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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Salmos 138
(RV60)
-Acción de gracias por el favor de Jehová
1 Te alabaré con todo mi corazón; ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo lleva el título de «Salmo de David». Los LXX añadieron: «y de Hageo y de Zacarías», lo que, como dice Arconada, «desvirtúa su origen davídico». Cohén resuelve la dificultad haciendo notar que fue «quizás originalmente un salmo davídico, y fue reeditado para el uso litúrgico después de la Restauración». El salmista: I. Mira hacia atrás con agradecimiento por las experiencias que había tenido de la bondad de Dios hacia él (vv. 1-3). II. Mira hacia delante esperanzado: 1. De que otras personas alabarán a Dios como él (vv. 4, 5). 2. De que Dios continuará dispensándole sus favores (vv. 6-8).Versículos 1-5 1. El salmista alaba a Dios con sinceridad y fervor (v. 1): «Te daré gracias (lit.) con todo mi corazón.» La frase siguiente: «Delante de los dioses te cantaré salmos» suena extraña y se ha interpretado de muchas maneras. Teniendo en cuenta que nos hallamos en el templo, no cabe interpretarlo como «jueces»; la Septuaginta traduce «ángeles». Arco-nada propone la alternativa de «magistrados religiosos», es decir, los sacerdotes. El doctor Cohén prefiere retener el sentido literal de «dioses», a la vista del v. 4, añadiendo que «Los reyes de la tierra tienen varias deidades a las que rinden homenaje. Él (el salmista) les reta enalteciendo al verdadero Dios en su propia casa, dando testimonio de su poder frente a la impotencia de ellas» (las deidades). «Hacia tu santo templo» (v. 2) indica la postura de todo israelita orante: mirando hacia el templo de Jerusalén. También nosotros debemos elevar los ojos a los Cielos, cuando oramos a nuestro Padre, pues allí está su presencia de una manera especial. 2.
El salmista, después de dar gracias (lit.) a Dios por lo que Él es en sí y para
otros (v. 2), profesa su gratitud, en particular, por haberle respondido y
animado. El binomio «misericordia y verdad» es bien conocido,
especialmente en el Salterio (25:10; 57:3; 61:7, etc.). «Has engrandecido tu
nombre», continúa diciendo, es decir, las perfecciones divinas (amor y
fidelidad) que resplandecen en su «palabra», esto es, en su promesa,
puesto que responde cuando se le invoca (v. 3) y, con esa respuesta a la
oración, fortalece el vigor del alma. Comenta Cohén: 3. David era rey y, por eso, quizás esperaba que otros reyes allí presentes (v. 4) habrían de abrazar la verdadera religión al oír los oráculos de Yahweh, las promesas hechas a su pueblo y cumplidas con divina fidelidad. Esto podría referirse a reyes circunvecinos como Hiram y otros. Cuando visitaron a David y, después de su muerte, a Salomón (v. 2 Cr. 9:23), no tuvieron empacho en adorar al Dios de Israel. Podría aplicarse proféticamente al Mesías (v. 72:11), en su reino futuro, ya que entonces «todos los reyes de la tierra se postrarán ante Él». Es entonces « cuando verdaderamente (v. 5) «cantarán acerca de los caminos de Yahweh», es decir, de los modos maravillosos con que su Providencia dirige los acontecimientos de los hombres (comp. con 103:7). Versículos 6-8 David se consuela aquí con tres cosas: 1. El favor que Dios dispensa a los humildes (concepto explanado en 113:4 y ss.), mientras trata a distancia, como quien los quiere ver lejos de si (comp. con Mt. 25:41), a los altivos (v. 6), pues no tienen comunión con Él; los conoce bien, pero no los reconoce por suyos (comp. con Mt. 7:23; 25:12). 2. El interés y la protección que da a los suyos cuando están en apuros (v. 7): los reanima o vivifica, extiende su mano para inutilizar las armas que los enemigos, en su furor, emplean contra ellos, y los salva con su diestra (comp. con 17:7). 3. La obra perfecta de Dios (v. 8), quien siempre completa, lleva a feliz término, lo que ha emprendido. Todo buen hijo de Dios tiene interés en su deber hacia Dios y en su felicidad en Dios, para que el primero sea fielmente cumplido y la segunda efectivamente asegurada; y si estas dos cosas las llevamos de veras en el corazón, es buena obra la que ha comenzado en nosotros, y el que la comenzó, la perfeccionará (Fil. 1:6). Nuestra esperanza de perseverar ha de estar fundada, no en nuestra fuerza, la cual puede fracasar, sino en la gracia de Dios, que no puede fracasar: Tu misericordia, Yahweh, es para siempre. Y concluye haciendo oración de su expectación: «No desampares la obra de tus manos.» Como diciendo: «Soy hechura tuya; no retires de mí tu actividad y tu favor hasta que hayas dado cima a la obra que en mí comenzaste».
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