|
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
|
. |
|
. |
| . |
|
: |
Comentario a Salmos 148 | Ver Comentario al Salmo 148 |
Salmos 148
(RV60) -Exhortación a la creación, para que alabe a Jehová ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este salmo es un llamamiento solemnísimo y urgentísimo a todas las criaturas, según su respectiva capacidad, a alabar a su Creador. I. El salmista convoca a las criaturas del mundo superior a cumplir con este deber (vv. 1-6). II. Convoca después a las criaturas de este mundo inferior, para que alaben también al Creador (vv. 7-13). III. Exhorta especialmente al pueblo escogido de Dios, quienes tienen más y mayores motivos para alabar a Dios (v. 14). Versículos 1-6 1. En este mundo nuestro de pecado y toda clase de males, es difícil hacerse idea de lo que es el mundo de arriba, lleno de santidad, de luz y de bienes completos y eternos. Pero sí sabemos que hay millones y millones de ángeles que alaban constantemente a Dios. En estas huestes de ángeles tiene puesta el salmista su mirada (vv. 1, 2) cuando habla de los cielos y de las alturas (comp. con 103:20, 21). Los cielos son alturas; por eso, hemos de poner nuestra mira y nuestros afectos arriba (Col. 3:1-3). Cuando, al cantar este salmo, invitamos a los ángeles a alabar a Dios, damos a entender que deseamos que Dios sea alabado por las mejores lenguas y servido por las mejores manos, y que tenemos comunión espiritual con los que moran en esa casa de arriba, que nos hemos acercado a la asamblea festiva de infinidades de ángeles (He. 12:22). 2. Además de la asamblea festiva de infinidades de seres espirituales, hay también huestes innumerables de cuerpos celestes, muchos de ellos muy brillantes, en los que resplandece objetivamente la alabanza al Creador: El sol, la luna y las estrellas (vv. 3,4) se nos presentan día y noche como unos espejos, en los que podemos vislumbrar, aunque pobremente, la gloria del que es Padre de las luminarias (Stg. 1:17). Los cielos son de Yahweh (115:16) y ni aun los cielos de los cielos le pueden contener (IR. 8:27). Para entender el v. 4b, véase Gn. 1:7; Sal. 104:3. Dios creó esos cuerpos celestes, los estableció en sus lugares y órbitas v les puso ley inviolablemente observada (vv. 5,6). Hace notar Cohén que las «leyes de la Naturaleza» del científico eran para el salmista ordenanzas de Dios. Versículos 7-14 1. Pasa luego el salmista a invitar a las criaturas de este mundo a que alaben a Dios, y comienza por las criaturas irracionales (vv. 7-10). Son convocados primero los monstruos marinos, los grandes cetáceos (Gn. 1:21) y los abismos, las aguas profundas donde moran (comp. con 104:25, 26). También los fenómenos atmosféricos (v. 8), en los que resplandece de modo especial el poder de Dios, han de alabarle (v. 18:11-15). Son fenómenos, con frecuencia, aterradores; sin embargo, obedecen al Creador, ejecutan su palabra. Están luego /os montes, los árboles y los animales de toda especie (vv. 9,10). La sabiduría, el poder y la bondad de Dios se manifiestan espléndidamente en la variedad y hermosura de tantas especies en los reinos vegetal y animal, en las diversas capacidades y curiosos instintos de tales criaturas, en la abundante provisión que Dios les concede y en el uso que de ellas hace, tanto para el equilibrio de la ecología como para el servicio del hombre. 2. Siguiendo la secuencia de Gn. 1, el salmista llega ahora (vv. 11-13) a las criaturas dotadas de razón, empezando por /os reyes, pues cuanto más alto es el rango, tanto mayor es el deber de unirse al concierto de alabanzas. Nótense los cuatro grupos del v. 12, donde Maclaren ve «La fuerte voz de barítono (o, bajo) del joven, la voz de soprano de la doncella, el trémolo del anciano y la fresca voz de tiple del niño, mezclándose en el cántico». Toda clase de personas han de alabar a Dios, no sólo con la boca, sino también con sus diversos talentos y habilidades, puestos a su servicio y para la extensión de su reino. Quienes están en puestos de mando y honor, han de honrar y alabar a Dios desde el puesto en que el Señor les ha colocado, pero también las llamadas «masas» han de alabarle, pues Cristo no menospreció los hosannas de la multitud. «Su gloria es sobre tierra y cielos» (v. 13c). Por tanto, por mucho que le alabemos, nunca pasaremos el límite. 3. Finalmente, el salmista exhorta al pueblo de Dios, a sus santos, tos hijos de Israel (v. 14) a alabar a Yahweh. Ellos son el pueblo a Él cercano (Dt. 4:7, comp. con Ef. 2:17), como lo demostró al acudir a rescatarles de la esclavitud de Egipto, y al hacer de ellos un reino de sacerdotes y una ración santa (Ex. 19:6, comp. con 1 P. 2:9). Esta bendición se extendió después a los gentiles, pues los que estábamos lejos, hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Ef. 2:13).
Adorador : Sección Salmos > Salmo 148 |
. |
. |
|
Adorador > Sección: Salmos Copyright © 2000-2008 [ Adorador.com
] Todos los derechos reservados. |