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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 98 | Ver Comentario al Salmo 98 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Continúa este salmo con el tema de los dos salmos precedentes. En la versión caldea, lleva el título de «salmo profetice». Presenta: I. La gloria del Redentor (vv. 1-3). II. El gozo de los redimidos (vv. 4-9). Versículos 1-3 Otra vez se nos invita a cantar un cántico nuevo (v. 1, comp. con 96:1), ante las maravillas obradas por Dios. No hay obra tan grande y portentosa como la de nuestra redención. Cuanto más se la conoce, más se la admira. Aquí vemos: 1. Las victorias que su diestra ha conseguido (v. 1b). Nuestro Redentor superó todas las dificultades que se oponían en el camino de nuestra redención. Por su propio poder, sin ayuda ajena, obtuvo la victoria contra los poderes de las tinieblas (Col. 2:15) y, sin ayuda ajena, triunfará de sus enemigos antes de inaugurar el reino mesiánico (Is. 63:3). 2. El descubrimiento, no sólo de su salvación, sino de su justicia, que es la que ha llevado a cabo la salvación, a las naciones (v. 2). La publicidad de su intervención a favor de sus elegidos llegó entonces a conocimiento de todos (v. Is. 52:10), y el Evangelio de la salvación debe llegar también a conocimiento de todos (Hch. 1:8; 10:36). 3. El cumplimiento de las profecías y de las promesas del Antiguo Testamento (v. 3): «Se ha acordado (hebr. Zacar) de su misericordia y de su fidelidad para con la casa de Israel.» Para ver hasta qué punto estaba este pensamiento en la mente de los judíos piadosos, basta con leer Le. 1:54, 72. No era algo que ellos mereciesen, sino un efecto de la libre y soberana misericordia de Dios. Versículos 4-9 El establecimiento del reino mesiánico es considerado aquí como motivo de gozo y alabanza. 1. Todos los hombres deben regocijarse, pues todos se benefician, o pueden beneficiarse, del establecimiento de dicho reino (vv. 4-6). Una y otra vez se les invita a que canten y vitoreen al nuevo Rey con todos los medios posibles de expresión: no sólo con la voz, sino con toda clase de instrumentos de música, y no sólo con la suave melodía del arpa y del salterio, sino también al toque marcial de trompetas y clarines, como lo requiere esta ocasión especial. 2. Se invita igualmente al resto de la creación a unirse a este regocijo de los hombres (vv. 7-9). Ya lo hemos visto en 96:11-13. Es curiosa la expresión (v. 8): «Los ríos batan las manos», descriptiva del estrépito de las olas batiendo contra el acantilado (comp. Is. 55:12). Véase de qué forma altera la venida de Cristo el sentido de tales fenómenos. El rugir y bramar de las olas y su estruendo al estrellarse contra las rocas, ya no es motivo de temor, sino señal de gozo. Es posible que el poeta latino Virgilio tuviese en cuenta esto cuando escribió su Égloga IV, señalando el nacimiento de un niño celestial del seno de una virgen, el cual restauraría la «edad de oro»:
« Una nueva raza desciende del alto cielo; Muchas otras cosas dice de este tan anhelado niño, cosas que el escritor español Luis Vives considera aplicables a Cristo; y concluye, como el salmista aquí, con la perspectiva del gozo de toda la creación: «Véase cómo esta era prometida hace que todos se regocijen.» Y, si todos se regocijan, ¿por qué no nosotros?
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