|
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
|
. |
|
. |
| . |
|
: |
Comentario a Salmos 107 | Ver Comentario al Salmo 107 |
____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Comentario a Salmos 107 El salmista observa aquí algunos ejemplos de la providencia de Dios a favor de los hombres en general, y especialmente en las aflicciones que sufren, pues es Dios de todos los hombres (1 Ti. 2:5). Había quienes no pertenecían a la congregación de Israel, pero eran adoradores del verdadero Dios; incluso quienes adoraban a las imágenes tenían algún conocimiento del Supremo Numen, al que, cuando se veían en apuros, alzaban la mirada por encima de todos sus falsos dioses, y de éstos se preocupaba Dios, cuando ellos oraban en sus aflicciones. I. El salmista especifica algunas de las calamidades comunes de la vida humana y muestra el socorro de Dios a los que sufren bajo ellas cuando acuden a Él en oración: 1. Exilio y dispersión (vv. 2-9). 2. Cautividad y encarcelamiento (vv. 10-16). 3. Diversas enfermedades (vv. 17-22). 4. Peligros en el mar (vv. 23-32). II. Especifica algunos sucesos concernientes a naciones y familias, en los que las personas piadosas han de ver la mano de Dios, con gozoso reconocimiento de sus bondades (vv. 33-43). Versículos 1-9 1. Llamamiento general a todos a dar gracias a Dios (v. 1, comp.con 106:1). 2. Llamada particular a los redimidos de Yahweh (comp. con Is. 62:12), la cual puede aplicarse de algún modo a los hijos de Dios que estaban dispersos, por quienes Cristo murió a fin de congregarlos en uno (Jn. 11:52). Pero aquí se trata de una liberación temporal (vv. 2, 3), llevada a cabo cuando clamaron a Yahweh (v. 6), frase que se repite como un estribillo en los vv. 13,19 y 28. (A) Estaban en un país enemigo, pero Dios los redimió de allí (v. 2). (B) Estaban dispersos como si fuesen desechados, pero Dios los congregó de todas las tierras a las que habían sido arrojados (v. 3). Dios conoce quiénes son los suyos y dónde ha de encontrarlos. (C) Eran presa del desconcierto, sin rumbo fijo ni lugar de descanso (v. 4): «Anduvieron errantes por el desierto, etc.», pero Dios los dirigió por camino derecho (v. 7), para que viniesen a ciudad habitable: por la vía rápida y a lugar donde pudiesen morar. (D) Iban a perecer de hambre (v. 5), pero Dios los sació (v. 9, comp. con Jer. 31:25). El mismo Dios que nos ha conducido por la vida nos ha provisto también hasta hoy del alimento necesario. Por todos estos favores, ellos (así como nosotros) deben corresponder con gratitud (v. 8): «Den gracias a Yahweh por su amor misericordioso, por su bondad hacia ellos, y por sus obras maravillosas para con los hijos de los hombres, para con todos. También este versículo se repite como estribillo en los vv. 15, 21 y 31. Versículos 10-16 La bondad de Dios con los cautivos. Se dice de ellos que estaban sentados (lit.) en tinieblas, lo que indica desconsuelo (comp. con Is. 42:7), pero podría tomarse también a la letra, pues los calabozos estaban en completa oscuridad; y en sombra de muerte (comp. 23:4), lo que insinúa grave peligro. Sus padecimientos eran físicos y morales (v. 10b), y todo ello era el castigo por haber transgredido la ley de Dios (v. 11), pensamiento que se repite en los vv. 17 y 34; pero el propósito, siempre amoroso, de Dios en esta aflicción, a pesar de que ellos despreciaron ese plan (v. 1 1b), era humillarles (lit.) el corazón (v. 12), es decir, llevarlos a la «contrición», para que invocasen al Señor (v. 13), pues el deber del afligido es orar (Stg. 5:13). Quienes no parecen tener tiempo para orar cuando están libres, lo tienen en abundancia cuando están en prisión; allí ven claramente la necesidad que tienen de Dios, aunque antes pensasen que podían pasarlo bien sin El. Dios los libró de la aflicción y de la prisión (vv. 13b, 14). A los que estaban atados, les rompió las ataduras; a los que estaban en hierros, les desmenuzó los cerrojos de hierro (vv. 14, 16). No se contentó con abrir las puertas, sino que las quebrantó para que no volviesen a ser encerrados (comp. con Is. 45:2). Versículos 17-22 Las enfermedades corporales son también calamidades propias de esta vida, que nos dan oportunidades de experimentar la bondad de Dios. 1. Si no tuviésemos pecado, no tendríamos enfermedad. Toda enfermedad es fruto del pecado común, y muchas enfermedades son efecto de los pecados personales. El pecador es un insensato; no sólo va contra sus intereses espirituales, sino también contra los materiales, pues daña su salud corporal mediante la intemperancia y pone en peligro su vida al dar rienda suelta a sus concupiscencias. Los que se aficionan en extremo a la comida que perece (Jn. 6:27), cuando enferman les repugna, y los manjares que antes anhelaban, ahora les dan náuseas (v. 18). Y cuando el apetito se pierde, la vida está próxima a irse: «Llegaron hasta las puertas de la muerte» (v. 18b, comp. con 9:13). Así que (v. 19), clamaron a Yahweh en su angustia (comp. Stg. 5:14). La oración es buen remedio contra la enfermedad. 2. La recuperación de la enfermedad se debe a la bondad y al poder de Dios, y a él hemos de estar agradecidos por ello. «Envió su palabra y los sanó» (v. 20). Cristo curaba muchas veces con sola su palabra. La palabra y el Espíritu curan la enfermedad espiritual, el pecado. La palabra de Dios es siempre eficaz (He. 4:12, comp. con Sal. 147:15, 18). Muchas veces, esta palabra de Dios llega por medio de un mensajero humano (v. 2 R. 20:4,5). Los que así se ven libres de la enfermedad deben dar gracias (lit.), ofrecer sacrificios de acción de gracias (lit. comp. 116:17) y publicar sus obras con júbilo (vv.21, 22). La lengua, las manos y el corazón han de contribuir a esta alabanza. Versículos 23-32 El salmista convoca ahora para dar gracias y gloria a Dios a los que han sido librados de los peligros del mar. Aunque los israelitas no se dedicaban, en general, al comercio marítimo, sí lo hacían sus vecinos los tirios y sidonios, y a ellos parece que va dirigida esta parte del salmo. Dice Arconada: «La situación es más bien fenicia por el viaje comercial por el ancho océano, las muchas aguas, en lugar del cabotaje costero. » 1. El poder de Dios se manifiesta de manera especial en el mar (vv. 23,24). De manera muy gráfica se describen las maravillas que Dios obra en los mares, no sólo por la abundancia de peces de tan variadas especies que allí habitan, sino también por las tremendas tempestades que allí se levantan (vv. 23-26). Las profundidades del v. 24 pueden aludir a lo misterioso de los abismos, al hiperbólico «descenso a los abismos» del v. 26 (comp. con Hch. 27:20; 2 Co. 11:25, 26), y a la intervención de Dios apaciguando la tempestad. 2. Especialmente gráfica es la descripción de las angustias que sufren los marineros y pasajeros de las naves. Incluso los más avezados al oficio, con aquel subir y bajar (v. 26. Se refiere a los marineros, no a las olas), se deslíen de miedo (comp. con Ex. 15:15, donde ocurre el mismo verbo hebreo), se tambalean como borrachos y se hallan «en las últimas», sin que de nada les valga su pericia (v. 27). Claman entonces a Yahweh, etc. (v. 28). Tenemos el dicho de: «El que quiera aprender a orar, que se haga a la mar», pero yo diría: «Los que hayan de hacerse a la mar, aprendan a orar.» Los que viven en comunión con Dios, tienen siempre su ayuda cuando la necesitan, de forma que cuando se hallan «en las últimas» de su vida, no se hallan «en las últimas» de su fe. En respuesta a la oración. Dios calma la tempestad (v. 29), devuelve a los marineros la alegría (al apaciguarse las olas) y los guía a puerto (v. 30). Tanto Arconada como Cohén observan que el vocablo para «puerto» recibe en asirio, y en el Talmud, el significado de «ciudad». También en lo espiritual, después de las tempestades de esta vida, nos protege y guía nuestro Padre, hasta llevarnos al deseado puerto de los cielos. Después de glorificar a Dios por el alivio providencial otorgado a personas que se hallaban en apuros, el salmista le glorifica ahora por los cambios sorprendentes que con frecuencia efectúa en la naturaleza y en los asuntos de los hombres. 1. Pone algunos ejemplos de estos cambios: (A) Cambia en secano las tierras más fértiles, y en oasis de fertilidad los desiertos (vv. 33-35). Gran parte de las comodidades de esta vida dependen del suelo, cuya fertilidad original es estropeada por el pecado (v. 34b), aunque la bondad de Dios rectifica estos malos efectos (v. 35). (B) Levanta y hace prosperar a familias necesitadas, mientras empobrece a otras que estaban en abundancia y prosperidad: Los que estaban hambrientos van a vivir en lugares fértiles. Allí se establecen y fundan ciudades (v. 36). Pero, aunque la Providencia les dé buen cobijo, ellos deben usar las manos para sembrar y plantar (v. 37). El trabajo del hombre ha de esperar la bendición de Dios, así como la bendición de Dios corona el trabajo del hombre (v. 38). Vemos, en cambio, á otros que subieron demasiado deprisa descendiendo rápidamente hasta hundirse en la nada (v. 39). Los altos son abatidos, y los bajos son enaltecidos (vv. 40, 41). Ordinariamente, Dios abate a los que se ensalzan a sí mismos y les hace andar errantes en un desierto sin camino (v. 40b), aludiendo, al parecer, a los gobernantes de las naciones invasoras (comp. con Job 12:21, 24). Esto nos enseña que no se ha de envidiar a los príncipes ni despreciar a los pobres, pues Dios tiene muchos modos de cambiar la situación de unos y otros. 2. Cambios tan sorprendentes como éstos sirven: (A) De solaz a los santos, pues ellos observan con placer estos cambios (v. 42). Gran consuelo es para toda persona buena ver cómo maneja Dios a los hombres del mismo modo que un alfarero a sus vasijas de barro, y contemplar cómo hace prosperar a los virtuosos otrora despreciados, y abatidos a los viciosos otrora envidiados (comp. con Job 22:19). (B) De silenciador a los pecadores, los cuales, al ver cómo en el pecado llevan la penitencia y cuan justamente obra Dios al quitarles los dones de los que tanto han abusado, no tienen palabras que proferir en defensa propia (v. 42b). (C) De satisfacción a los verdaderos sabios (v. 43), quienes ven en todos los asuntos de los hombres la mano de Dios (Os. 14:10). La meditación sobre el modo como obra la Providencia de Dios contribuye muchísimo a la buena formación del creyente.
Adorador : Sección Salmos |
. |
. |
|
Adorador > Sección: Salmos Copyright © 2000-2008 [ Adorador.com
] Todos los derechos reservados. |