino hacia la felicidad, así como el pecado es el camino hacia la desgracia y la destrucción. Nota del traductor: La última frase del versículo 5: «Oían una lengua (hebreo, sefat = lenguaje) desconocida», merece un breve comentario. El original dice literalmente: «Lenguaje (que yo) no conocía (comencé) al oír (éste es el único modo de traducir este imperfecto).» Habla, pues, el salmista como representante de Israel al tiempo de la salida de Egipto. Dice Kirkpatrick: «Comenzó (Israel) a oír al Dios a quien todavía no había aprendido a conocer como al que se revela Dios de la redención, hablándoles (a Israel) en las portentosas obras de la liberación de Egipto.» Estaría, pues, implicado aquí todo lo que leemos ya en el capítulo 3 del Éxodo: «lenguaje de Dios, desconocido para Israel». Todas las demás interpretaciones resultan absurdas u oscuras.
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