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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 123 | Ver Comentario al Salmo 123 |Salmos 123 (RV60) -Plegaria pidiendo misericordia
1 A ti alcé mis ojos, ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." No conocemos al autor del salmo ni la ocasión en que se redactó. Lo cierto es que se compuso en tiempos de apuro, probablemente los de Nehemías, como en salmos anteriores. El salmista comienza en primera persona del singular (v. 1), pero pronto pasa al plural (vv. 2-4). I. Esperanza en el favor de Dios (vv. 1, 2). II. Petición de favor (vv. 3,4). Versículos 1-4 1. El salmista comienza con la misma frase de 121:1, pero ahora no levanta los ojos a los montes, sino al Dios que habita en los cielos, entronizado allí para dirigir y juzgar. Los cielos son aquí símbolo de poder y protección, más bien que de gloria y majestad. También el Señor Jesús levantó los ojos así (Jn. 17:1) al comenzar su gran oración sacerdotal. La comparación (v. 2) con la mirada de los esclavos y esclavas a las manos de los amos tiene un doble significado: (A) Atención constante a las órdenes de sus señores, los cuales pueden indicar su voluntad con un simple movimiento de la mano, bien conocido por la servidumbre; (B) Expectación para recibir de esas manos el alimento diario (comp. Pr. 31:15). De las dos maneras hemos de mirar a las manos de nuestro Padre: para cumplir con diligencia y prontitud su voluntad, y para esperar de Él gracia y poder. 2. A la expectación sigue la petición, ya insinuada al final del versículo 2. Ahora (versículo 3) piden repetidamente el favor (lit.) de Dios, es decir, que se compadezca de ellos, pues están hartos del menosprecio y de las burlas (v. 4, comp. con Neh. 2:19; 3:33) con que los escarnecen quienes no carecen de nada (lit. están tranquilos, sin preocupación por el pan de cada día), mientras ellos están necesitados y expuestos a los peligros. Los soberbios escarnecedores se comportaban con altivez y se jactaban de pasarlo bien, con menosprecio de los «débiles judíos» (Neh. 4:2). Estos epicuros maltrataban al pueblo de Dios, pensando que se engrandecían menospreciando a los pobres y humildes.
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