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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 125 | Ver Comentario al Salmo 125 |Salmos 125 (RV60) - Dios protege a su pueblo
1 Los que confían en Jehová son como el monte de Sion,
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo podría resumirse en aquellas palabras de Is. 3:10, 11: «Decid al justo que le irá bien... ¡Ay del impío! Mal le irá.» Kirkpatrick sugiere que «todo el capítulo 6 de Nehemías debería estudiarse en conexión con este salmo». I. Ciertamente le va bien al pueblo de Dios, pues, 1. Tienen promesa de un buen Dios de que estarán seguros (vv. 1-3); y 2. Tienen la oración de un buen hombre, que será escuchada a favor de ellos (v. 4).II Ciertamente les irá mal a los impíos, especialmente a los apóstatas (v. 5) Versículos 1-3 Hay aquí muy preciosas promesas hechas al pueblo de Dios. Veamos: 1. Las características del pueblo de Dios, al que pertenecen dichas promesas: (A) Son justos, no por su justicia propia, sino por ser la heredad que Dios ha escogido, el país de Israel (comp. con Nm. 23:10, 21); (B) Confían en Yahweh (v. 1), de quien dependen y en quien se refugian. Cuanto mayor es nuestra confianza en Dios, mayor es la esperanza que abrigamos de que vendrá en auxilio nuestro. 2. Las promesas que les hace Dios: (A) Que disfrutarán de seguridad inamovible, como el Monte de Sión, que para los residentes en Jerusalén era símbolo de permanencia. (B) Que esa seguridad se deberá al cuidado y a la protección de Dios, tipificada en las montañas que rodeaban a Jerusalén (v. 2); (C) Que no permitirá que los avasalle el cetro de impiedad (v. 3. Lit.), es decir, la dominación extranjera caracterizada por la injusticia, «para que no extiendan los justos (los israelitas) sus manos a la iniquidad» (v. 3b); es decir, para impedir que los israelitas, tras continuar por largo tiempo bajo el dominio de gobernantes extranjeros, sean tentados a adoptar las costumbres de éstos y abandonar su religión de tantos siglos. En esta tentación, Dios les dará una vía de escape (1 Co. 10:13). Versículos 4-5 Oración del salmista para que Dios dé bienes a los buenos (v. 4), es decir, muestre su favor hacia ellos garantizándoles la seguridad y la independencia que necesitan. Añade: «y a los rectos de corazón» (v. 4b). Esto ya dice más que el vocablo «justos» del v. 3. Se contraponen así a los que se desvían (v. 5), es decir, «a los renegados que abandonan el camino recto del deber a su Dios y a su patria», como dice Kirkpatrick. De estos dice el salmista que Yahweh los hará ir (o, los haga ir) con los que hacen iniquidad (v. 5), esto es, les hará correr la misma suerte de los opresores del v. 3, es decir, la condenación. La frase final: «¡Paz sobre Israel!» es una breve plegaria, en la que culmina la oración del salmista (comp. con 122:6 y ss.). Dice Delitzsch: «La paz es el final de la tiranía, de la hostilidad, de la división, de la intranquilidad, de la alarma; la paz es libertad, armonía, seguridad y bendición».
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