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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Salmos 126
(RV60)
- Oración por la restauración
1 Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Corre por este salmo un sentimiento de frustración. Parece referirse el salmista a la expectación suscitada por el edicto de Ciro, que se ha convertido en desilusión ante el pequeño número de los que vuelven del destierro. No se conoce el autor. Dice M. Henry —nota del traductor—: «Probablemente fue redactado por Esdras o alguno de los profetas que llegaron con los primeros.» I. Se exhorta a los que han vuelto de la cautividad a que sean agradecidos (vv. 1 -3). II. Se ora por los que todavía quedan en cautividad (v. 4) y se les da ánimos (vv. 5, 6). Versículos 1-3 Cuando los israelitas estaban cautivos en Babilonia, sus arpas colgaban de los sauces, pero ahora que Yahweh ha cambiado la suerte (lit. ha vuelto la vuelta) de Sión (v. 1), vuelven a tomar sus arpas. La Providencia toca para ellos, y bailan. El deseo prolongado del favor de Dios endulza grandemente su regreso. Les parece un sueño (v. 1b), algo irreal, extraordinario, no esperado. Ciro, por razones de estado, proclamó libertad a los cautivos de Dios, pero fue Yahweh quien hizo grandes cosas con ellos (vv. 2, 3). Están alegres (v. 3b); más aún, su boca está llena de risa (comp. con Job 8:21), y su lengua está llena de cánticos (lit.) de alabanza a Dios por la salvación que ha llevado a cabo para ellos. Toma nota el salmista de la impresión que este suceso produjo entre las naciones (v. 2c): «Yahweh, el Dios de Israel, ha hecho grandes cosas con éstos» (v. 2d), afirmación que los propios israelitas repiten (v. 3). Los gentiles eran espectadores y hablaban de ello como se habla de las noticias de última hora, pues no tomaban parte en el asunto; pero el pueblo de Dios hablaba como actores que participan en él. Así de consolador resulta para nosotros hablar de la redención que Cristo llevó a cabo por nosotros, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gá. 2:20). Versículos 4-6 Estos versículos miran hacia delante, a los favores que todavía necesitaban. Los que habían vuelto del cautiverio estaban todavía en apuros, en su propio país (Neh. 1:3), y quedaban aún muchos en Babilonia: «Restaura nuestra suerte (lit. vuelve nuestra cautividad)», dicen (v. 4). Como diciendo: «Haz que quienes han regresado a su país se vean libres de las cargas que todavía pesan sobre ellos, y haz que quienes quedan aún en Babilonia se sientan estimulados, como nosotros, a aprovecharse del beneficio de la libertad que se nos ha concedido.» Los favores primeros nos animan a orar para que se complete la obra comenzada. Todos los hijos de Dios deben consolarse con esta confianza: Que sus lágrimas terminarán ciertamente en una cosecha de gozo (vv. 5, 6). El llanto no ha de impedir la siembra; hemos de esmerarnos en obrar bien, incluso cuando lo estamos pasando mal. Así como el terreno es preparado por la lluvia para recibir la semilla, así se prepara muchas veces el alma por medio de lágrimas para recibir bendiciones. Hay lágrimas que son semillas que nosotros mismos debemos sembrar: Las lágrimas de dolor por el pecado, propio y ajeno; las lágrimas de simpatía por los hermanos que están afligidos o perseguidos; las de ternura en la oración y en la meditación de la palabra de Dios. Job, José, David, y muchos otros, tuvieron cosecha de gozo tras la siembra de lágrimas. Quienes siembran con lágrimas de santa contrición, cosecharán con el gozo de un perdón completo y de una paz asegurada.
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