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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 147 | Ver Comentario al Salmo 147 |Salmos 147 (RV60) Alabanza por el favor de Dios hacia Jerusalén
1 Alabad a JAH, ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Otro salmo de alabanza. El salmista aduce cuatro razones para alabar a Dios. I. Su interés por Israel (vv. 1-3). II. Su gran poder, que se muestra en la abundante provisión para el sostenimiento de sus criaturas (vv. 4-14), así como: III. En el dominio que ejerce sobre las fuerzas de la naturaleza (vv. 15-18). IV. Su revelación a Israel (vv. 19, 20). Versículos 1-11 1. Vemos primero la exhortación que se nos hace a cumplir con el deber de alabar a Dios. Como en el salmo que precede y en los que le siguen, el salmo comienza con un Aleluya y así debería figurar en todas las versiones. La conjunción ki, que le sigue, se traduciría mejor por «Ciertamente», como sugiere Cohén. La 2.a parte del v. 1 da la razón general por la que es bueno el canto (con arpa, salterio, etc.) a nuestro Dios: «Porque es agradable, hermosa, la alabanza» (lit.). 2. A continuación, el salmista da una razón más específica para esta alabanza: «Yahweh reedifica a Jerusalén y recoge a los dispersos de Israel» (v. 2), donde hallamos un eco de Is. 56:8. Apunta, pues, en primer término, a la obra de restauración que se llevó a cabo en tiempo de Nehemías, aunque es fácil adivinar una «recogida» futura más extensa (Jn. 11:52). Estos «dispersos» son llamados (v. 3) «quebrantados de corazón», que cuadra bien con el tono del Salmo 137, y es reminiscencia deis. 61:1. 3. De ahí pasa a ensalzar el poder de Dios (v. 4): «Cuenta el número de las estrellas, cosa que sólo El puede hacer (Gn. 15:5), v las llama a todas por su nombre» (comp. con Is. 40:26), para que se presenten ante Él a cumplir el servicio que les ordene. No es de extrañar, pues (v. 5), además de su poder, también es sin número su discernimiento (lit.), frase similar a la última de Is. 40:28. 4. Su poder brilla también en su bondad con los humildes, así como en su justicia con los altivos (v. 6, comp. con 146:8, 9). 5. Tras una nueva invitación a la alabanza (v. 7), semejante a la de 98:5, el salmista, con típica mentalidad hebrea, atribuye a Dios, en vez de a las diversas deidades paganas, el funcionamiento de toda la naturaleza (vv. 8,9), para sustento, no sólo del hombre, sino también de las bestias, entre las que destaca a los hijos de los cuervos, esto es, a los cuervos jóvenes. La razón por la que tan repetidamente se mencionan los cuervos en la Biblia es precisamente por la dificultad con que tales aves hallan su sustento, pero ¡también para ellas dispone Dios alimento! 6. Los dos últimos versículos de esta sección (10, 11) tienen por objeto mostrar que con Dios no prevalece el que presume de contar con buenos caballos de guerra o con piernas fuertes y ágiles (comp. con 33:16, 17), sino el que teme a Yahweh y en Él espera, pues ese es el criterio de Yahweh para vencer las batallas de Dios: «No con la fuerza, ni con el poder, sino sólo con mi Espíritu, dice Yahweh de las huestes» (Zac. 4:6b). Versículos 12-20 1. Especial llamamiento a Jerusalén para alabar a Dios (v. 12), porque: (A) Él es quien da fuerzas a los cerrojos de sus puertas (v. 13). Estas puertas tenían buenos cerrojos; pero de nada les habrían servido si Dios no hubiese defendido la ciudad contra los ataques de los enemigos. (B) Él es el que bendijo a los hijos de Sión (v. 13b), es decir, el que aumentó el número de habitantes de la ciudad, con lo que añadió una nueva fuerza a los cerrojos. (C) El es el que pone paz en las fronteras (v. 14), en los límites (lit. designa tu frontera paz), impidiendo las contiendas y escaramuzas que los enemigos tramaban contra la ciudad. (D) «Te hace saciar con lo mejor del trigo» (v. 14b). Canaán abundaba en trigo del mejor (Dt. 32:14) y lo exportaba a otros países, según se desprende de Ez. 27:17. 2. Siguen otros efectos del poder y de la bondad de Dios, los cuales, aunque de carácter general, tenían aplicación especial a Israel: (A) La mención de la nieve (v. 16, comp. con Job 37:6) ha hecho pensar a ciertos comentaristas que este salmo se compuso después de un invierno excepcionalmente severo, puesto que las nevadas son poco corrientes en Palestina. (B) Tras la mención de la nieve y la escarcha, el salmista menciona otros fenómenos de la naturaleza (hielo, frío, viento), citados también en Job (p. ej., Job 37:9, 10; 38:22, 23), así como en otras partes del Salterio (p. ej., 137:7), y que contribuyen al equilibrio de la naturaleza y al consiguiente sustento de hombres y animales. 3. Pero, entre todos los beneficios de Dios a Israel, destaca la declaración de su palabra a Jacob (paralelismo con «Israel» del segundo estico), con la que ha dado a conocer claramente su voluntad, cosa que no hizo con ninguna otra nación (vv. 19, 20). Comenta Maclaren: «El salmista no se regocija porque otras naciones no hayan recibido estas cosas, sino porque Israel las ha recibido. Su privilegio es su responsabilidad. Las ha recibido para obedecerlas y, después, para darlas a conocer.» Diga, pues, Israel (y nosotros también): ¡Aleluya!
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