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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Salmos 128
(RV60) -La bienaventuranza del que teme a Jehová
1 Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo podría titularse: La dicha de los que temen a Dios. Los que así obran, en general, serán bendecidos (vv. 1, 2, 4). En particular: I. Prosperarán y tendrán éxito en sus trabajos y negocios (v. 2). II. Sus familiares contribuirán a la dicha y la prosperidad de la casa (v. 3). III. Vivirán para ver el crecimiento de la familia (v. 6). IV. Tendrán la satisfacción de ver la prosperidad de Jerusalén (vv. 5, 6). Versículos 1-6 La piedad tiene promesa para la vida actual y para la venidera (v. 1 Ti. 4:8). Dondequiera reina el temor de Dios, hay bendición (v. 1). Hay suficiente para comer y, cualesquiera sean las circunstancias, prósperas o adversas, puede decirse que todo va bien (v. 2, comp. con Ro. 8:28). La promesa, pues, es doble: 1. Que tendrán quehacer (una vida perezosa o en desempleo es algo miserable), capacidad para llevarlo a cabo, y fruto suficiente, de forma que no tengan que depender de otros para su sustento. 2. Que tendrán éxito en sus negocios. La mujer y los hijos, que dependen ordinariamente del trabajo del padre de familia, contribuirán al bienestar y a la prosperidad de la familia (comp. con Pr. 31:10 y ss.). En el v. 3, la imagen de la vid simboliza el fruto del vientre: los numerosos hijos como racimos abundantes; la imagen de los renuevos de olivo simboliza la juventud y el vigor de los hijos, congregados en tomo a la mesa. La mujer, como la viña, es una planta tierna que exige cuidados, pero rinde frutos. Los hijos en torno a la mesa son una bendición y reciben bendición de la compañía y buenas conversaciones de unos padres temerosos de Dios. No va bien una casa en la que los hijos anhelan estar fuera, lejos del hogar. La frase (v. 3) «en la intimidad de tu casa» significa que, en los países orientales, la habitación de las mujeres estaba siempre alejada, lo más posible, de la entrada de la casa. Ver los hijos de los hijos (v. 6), cuando son buenos, es la corona de los viejos (Pr. 17:6), pues los abuelos suelen tener extraordinario afecto a sus nietos. Finalmente, ver la prosperidad de Jerusalén (v. 5b) es un deseo común a todo buen israelita, cuyo bienestar estaba ligado al de la ciudad santa.
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