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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Salmos 139
(RV60) -Omnipresencia y omnisciencia de Dios
1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este magnífico salmo, sin par en los temas de la omnisciencia, la omnipresencia y la omnieficiencia de Dios, lleva el título de «Salmo de David», pero aun Delitzsch, exegeta conservador, concluye que «fue compuesto conforme a un modelo davídico, con resonancias de salmos como el 19 y otros salmos didácticos davídicos». Las ideas, sin embargo, y el lenguaje mismo, son de tono aramaico, por lo que es más que probable que fue compuesto después del exilio. Se divide en cuatro partes, como suele indicarse en nuestras versiones: I. Omnisciencia de Dios (vv. 1-6). II. Omnipresencia de Dios (vv. 7-12). III. Omnipotencia de Dios (vv. 13-16). IV. El salmista prorrumpe a continuación: 1. En expresiones de admiración de Dios (vv. 17, 18). 2. De indignación contra los impíos (vv. 19-22). 3. De confesión de su propia integridad (vv. 23, 24). Versículos 1-6 El Dios con quien nos las habemos tiene un perfecto conocimiento de nosotros, y todos nuestros actos, tanto interiores como exteriores, están abiertos, patentes, en su presencia. 1. El salmista expone esta doctrina con respecto a sí mismo (v. 1): «Oh Yahweh, tú me has escrutado y (me) conoces» (lit.), especialmente el corazón (v. 23, comp. con Jer. 17:10). El corazón de los reyes es inescrutable para sus súbditos (Pr. 25:3), pero no para Dios. 2. Desciende luego a detalles particulares: (A) «Tú (explícito en el hebreo, como diciendo: "Sólo tú...") conoces mi sentarme y mi levantarme» (v. 2), es decir, todas las actividades de la vida diaria (Ver Dt. 6:7). El vocablo para «pensamiento», aquí como en el v. 17, es arameo, no hebreo, e indica inclinación o deseo. (B). «Escudriñas mi andar y mi reposo» (v. 3), lo cual es otra manera de expresar todas las actividades de la vida diaria. (C) De tal manera conoce Dios todos nuestros caminos que le son familiares nuestros pensamientos aun antes de expresarlos en palabras (v. 4), aunque también podría significar, según Cohén, que «Dios conoce la intención que hay detrás de una palabra, cuando es usada para ocultar el pensamiento». (D) El sentido del v. 5 es que Dios le tiene cercado como cuando se pone sitio a una ciudad de forma que no hay escape posible. Este cerco se ha estrechado hasta lo sumo, pues Dios tiene puesta su mano sobre él, es decir, ya no puede desasirse de Dios. Este conocimiento tan exhaustivo (v. 6) le resulta al salmista demasiado alto, como una fortaleza inaccesible e inexpugnable. Versículos 7-12 ¿Podrá el salmista escapar al escrutinio de Dios alejándose de su presencia? ¡No, por cierto! (v. 7). Puesto que: 1. A cualquier lugar que nos volvamos, allí está Dios (vv. 7-10). (A) «Si subo a los cielos, allí estás tú» (v. 8, comp. con Am. 9:2-4). «Y si del Seol hago mi lecho (lit., comp. con Job 26:6), he aquí (dice con admiración), allí estás tú». (B) Después de los extremos en vertical, los extremos en horizontal (vv. 9, 10): «Si tomara las alas del alba y emigrara hasta el confín del mar, es decir, hasta donde las alas del alba pueden conducir, aun allí me alcanzaría tu mano, etc., en todo lugar me hallaría bajo tu poder y tu control, como agarrado por tu diestra». Comenta Witton Davies: «Para los antiguos (semitas, griegos, romanos, etc.), la diosa de la aurora tenía alas con las que se alzaba del océano oriental y, en el curso del día, cubría todo el firmamento. El salmista hace uso de esta imaginería, sin comprometer en lo mínimo su monoteísmo». Una imagen semejante aparece en Mal. 4:2. 2. No hay velo que pueda ocultamos de la vista de Dios (vv. 11-12). «Sí dijese: Al menos las tinieblas me cubrirán, etc.», me engañaría miserablemente, pues las cortinas de la noche no pueden defenderme más que las alas del alba. Para el Dios que es luz (1 Jn. 1:5), no hay oscuridad impenetrable a su mirada. Y, así como no hay tinieblas que encubran de Él (v. 12), tampoco hay máscara de hipocresía, por muy elaborado que sea el disimulo, que sea impermeable al escrutinio de Dios. ¿Quién intentará mentirle a Dios? Versículos 13-16 ¿Cómo no nos va a conocer perfectamente el que nos ha formado? El salmista pasa aquí a contemplarse a sí mismo como una maravilla salida de las manos de Dios, con lo que declara la omnipotencia divina. El que ha fabricado la máquina, conoce bien cómo funciona (v. 13): «Tú (enfático aquí, como en el v. 2) creaste mis riñones» (lit., como en 7:9, última palabra). Los «riñones» representan en la Biblia la sede íntima de lo afectivo-emotivo, así como de los impulsos instintivos: lo que le pasa desapercibido a la propia persona. El verbo que hemos vertido por «creaste» —nota del traductor— es efectivamente el mismo que aparece en Gn. 14:19 y Dt. 32:6. El salmista, a pesar de sus rudimentarios conocimientos de anatomía, queda asombrado. El v. 14 es difícil de traducir. Dice textualmente: «Te daré gracias porque temibles cosas fui hecho prodigio (es decir, fui hecho formidable y prodigiosamente); prodigiosas (son) tus obras, y mi alma (es decir, yo) conoce (eso) muy bien». En el v. 15, «huesos» designa la contextura general de la persona, bajo la imagen de la parte más resistente del cuerpo: el esqueleto. «Lo más profundo de la tierra» es una descripción poética del vientre materno (comp. con v. 13b). El v. 16b asegura que los ojos de Dios no sólo veían «la sustancia informe» (lit.), es decir, el embrión, del salmista, sino también todos los días, es decir, todas sus acciones futuras, que estaban escritas en el registro de Dios. La última frase del versículo dice, según está escrita: «y no (existía) ninguno de ellos» (de los días). Pero el alef del vocablo hebreo lo lleva un circulito encima, por lo que (según afirma el doctor Cohén) debe leerse como si fuera vau, con lo que significa: «y para él (había) uno de ellos»; esto es, entre los días registrados en el libro de Dios había uno para el día en que el embrión había de ser dado a luz. Versículos 17-24 Aquí el salmista hace aplicación de la doctrina de la omnisciencia de Dios: 1. Reconoce, con asombro y gratitud, el interés que Dios ha puesto en él (vv. 17, 18). Dios pensaba en él con pensamientos de amor. La Providencia ha previsto y provisto todas las circunstancias en que nos habíamos de hallar y ha ordenado las cosas para nuestro bien. No podemos alcanzar a comprender las compasiones (lit.) de Dios hacia nosotros, pues son nuevas cada mañana (Lam. 3:22,23). El salmista se ve incapaz de contar las sumas (lit.), es decir, el número enorme de los planes amorosos de Dios hacia él (v. 17b). Aunque estuviese todo el día y toda’ la noche ocupado en la tarea de enumerarlos, todavía estaría con Dios al despertarse, enumerándolos, sin poder terminar la tarea. 2. Concluye de esta doctrina que los pecadores acabarán en la ruina, pues Dios conoce toda la maldad de los impíos y, por tanto, les pedirá cuentas de sus actos. Tendrán un severo castigo, pues además de ser violentos («sanguinarios»), son blasfemos y rebeldes, desafiantes: «Hablan de ti engañosamente... se rebelan contra ti» (v. 20). El salmista se identifica con la causa de Dios: Los enemigos de Dios son sus enemigos (vv. 21, 22): «Señor, tú conoces el corazón y puedes dar testimonio de lo que siento en el mío. ¿No odio a los que te aborrecen? Los odio porque te amo a ti y me repugna ver tales indignidades hechas a tu santo nombre.» En su odio contra el pecado y contra el daño que los malvados hacen, desea que Dios los mate (v. 19, comp. con 104:35). 3. Termina el salmo apelando a su sinceridad ante Dios (vv. 23,24). El odio que siente hacia los malvados le induce a rogar a Dios que le escudriñe el corazón y, si halla en él alguna desviación, desconocida para el propio salmista, del buen camino, que se la haga saber y le guíe por el camino eterno. En este estadio de la revelación, no puede suponerse que el salmista se refiera a la eternidad de ultratumba, sino que pide a Dios que le guíe por el camino recto que conduce a una vida prolongada, en contraste con el mal camino de los impíos, el cual lleva a la perdición (comp. con 1:6).
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