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113 |
Salmos 113
(RV60) -Dios levanta
al pobre. Aleluya
1 Alabad, siervos de Jehová,
Alabad el nombre de Jehová.
2 Sea el nombre de Jehová bendito
Desde ahora y para siempre.
3 Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone,
Sea alabado el nombre de Jehová.
4 Excelso sobre todas las naciones es Jehová,
Sobre los cielos su gloria.
5 ¿Quién como Jehová nuestro Dios,
Que se sienta en las alturas,
6 Que se humilla a mirar
En el cielo y en la tierra?
7 El levanta del polvo al pobre,
Y al menesteroso alza del muladar,
8 Para hacerlos sentar con los príncipes,
Con los príncipes de su pueblo.
9 El hace habitar en familia a la estéril,
Que se goza en ser madre de hijos.
Aleluya.
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Comentario al Salmo
113
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.
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Este salmo es el primero de los que se cantaban en varias fiestas judías.
Dice Arconada: «Se recitaban divididos en dos partes: 113, 114 antes de
beber la segunda copa, 115-118 después de llena la cuarta, hacia el fin de
la cena". Comienza y termina con «aleluya «.Aquí: I. Se nos
urge a alabar a Dios (vv. 1-3). II Se nos da materia para alabarle
(vv. 4-9).
Versículos 1-9
1.
La invitación a glorificar a Dios se hace aquí:
(A) Con mucha insistencia (vv. 1-3): «Alabad... Alabad... Sea bendito... Sea
alabado...»
(B) Con gran extensión. Aunque la expresión «siervos de Yahweh» (v.
1) parezca referirse al pueblo de Israel, el v. 3 no deja lugar a dudas de que
el llamamiento es dirigido a todos los habitantes del orbe; y con toda razón,
pues en todo el orbe brillan las pruebas del poder, la bondad y la sabiduría de
Dios.
2.
Se nos instruye a continuación sobre los motivos de tal alabanza.
(A) La excelsitud de Dios (vv. 4, 5, comp. con 99:1-3). Frente a Dios, las
naciones le son como la gota de agua en un cubo, como menudo polvo en las
balanzas... Como nada son todas las naciones delante de Él (Is. 40:15, 17).
Su gloria, que los cielos declaran (19:1) está sobre los cielos (v.
4b), pues los cielos sólo pueden ofrecernos una pobre impresión de la
trascendente gloria de Dios.
(B) La condescendencia de Dios (vv. 6-9). Este mismo Dios que está
entronizado en lo alto (lit. que está en lo alto para habitar), como
dice el v. 5b, se humilla (v. 6. Lit. baja) a mirar. Aunque su
gloria está sobre los cielos (v. 4b), a nadie desestima (Job 36:5).
Considerando las infinitas perfecciones de Dios y su plena autosuficiencia para
ser, vivir y ser feliz, ciertamente debería llenarnos de asombro la
condescensión de Dios al bajarse a mirar, a ocuparse con amor de sus criaturas
y, sobre todo, a encarnarse en una naturaleza humana como la nuestra (Fil.
2:5-8), para buscar y salvar lo perdido (Le. 19:10). Su mirada, que todo
lo ve y lo cuida, nos enseña que este mundo no está gobernado por el curso de la
naturaleza, sino por el Dios de la naturaleza, quien se deleita en hacer cosas
que no esperábamos de Él. Él levanta del polvo (donde se sentaba en señal
de duelo; comp. Is.47:l) al pobre (hebreo, dal, el que se ha
empobrecido por enfermedades o reveses de la fortuna), y al menesteroso
(hebreo, ebyón) alza del muladar (la basura sobre la que estaba sentado
Job. V. Job 2:8), para hacerlos sentar con los príncipes (vv. 7, 8,
citados de 1 S. 2:8). Dios se fija en lo pequeño (v. Le. 1:48; 1 Co.
1:27, 28). Recuérdense, entre otros, los casos de José (de la cárcel, al
gobierno), de Gedeón (del trillo, al liderato), de Saúl (de buscar asnas, al
trono), de David (de pastorcillo, a rey), de los apóstoles (de pescadores de
peces, a pescadores de hombres), etc. En cuanto a las mujeres, casi siempre han
sido antes estériles las madres de los grandes personajes de la Biblia (v. 9,
comp. con 1 S. 2:5): Sara, Rebeca, Raquel, Ana la madre de Samuel, la madre de
Sansón, y así hasta llegar a Elizabet la madre del Bautista (Le. 1:7). En todas
ellas se fijó especialmente Dios, para quitarles el oprobio entre los
hombres (Le. 1:25).