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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 99 | Ver Comentario al Salmo 99 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo, también de autor desconocido, repite el tema de los salmos 93 y 97. Es el tercero de los que empiezan con la fórmula: «Yahweh reina». Es, pues, como los otros, escatológico. I. Invitación a todos a honrar a Yahweh (vv. 1-5). II. Cómo se le honraba en el Antiguo Testamento (vv. 6-9). Versículos 1-5 Dado el carácter escatológico del salmo, es inútil sacar ninguna aplicación para el presente —nota del traductor—, excepto que estemos preparados, como «hijos de luz», para la Venida del Señor (v. 1. Ts. 5:1-9). El apóstol Juan dice expresamente (1 Jn. 5:19) que «el mundo entero yace en el poder del Maligno». Es el diablo el que reina en el mundo ahora; Cristo sólo reina en el corazón de los que le obedecen; reinará efectivamente cuando venga a gobernar con cetro de hierro (2:9); ante este anuncio, dice el salmista (v. 1) «tiemblen los pueblos» ya que, entonces Yahweh estará, desde Sión, encumbrado sobre todos los pueblos, lo cual no quiere decir que el gobierno futuro del Mesías esté circunscrito a Sión (comp. 48: 1, 2). Dice Oesterley: «Decir que "aquí está el tono del exclusivismo judío" es simplemente una mala interpretación de todo el objeto del salmo; Dios está aquí entronizado sobre todos los pueblos como Dios de Israel, no hay duda, pero también como el Dios de todos los pueblos; el tono no es de exclusivismo, sino de universalismo.» De este reino: 1. El salmista afirma dos cosas: (A) Dios preside en los asuntos religiosos (v. 1): «Está sentado sobre los querubines», para dar sus decretos mediante los oráculos que allí pronuncia. Este era el honor de Israel, que tenían entre ellos la Shekinah o presencia especial de Dios: Yahweh es grande en Sión (v. 2); allí era conocido y adorado (76:1, 2); en Sion, las perfecciones de la naturaleza divina se mostraban con mayor brillo que en cualquier otro lugar de la tierra. Por eso, se exhorta a todos a alabarle agradecidos allí donde su nombre aparece, no sólo grande, sino también temible (v. 3, comp. con 111:9). (B) Con respecto a los asuntos civiles, lo que hacía en Jacob (v. 4) sirve de pauta para todo tiempo en que Dios ejerce su gobierno: «ama la justicia y establece la rectitud». Los monarcas humanos o no aman la justicia o no tienen poder suficiente para hacer valer el derecho; por eso, si se imponen es con despotismo, pero «el Rey Divino —dice Cohén— hace que su poder sea controlado por la justicia que Él ama». El pronombre «tú» está enfático en el hebreo en la segunda frase del v. 4. El gobierno de Israel era una teocracia; también el reino mesiánico será teocrático. 1. Juntando estas dos cosas, vemos cuan grande era la dicha de Israel por encima de la de cualquier otra nación (v. 5): «Exaltad a Yahweh nuestro Dios y postraos ante el estrado de sus pies.» Tres veces (vv. 3, 5, 9) se repite que el Dios de Israel es santo. Versículos 6-9 La felicidad de Israel durante el gobierno de Dios se muestra aquí en algunos detalles de su administración, con especial referencia a los que habían sido los más útiles gobernadores del pueblo —Moisés, Aarón y Samuel—; en el caso de los dos primeros, porque con ellos había comenzado a funcionar la teocracia o gobierno de Dios; en el tercero, porque con él terminó, en gran medida, tal forma de gobierno. 1. La comunión que tales personajes tenían con Dios. Entre todas las naciones de la tierra, ninguna otra pudo producir tres hombres como éstos, los cuales tenían gran poder intercesor y a quienes Dios conocía por su nombre (Ex. 33:17). Aunque Samuel no era sacerdote, se le cuenta entre los que invocaron su nombre (v. 6b). También se les menciona por su obediencia: «Guardaban sus testimonios y el estatuto que les había dado» (v. 7b). De Moisés se dice con mucha frecuencia que hizo conforme a todo lo que Dios le había mandado. Todos ellos prevalecieron admirablemente con Dios en oración. Dios obraba milagros a petición de ellos y tenía con ellos especial trato (v. 7). 2. Los buenos oficios que desempeñaron en beneficio de Israel. Intercedieron por el pueblo y obtuvieron de Dios muchas respuestas de paz. Recuérdese especialmente la oración de Ex. 32:11-14. Moisés es incluido entre sus sacerdotes (v. 6), porque, aunque no había sido ungido como sacerdote, tenía acceso al Tabernáculo y él fue el que consagró sumo sacerdote a su hermano Aarón. En cuanto a la intercesión de Aarón, véase Nm. 17:11 y ss. Y, para ver un ejemplo de la oración de Samuel, v. 1 S. 7:8. El perdón de Dios al pueblo, en respuesta a las oraciones de estos tres grandes intercesores, se menciona en el v. 8. «Yahweh Dios nuestro, tú les respondías; fuiste para ellos un Dios perdonador.» Eso no obsta para que Dios vindicase su propia santidad aplicándoles el correctivo que necesitaban: «y vengador de sus maldades». 3. El salmista finaliza el salmo con una exhortación, parecida a la del v. 5, para que el pueblo exalte a Yahweh y se postre ante él, «porque Yahweh nuestro Dios es santo» (v. 9). Nótese el detalle de la postración reverencial, unida a la intimidad que comporta la expresión «nuestro Dios». El tener acceso libre y familiar al trono de la gracia (He. 4:16) no debe disminuir el respeto que debemos a nuestro Dios, pues es fuego consumidor (He. 12:29).
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